Desde la Península de la Amistad: No hay transformación sin conciencia
En mi reflexión de la semana, comienzo por decir, una frase que encierra una profunda enseñanza del psiquiatra, psicólogo suizo, Carl Jung, la misma dice, así: «Sin conciencia, no vas a cambiar y vas a seguir igual para siempre». Tremenda realidad, ¿Verdad qué sí? Porque no hay transformación sin conciencia. Ciertamente, no podemos cambiar lo que no vemos, jamás entenderemos un problema oculto, todos sabemos, que para darle solución a un problema, lo primero que tenemos que hacer es identicarlo, y la clave para ver el error, es haciéndonos una introspección sincera y así, poder crecer, y encontrar el camino para mejorar y aprender.
Así que, sin más preámbulo,
NO HAY TRANSFORMACIÓN SIN CONCIENCIA, significa que para realizar un cambio profundo y duradero, es decir, una transformación, primero es necesario tomar conciencia de uno mismo, de los patrones de pensamiento y comportamiento, y de la situación actual. Sin esta toma de conciencia, cualquier esfuerzo por cambiar se queda en puro veremos, en teoría o en una sombra que siempre nos acompañará, impidiendo de esa manera, la auténtica evolución personal y el despojo de viejos hábitos que nos condicionan.
El primer paso para transformar la conciencia es la acción de darnos cuenta de cómo están funcionando las cosas internamente, de los errores o de lo que nos impide evolucionar y mejorar. No cabe duda, que si vivimos en la oscuridad (borracho o drogado), jamás encenderemos una luz para ver esa parte oscura que se esconde internamente.
En resumen, No hay transformación sin conciencia, ya que no
se trata de cambios superficiales, sino de modificaciones profundas en la identidad, los valores y las creencias. La transformación requiere una decisión consciente de querer cambiar, y esa decisión nace de la introspección de lo que necesitamos modificar para alcanzar los objetivos que nos hemos planteado, aprender de los errores, mejorar y seguir creciendo.
Para finalizar, vamos a estar claros, la verdadera transformación de conciencia, no surge metido en la borrachera o drogas, sino de un sano juicio, aceptando nuestra realidad y romper con las ilusiones y promesas no cumplidas. Indudablemente, que el proceso es duro, pero esencial para mejorar, crecer. Hay que soltar la vieja identidad para hacerle espacio a un nuevo yo, más auténtico alineado con la armonía, el agradecimiento, el respeto y la prudencia.
Si le gustó mi reflexión de la semana,cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
¡Un abrazo lleno de paz e infinitas bendiciones!
Por Fredis Villanueva


