Opinión

Crónicas de mi pueblo: Cochoflete, Vidalina y  Templera

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  Cada pueblo tiene su “loco”, es un decir de los pueblos venezolanos, identificamos así a ciertos personajes que por alguna lamentable razón, han perdido la memoria, total o parcialmente y se hacen famosos, muy conocidos por desarrollar características particulares en su conducta que llaman la atención de los habitantes de eso pueblos. Decirles “locos” no es un calificativo para ofenderlos, ni para menospreciarlos, mucho menos para  burlarse de ellos, es  una manera muy peculiar para destacarlos del común de la “gente normal”, aunque muchos de estos se comporten y actúen peor que aquellos.

En Puerto Cumarebo esta ha sido una constante histórica, desde mi niñez y mucho antes, por los relatos de nuestros antepasados, han existido y convivido en nuestra comunidad en distintas épocas y generaciones nuestros particulares “locos”, famosos, muy conocidos, personajes únicos que a la vez distinguen al pueblo, con su historia personal.

Recuerdo a tres de esos populares personajes de memoria aturdida, deambular por  las calles de nuestro pueblo. “Cochoflete”, también conocido como “Cumarebo”, un hombre alta delgado medio parecido físicamente en la distancia al Quijote, destacaba su vestir con un viejo paltó y en su mano un machete que rastrillaba por el piso cuando los niños lo provocaban. “Templera” un moreno de contextura fuerte y de expresiones medio violentas, aunque en sus momentos calmados hacia mandados  y “Vidalina”, una dama con caminar defectuoso, con una precisa mano zurda, con la cual tomaba piedras para defenderse de los atacantes con excelente puntería, bien maquillada con bastante colorete en sus cachetes y unos labios rojos con su pelo bien peinado. De “Cochoflete” nunca supe su nombre ni apellido, a “Templera” le decían Pedro María, no supe nunca donde vivían, pero los “encuentros “con los niños perturbadores se desarrollaba en las soleadas calles, Zavarce, Florida, Urdaneta, San Pedro y los alrededor de la plaza Bolívar, los mayores nos “regañaban” para que en nuestra ingenua y desinformada niñez y adolescencia dejásemos de provocar estos “personajes” porque eran agresivos, cosa no tan cierta, en muchos caso estos “locos” actuaban a la defensiva, nosotros les acosábamos al extremo para que reaccionaran con violencia, Vidalina y Templera tenían una condición medica que n ignorábamos,  sufrían  de epilepsia, y el acoso ingenuo e inocente de los niños les producían  rabietas, Vidalina además cuando los niños repicaban el “tuc, tu, cu…tuc tu, cu”. Lanzaba piedras con certera puntería que muchos resultaron con heridas en la cabeza, al producirse el “ataque epiléptico”   caían al suelo hasta quedar inconscientes, eso hacía  que los ingenuos atacantes se calmaran y huyeran del sitio.

El tiempo inexorable desdibuja las imágenes de estos pintorescos personajes y un dejo de culpa invade nuestra memoria, las calles que nos unieron para cometer aquellas travesuras infantiles imperdonables reivindican nuestro gentilicio y proyectan la nostalgia y el arrepentimiento.  Donde estén “Cochoflete”, “Templera” y “Vidalina” si es posible, en nombre de aquella muchachada, perdónennos, no sabíamos lo que hacíamos.

Dr. Ernesto Faengo Pérez