Internacional

Cómo la pandemia impacta los ingresos de los migrantes venezolanos que sobreviven en Colombia

Comparte

Con las manos vacías, Ángela tuvo que subirse en Transmilenio junto a su hijo para pedir dinero. Apenada, pero consciente de que necesita llevar dinero a casa, alza su voz para pedir una ayuda a los pasajeros.

“No acostumbro a hacer este tipo de cosas. Siempre me he montado a este tipo de transporte a vender algún tipo de producto, pero debido a la situación que estamos viviendo tanto venezolanos como colombianos por el coronavirus, muchos se cohíben de comprar un producto”, dice la mujer, mientras la miran los pocos pasajeros que todavía suben al transporte público.

“Yo puedo aguantar hambre, pero mi pequeño bebé no“, añade.

La mujer, de 27 años, llegó hace un año a Bogotá proveniente de Barquisimeto.Vendía brownies principalmente, pero dice el aislamiento preventivo de los ciudadanos frente al COVID-19 ha hecho que la gente se abstenga de consumir su producto. O, más grave aún, ha disminuido notablemente la clientela.

Ángela es #venezolana y vive de las ventas en el transporte público de #Bogotá; sin embargo, a causa del aislamiento que viven muchos bogotanos en sus casas por el brote del #coronavirus2020, no ha podido recoger el dinero que necesita para sobrevivir. https://t.co/u2FvUnunDg pic.twitter.com/TJHPK5eqKA

— La Voz de América (@VOANoticias) March 18, 2020

En un día normal, explica, ganaba entre 50 y 60 mil pesos (alrededor de 13 dólares). Cuenta que al medio día solo ha recogido mil pesos colombianos; es decir, ni un dólar.

Aunque evita salir con su hijo de seis años, la orden del cierre de escuelas públicas en Colombia la obligó a llevarlo consigo. “Gracias a Dios, a él le brindaron la oportunidad acá de poder estudiar, pero suspendieron las clases. Ahí me ayudaba yo también bastante porque a él me le daban merienda, yo no me veía forzada”, le contó a la Voz de América.

Sabe de los riesgos que corre, mientras se sube al transporte público, pero no puede dejar de trabajar, pues debe pagar una mensualidad. Incluso, dejó de salir un día y ya sus finanzas se han visto afectadas.

También es el caso de César, que vende medias, gorros y paños húmedos en un puente peatonal, o el de Dugleider, que tiene un puesto fijo de arepas en un barrio del norte de la ciudad.

César, proveniente del estado venezolano de Protuguesa, pasó de ganarse entre 30 y 40 mil pesos (alrededor de 9 dólares) a tener días grises donde solo logra recoger 13 mil (equivalente a un poco más de 3 dólares): “​Me vine de Venezuela por la situación y eso, pero yo estoy aquí guerreando para mejor con mi familia también“, le contó a VOA Noticias.

“Ayer y antier fue duro; no es por nada, pero la ciudad se ve un poco sola (… La gente está preocupada por los guantes, los tapabocas y eso; al menos, se han vendido bien los pañitos“, confiesa este venezolano de 19 años que subsistía como panadero en su país natal.

Esa soledad también ha impactado las ventas de Dugleider Pachecho, quien desde diciembre sobrevive a punta de venta de arepas; después de vender entre 150 y doscientas al día, hoy solo puede vender 100.

Llegó a Bogotá hace un poco más de un año, estudiaba deporte y jugaba fútbol y, hasta ahora, solo sobrevive de las ventas en las calles.

Música, domicilios y bicitaxis

Además de las ventas, los migrantes venezolanos también desempeñan otros tipos de oficios en las calles; tocan instrumentos musicales, hacen domicilios o transportan a los ciudadanos en sus bicitaxis. Si la gente no sale o se previene tampoco pueden trabajar tranquilamente.

El músico Jonatan García, por ejemplo, ha vivido de las melodías que salen de su arpa llanera. Ha notado que, cada vez que sube a un bus de Transmilenio, la gente se previene: “Más que prevenida, anda es asustada porque no quieren casi que ni siquiera vernos. Cuando nos van a colaborar, les da miedo para no tocarlos las manos”, cuenta incluso con gracia.

