Cinco ideas de Fratelli Tutti
Pasan los días y la aparente disminución la pandemia se mezcla con la incertidumbre de los nuevos contagios y así pasa nuestra existencia en una sensación de no saber lo pasa ni qué es lo está por venir. Ante esta zozobra colectiva y angustiosa quisiera compartir cinco ideas de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco publicada el pasado 3 de octubre en Asís.
1. La fraternidad es la vacuna más eficaz. Todo el mundo habla del virus, la bioseguridad, rebrotes, en fin, pareciera que todo el devenir de la humanidad depende de este virus. Pero el Papa Francisco pone su atención en otro virus que está inserto en nuestros modos de actuar y vivir y que mata desde dentro: el individualismo indiferente y despiadado. El individualismo está conduciendo a la sociedad por caminos cada vez más inhumanos, ante este cuadro los cristianos debemos relanzar al mundo el valor de una fraternidad solidaria que nos lleve al reconocimiento del otro y a emprender caminos sanación, progreso y paz.
2. El bien de la persona debe ser siempre la meta. Es lamentable que en esta situación mundial en la que el hombre se siente indefenso y frágil la atención se desvía entre conflictos políticos, sistemas económicos o la legalidad de tal o cual acción partidista. Y mientras, la persona humana sigue al margen, sufriente, pobre, olvidadas por quienes dicen ser sus representantes civiles y hasta religiosos. La pérdida de la búsqueda del bien de la persona es otra cara del individualismo, de ahí que el Papa insista en el rescate de la ternura en nuestras relaciones interpersonales y de la caridad para la concepción política y social
3. Hablando nos entendemos. Frente a la división y la confrontación, el diálogo no solo se convierte en una herramienta sino en un espacio desde donde se puede habitar, nos hace superar nuestra tendencia individualista y buscar el ben de las personas que nos rodean. Es diálogo dice el Papa debe ser sincero y con un profundo sentido de encuentro, empatía y simpatía. Para ello debemos dejar de lado todos aquellos paradigmas y lenguajes que alimentan la enemistad, en ello los cristianos debemos tomar la palabra desde el lenguaje del evangelio: el amor, el servicio, la misericordia.
4. Levantar la mirada. El regreso a lo trascendente se constituye en una opción fundamental en estos momentos. Superar el materialismo histórico, la existencia como angustia y el inmediatismo son tareas urgentes para el hombre post pandemia. No podemos seguir viviendo tal y como lo veníamos haciendo, debemos proyectar un nuevo estilo de vida que nos ayude a la comunión con Dios, con la creación con los otros; debemos superar las dinámicas de guerra y exclusión a la que estamos acostumbrados y conseguir la fuerza del espíritu que nos hace libres para el bien y la verdad.
5. Un cambio de verdad. Estamos acostumbrados a promesas no cumplidas, a planes no realizados, propósitos de ceniza; ante ello el Papa nos propone un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida y lo hace desde la figura del buen samaritano: un hombre considerado pecador por los que se creían justos pero que es el único con un corazón verdaderamente humano, que no le importa los prejuicios sociales o de pureza y se baja de su cabalgadura para asistir a aquel desafortunado que está a medio morir. Los que nos decimos creyentes estamos llamados a dejar a un lado la postura del sálvese quien pueda y acercarnos a los heridos de hoy, para ponerles el vino de nuestra alegría y el aceite de nuestra caridad. Aquel samaritano le encomendó al dueño de la posada que siguiera cuidando de aquel hombre que a su regreso le pagará, así Cristo el Buen Samaritano por excelencia nos encomienda a nosotros el cuidado de tantos pobres de hoy y nos vuelve a decir: lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso, lo que gastes sirviendo a mis más pequeños y frágiles te lo pagaré a mi regreso con la vida eterna, ese tesoro que no corrompe ni el polvo ni la polilla.
En medio de la situación que estamos afrontando, la encíclica se presenta como un respiro entre tanto cloro y alcohol d miedos, tristezas, angustias e inseguridades. Nos invita a seguir trabajando y soñando aunque el presente se vea oscuro. A seguir trabajando desde los dones del Espíritu: la amabilidad, la longanimidad, la pureza, el amor… Y también a seguir soñando por un mundo más humano, más fraterno, más cristiano. Hoy necesitamos más que nunca de esa ilusión de que es posible que todo cambie y se mejor. Muchos apuestan por la derrota, por la oscuridad; pero nosotros no hemos recibido un espíritu de esclavos ni mucho menos de derrotados, somos hijos de la luz y el Resucitado nos dice: No tengan miedo, yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. Ámense, vengo pronto.
P. Jesús Camacho


