Investigación

Canaima de carne y huesos: lo que hay más allá del Salto Ángel

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En el Parque Nacional Canaima, al sur del estado Bolívar, las vistas de cascadas majestuosas, lujosos campamentos y turistas asombrados se funden con la realidad de las mujeres de la comunidad pemón kamarakoto, cuyas vidas están marcadas por la pobreza, los embarazos adolescentes, los peligros de la minería y el aislamiento que supone vivir en el corazón de la selva.

Esta es la Canaima que está más allá del Salto Ángel y que los periodistas Valeria Pedicini y Jesús Piñero se encargan de retratar en el libro Canaima de carne y huesos: diez historias de mujeres, incontables violaciones a los derechos humanos, publicado el pasado 14 de febrero.

Los autores se internaron en Canaima durante una semana en agosto de 2022 para «hacer una aproximación sobre la situación de la gente que vive en estos territorios», expresa Piñero. «Mucha gente piensa que en Canaima no vive nadie por ser un parque nacional, pero hay gente que nació allí y no conoce otra cosa», señala el periodista e historiador. Sin embargo, agrega que «el hecho de que sea una zona ‘protegida’ no significa que estas personas lo estén». 

Explican que para el libro aplicaron un enfoque en el que Pedicini «cuenta personas a través de problemas», mientras que Jesús «cuenta problemas a través de personas». Por ello, Canaima: de carne y huesos se presenta como una clineja en la que se entretejen historias como la creación del primer registro civil de Canaima, cuántos gramos de oro cuesta una hora de internet, la orquesta de la comunidad y cómo es trabajar de cocinera en un campamento de minería ilegal.

«Me siento muy orgullosa del trabajo hecho porque cada una de las historias te da una visión de algo», comenta Pedicini, quien también es fotógrafa. En la obra se tratan temas como salud, educación, economía, los efectos del turismo y la vida en las minas.

TalCual conversó con los periodistas para conocer más a fondo cómo fue escribir este libro, qué los impulsó a buscar historias de mujeres canaimeras y cuáles son las principales diferencias entre la Canaima turística y la de carne y huesos.

-¿Qué los inspiró para hacer este libro?

-Valeria Pedicini: La idea se le ocurrió a Jesús. Él tuvo la oportunidad de ir de vacaciones a Canaima y empezó a hacerse muchas preguntas sobre la comunidad, sobre las dinámicas que había con el tema económico y con los campamentos. Llegó a Caracas y se le ocurrió la idea de contar Canaima más allá de lo que se ve en la foto del Salto Ángel, aunque es imposible hablar de Canaima sin hablar del Salto Ángel. Tuvimos la idea de contarlo a través de historias de mujeres indígenas porque sabemos que las mujeres tienen un impacto diferenciado en las dinámicas económicas y de violencia.

-Jesús Piñero: La idea era mostrar a Canaima detrás del turismo, porque se ha vendido una fachada paradisíaca. Cuando pensamos en los problemas del estado Bolívar pensamos en el Arco Minero, pero pocas veces se hacen aproximaciones sobre la gente que vive en estos territorios. Son vulnerables a todo lo que vivimos en Venezuela, pero se suma otra cosa: viven en el corazón de la selva y no hay conexión terrestre con ellos. La única manera de acceder es a través de avión y solo con la aerolínea Conviasa. Viven aisladas, son indígenas, son mujeres y tienen una condición bastante vulnerable. Tratamos de mostrar eso por encima de los problemas que normalmente los caraqueños vemos en nuestra burbuja. A partir de pequeños testimonios, podemos lograr comprender grandes problemas.

Canima carne y huesos

Comunidad de Canaima. Foto: Christian Lazo

-¿Por qué decidieron narrar Canaima a través de las historias de mujeres? 