“Si uno se pone el tapabocas, piensan que uno tiene el virus. Si uno estornuda, si uno da algo, todo el mundo anda asustado“, dijo. Sus ingresos han pasado de aproximadamente 10 dólares a paenas tres dólares.

Pero la incomodidad no solo la ha vivido en su trabajo. Contó a VOA Noticias que donde reside le han exigido no solo usar tapabocas sino dejar de trabajar en el transporte público.

Desde que las personas se han aislado por cuenta del #coronavirus2020, los ingresos se han visto afectados “casi al 50 por ciento y hasta más”, dice Jonatan García, un #venezolano que vive de tocar su arpa en el transporte público de #Bogotáhttps://t.co/3ppO1d4aN6
📹@karenjsan pic.twitter.com/xLQdk5ALsI

— La Voz de América (@VOANoticias) March 18, 2020

“Me exigieron, donde yo vivo, que usara el tapabocas; si no, que me mandaban desalojar porque ellos saben que yo trabajo en Transmilenio, entonces están asustados que yo llevo el virus para casa y me exigieron eso. Yo también lo estoy usando y lo uso también como medidas de protección y porque me lo exigían”, cuenta.

Sin embargo, dice que mientras trabaja no lo usa porque piensan que está enfermo y tampoco quiere dejar de trabajar porque, parte de sus ingresos, son para su esposa y sus hijas; una de ellas con tan solo cinco meses de edad.

Así ocurre con Gleison Adzael, quien también debe enviar dinero a Venezuela para su pequeña hija. Casi que recién llegado a la ciudad, se dedica, en su bicicleta, a repartir domicilios. En igual caso está su amigo Jair Pereira, ambos están preocupados por la escasez de algunos productos en los supermercados de la ciudad porque, si les cancelan los pedidos, se endeudan con la compañía que los contrató.

“Vamos al supermercado. No se consiguen los productos y nos cancelan la orden, entonces nos montan la deuda y para montarnos la deuda, duramos un día, puede ser la semana y nos afecta mucho”, contó Pereira a la VOA, mientras toma un merecido descanso, pues ha pedaleado casi todo el día.

Gleison, quien dejó Venezuela al faltarle únicamente un año para convertirse en ingeniero, dice que la mayoría de las personas ya no piden domicilios a restaurantes, sino que piden productos de la canasta básica: “Papel higiénico, pollo, cosas que duren en su casa porque supuestamente se ha dado cuarentena, que no hay cuarentena ni toque de queda; la gente lo que está es asustada“.

Cuentan, además, que cuando llegan a algunos domicilios, no los dejan entrar sino que deben esperar afuera o les aplican antibacterial en las manos; incluso, dice Jair, los vigilantes les han pedido que les hablen con cierta distancia.

Otra historia cuenta Gabriel Sánchez, quien llegó desde Cúcuta a Bogotá para trabajar en un bicitaxi, el medio que le ha dado para comer, dormir y enviarle dinero a sus hijas que viven en Caracas.

Su rutina comienza a las 5 de la mañana y termina a las 10 de la noche. Sin embargo, estos días han estado más suaves de lo normal: “Nos ha bajado más del 50 por ciento de lo que hacemos normal en un día porque al bloquear lo que es el estudiantado, que es un 70 por ciento de lo que manejamos, ya no sale el estudiante, la mamá, el abuelo, que en la tarde o al mediodía, en la noche, cuando regresan”.

Gabriel es #venezolano y le contó a @VOANoticias que sus ingresos se han visto afectados en un poco más del 60 por ciento, pues su clientela son estudiantes, quienes no han acudido a clases para evitar la propagación del #coronavirus2020https://t.co/3ppO1d4aN6 📹@karenjsan pic.twitter.com/1Em96mhA8Z

— La Voz de América (@VOANoticias) March 18, 2020

Con información del Diario La Nación

Deja una respuesta