Carta al niño Jesús, por Ana Cristina Chávez Arrieta

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Querido Niño Jesús:

Como todos los años, te escribo a ti porque no creo en el gordito barbudo bebedor de Coca Cola, y aunque a veces yo ande negándote en varios de mis textos, los dos sabemos que es mentira, que es solo una pose, pero que igual no puedes obligarme a visitarte los domingos en la casa de tu padre, ni en algunas de esas festividades o ritos en los que hay que darse golpes de pecho, pese a que en medio de las dificultades siempre pienso en tu mami ¡y mosca!, no es grosería ni nada de eso.

Chamito, te agradezco todo lo que has hecho por mí, cuidándome y cuidando a la gente que quiero, también me has protegido cuando he tenido miedo, y aunque tú eres pequeño y yo una adulta, me has mostrado el lugar secreto donde las personas guardamos la valentía para seguir adelante.

Bueno, esto está muy hablado y me propuse ser puntual con lo que te voy a pedir. Pana, compa, amigo, chamo, por favor, por favor, regálame la oportunidad de ver cómo los gobernantes de este país sobreviven con el mismo salario de los trabajadores de la administración pública, especialmente con el sueldo de los del sector universitario, pero sin marañas disfrazadas de «emprendimientos», tigritos o rebusques eventuales, ni tener que andar vendiendo las pertenencias que vieron el brillo en tiempos pasados, o en última instancia ofrecerle el alma al diablo o esperar que caiga un bonito de esos, como nos toca hacer a nosotros; sino que vivan con el puro salario, a ver qué hacen y pa’ dónde van a coger.

Ajá, quién soy yo para exigirte tanto, y yo sé que más que un regalo navideño es casi un milagro lo que te pido, pero cónchale, una se cansa de resistir y resistir, restringirse en todo, verse limitada para muchas cosas necesarias, porque no solo de pan vive el hombre, mientras observa cómo le crece la barriga y las cuentas bancarias a esa gente, que para colmo, nos pide que aguantemos, que somos un pueblo heroico y no sé cuánta palabrería más.

Tú me conoces, sabes quién soy, pero no estoy hecha de un material inquebrantable. Devuélveles el piso, ponles un cable a tierra, que se le bajen las ínfulas y se despojen de sus gríngolas discursivas del buen vivir para unos pocos, mientras el resto va en picada.

Lo del tema electoral y sus descaradas manipulaciones, jugadas, negociaciones y entregas a conveniencia debería estar incluido en mi petición, pero eso se lo dejo a los Reyes Magos, que no vienen precisamente de Barinas. El resto te lo cuento luego, pero no es nada del otro mundo, ya eso lo hemos conversado. De nuevo gracias siempre siempre. Sabes que me porté bien este año (demasiado, para mi gusto) y que «la inocencia no mata al pueblo pero tampoco lo salva», como decía mi otro pana. Se te quiere, un abrazo.

Firma: Ana Cristina Chávez Arrieta.