-JP: A lo largo de la historia, las mujeres han estado desplazadas de los privilegios con los que contamos los hombres. Aparte de eso, es una población indígena en un país con emergencia humanitaria. Si bien hay fundamentos matriarcales dentro de estas comunidades, son sociedades que giran en torno a la figura del hombre. El hombre tiene una variedad de trabajos en Canaima a los que las mujeres no pueden acceder. Las mujeres tienen tareas muy específicas dentro de esa región: son maestras, son enfermeras o trabajan en un campamento pero no como guías. El tema ambiental y el tema de la minería ilegal agrupa a hombres y mujeres en general, pero la mujer es la víctima más notable.

-VP: La crisis les afecta de forma diferenciada. Hay dinámicas en el estado Bolívar, y específicamente en Canaima, que tienen que ver con malnutrición, deserción escolar, violencia y explotación sexual. Pero no todas las historias son desde la mirada de lo rudo y de lo difícil que puede ser todo, sino que también buscamos contar sus sueños, sus anhelos y cómo pueden también ser excepción a la regla. No quisimos enfocarnos solamente en el lado negativo, que sí existe, pero son mujeres que tienen muchas ganas de trabajar y de lograr cosas. Son historias que no hubiésemos encontrado si hubiésemos entrevistado a hombres, y eso da una visión mucho más amplia de todas las violaciones de derechos humanos que enfrentan las personas en Canaima.

10 historias, 10 mujeres

Que el primer registro civil de Canaima llegara en 2009 por iniciativa de Gina González, una ciudadana, y no del estado fue una de las cosas que más le sorprendió a Piñero encontrar entre estos testimonios. «Tener derecho a un documento de identidad depende de estar inscrito en el registro civil y eso no estaba contemplado, pese a vivir en un Estado que desde el año 1999 se dice indigenista», señala.

No duda también en destacar la historia de Diana Bigott, una mujer que decidió crear un cyber en la localidad. Tras ser despedida de su trabajo en los grandes campamentos turísticos, compró unos paneles solares para ponerlos en el techo de su casa y ofrecer el servicio de conexión. ¿Cuánto cuesta una hora de Internet en Canaima? Seis milésimas de oro.

Fotos Canaima de carne y huesos

Diana Bigott y su hijo. Foto: Christian Lazo

Pedicini decide hablar de Nuritza Cigala, una mujer que fue víctima de una violación, quedó embarazada y fue obligada a casarse con su agresor. Actualmente, trabaja como cocinera en las minas para mantener a cuatro de sus ocho hijos. «Ella nos contaba que nunca ha visitado el Salto Ángel y ese es uno de sus sueños. Desde muy joven, ha estado obligada a trabajar y a no pensar en ella, sino en el constante resolver», expresa.

Inés Jiménez, por su parte, es una mujer indígena dueña del Campamento Morichal. En Canaima, debe competir con los grandes campamentos manejados por empresarios criollos, como designan los canaimeros a las personas foráneas. «A ella le cuesta mucho competir no solo por no tener los recursos económicos para hacerles frente, sino también porque estos campamentos cuentan con privilegios del Estado», cuenta Jesús.

Sin embargo, también hay historias cargadas de optimismo. Tal es el caso de Aurora González, para quien la artesanía que vende «lo ha significado todo», explica Pedicini. «No solo el sustento económico, sino la posibilidad de autonomía. Ella lo sigue haciendo por ella, pero también por su hija y por si tiene nietas», agrega.

-Diana tiene un cyber, Inés maneja su propio campamento y Aurora logra su sustento a través de la artesanía. ¿Tienen autonomía económica las mujeres de Canaima?

-JP: Yo creo que la mujer resuelve en Canaima. En muchos casos, estas mujeres son madres solteras y sus hijos dependen de ellas. No significa que el hombre no apoye en la casa, pero la mujer siempre resuelve, lo que, además, es un patrón en Venezuela. Ese patrón está muy marcado en Canaima. La mujer es la que termina resolviendo, tal vez por ser la figura directa hacia los niños en el caso de las madres.

-VP: Es un poco irreal hablar de autonomía porque ¿realmente ellas tienen la capacidad de controlar sus ingresos y recursos? Yo creo que no del todo. Hay una desigualdad muy grande que tienen que enfrentar. Nuritza tiene ocho hijos y la que los mantiene es ella. Al final, a pesar de que ella es la que trabaja y tiene sus ingresos, la distribución es totalmente desigual. También influye que a estas mujeres se les da el rol de madres, cuidadoras, enfermeras o maestras por la sociedad en la que viven. Hablar de autonomía es complicado porque, aunque trabajan, difícilmente hay una distribución igualitaria entre los hombres y las mujeres.

-En cuanto al lenguaje, ¿se mantiene el pemón entre los habitantes?

-VP: En eso se centra la historia de Dilaiza Berti, que es la directora de la escuela. Tienen esta lucha constante de mantener el idioma, su cultura y sus raíces. Ella les habla a los niños en este idioma, pero sí se está perdiendo poco a poco. En el tiempo que estuvimos allí, nos cruzamos con pocas personas que solo hablaran pemón. Se conserva el lenguaje, pero por costumbre. Las nuevas generaciones no lo manejan tanto. Ese es el gran trabajo de Dilaiza. Ella quiere seguir con esta idea para que no se pierda la lengua pemón.

-JP: Es una comunidad que lucha por mantener sus raíces, sus tradiciones y su identidad viva. La crisis, aunque fue terrible porque es una comunidad que depende del turismo, fue una manera para esta comunidad de volver a sus orígenes, de volver al conuco. Para ellos, volver a esta práctica como una manera de subsistir, aunque obligados por las circunstancias, les permitió volver a sus ancestros. No estoy justificando la situación, pero sí creo que este tipo de cosas los hace conscientes de quiénes son y cuál es su historia.

Fotos de Canaima de carne y huesos

Dilaiza Berti, directora de la única escuela de Canaima. Foto: Christian Lazo

-Uno de los temas del libro es el contraste entre la Canaima del turismo y la de la gente que vive en el pueblo. ¿Cuáles son las principales diferencias que notaron? 

-JP: A pesar de tener su propia generadora de electricidad, sufren constantemente apagones. Los campamentos no atraviesan esto porque tienen sus propias plantas eléctricas, pero la gente está incomunicada, no tiene acceso a Internet, casi nunca tienen señal y tienen que resolver su día a día. Los turistas van a hacer tours a estas comunidades, se toman fotos con los indígenas, prueban sus comidas y hay movimiento económico, porque muchos compran artesanías, pero a lo mejor no son conscientes de que estas personas lo están pasando mal. Se conocen, pero no hay un reconocimiento entre estos dos grupos. Respeto el interés de los turistas a la hora de ir, pero se quedan en sus hoteles y no hay un nivel de comprensión de la gente que la está pasando mal. El contraste es muy visual y, apenas llegas, lo ves.

-VP: Nosotros tuvimos la oportunidad de quedarnos en un campamento gestionado por pemones, que cobran más barato en comparación a los otros. Tan solo en la infraestructura te das cuenta de la diferencia con los grandes campamentos. Entre las cosas que queremos con este libro, es que, cuando alguien decida ir a Canaima, se tome el tiempo de conocer a la gente y sus dinámicas. Que no solo se queden con la foto del Salto Ángel, que es maravilloso e impactante, pero hay más. En Canaima, hay más. Hay gente que lo está pasando muy mal, pero también hay gente que le está echando muchas ganas. La idea del libro es que la gente no se quede solo con lo bonito del Salto Ángel, sino que vea un poco más allá.

Foto: Christian Lazo

Canaima de carne y huesos de mujer es el título del prólogo escrito por la periodista Morelia Morillo. El epílogo, por su parte, está a cargo de la defensora de derechos humanos Victoria Capriles y de Eumelis Goya Moitte, coordinadora de la Oficina del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello Guayana.

Se encuentra disponible en las librerías de la capital El BuscónKalathosSopa de letras y Alejandría. Además, está disponible en Barquisimeto y Margarita. También se puede adquirir en formato físico o digital a través de Amazon y la página de la editorial Dahbar.

Con información de TalCual