Política

Campaña de Maduro recicla promesas de elecciones anteriores

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El mandatario Nicolás Maduro maquilla el desgaste de su gestión en la búsqueda de una segunda reelección presidencial en los comicios del 28 de julio. El gobernante no esboza grandes cambios, al contrario, recicla la promesa de que solo con su gestión se mantendrán las dádivas y la atención a la ciudadanía.

La carrera hacia las presidenciales avanza y con ella la movilización de la maquinaria oficialista para asegurarse, de nuevo, el máximo cargo, en un proceso de precampaña en el que desde Maduro hasta sus funcionarios de confianza, entre ellos Diosdado Cabello, primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional del 2020 (AN); Héctor Rodríguez, gobernador del estado Miranda; Génesis Garvet, diputada de la AN e integrante de su comando de campaña, y Delcy Rodríguez, vicepresidenta de la República, desplegados en distintas zonas del país, han pedido a sus bases «mantenerse alertas», «estar unidos» y tocar la puerta en las comunidades para captar a los «confundidos».

El discurso que ha mantenido el gobernante es que de salir el socialismo de Miraflores, «los apellidos» -refiriéndose a la oposición- echarán al traste el proyecto del expresidente fallecido Hugo Chávez y olvidarán a los más vulnerables. Asegura que un eventual gobierno opositor exterminaría los beneficios sociales que ha impulsado el Ejecutivo. En ese sentido, el mandatario ha advertido que si pierde en los comicios volverán las grandes diferencias sociales, y se profundizarán problemas como los servicios públicos porque «regalarán el país».

A finales de abril, Maduro realizó una consulta comunitaria con el objetivo de que la ciudadanía priorizara proyectos necesarios para elevar las condiciones de vida en sus zonas, los cuales, según se dijo, serán financiados por el Gobierno.

Según la información que se ha ofrecido, los proyectos más votados estuvieron relacionados con temas de servicios básicos, que se fueron a pique desde 2017 aproximadamente. El gobernante se comprometió a hacer cumplir el clamor de la gente. También prometió construir dos millones de viviendas «en los próximos seis años».

«Yo confío plenamente en el pueblo de Venezuela, sé que más nunca se van a dejar engañar por los títeres, los apellidos», dijo Maduro a sus seguidores el pasado 30 de abril.

En entrevista con TalCual los analistas políticos Oswaldo Ramírez, Daniel Varnagy y Fernando Spirito coinciden en que los ofrecimientos del Ejecutivo no cautivan a la población, que durante los dos gobiernos de Maduro ha vivido la depauperación de sus condiciones de vida con la debacle de los servicios públicos y el deterioro de su poder adquisitivo. Señalan que, ante el apoyo popular a la oposición, liderada por María Corina Machado y al candidato unitario Edmundo González Urrutia, al oficialismo no le ha quedado más que sacar la vieja artillería: amenazas, represión y clientelismo.

 

El mandatario Nicolás Maduro participó a mediados de mayo en una marcha de mujeres evangélicas, que se realizó en Caracas. Foto: AP

Guía espiritual en campaña

A dos meses de la elección presidencial,  Maduro enfrenta un altísimo rechazo de su gestión, según datos de ORC Consultores. Estudios de la firma señalan que la gestión del gobernante cuenta con apenas 15 puntos de percepción positiva, mientras que 80% es negativa.

Oswaldo Ramírez, director de la firma, dice que el reto que tiene Nicolás Maduro en este proceso es mantener viva su base de votación y que «no se le baje nadie del barco». A su vez, el Ejecutivo busca sumar uno que otro voto rezagado y por eso, explica el analista, los voceros del PSUV han sido insistentes en pedir a sus bases tocar las puertas de las comunidades y sumar gente al llamado proyecto revolucionario.

Maduro tiene un escenario distinto al que se presentó en los cuestionados comicios del 2018 y a los de 2013, cuando fue electo por primera vez, tras la muerte del expresidente Hugo Chávez.

«Lo primero es que la oposición está en la ruta electoral, además con el liderazgo de Machado, que fue derivado de las primarias y generó un proceso de reacomodo que llevó a la gente a confiar», señala.

El analista político agrega que lo que se evidencia, no solo en las encuestas, sino en la dinámica rutinaria, es que la gente quiere cambio tras 25 años de poder y el desgaste de la gestión de Maduro. «Los números indican que la evaluación positiva apenas es de 15% y 80% es negativa», precisa.

Todo lo anterior, advierte, complica la carrera de Maduro hacia el máximo cargo.

«En 2013 imperó la emocionalidad derivada por la muerte de Chávez y su mandato a la gente de que votaran» por Maduro. Recordó que en 2018 el mandatario corrió solo, debido a la decisión de la oposición mayoritaria de abstenerse a participar.

Maduro acepta ser el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a mediados de marzo. Foto: Prensa presidencial

Sobre la forma en la que ha imperado la figura del expresidente Hugo Chávez en la precampaña electoral de Maduro, Daniel Varnagy, doctor en ciencias políticas, señala que en la práctica «la figura del fallecido exmandatario, es más un referente ‘espiritual’, que un modelo a seguir en el ejercicio de la política concreta». Sin embargo, añade, que esto le funciona al Ejecutivo para capitalizar el voto.

Varnagy destaca que la estrategia de Maduro y su cúpula de funcionarios no es cosa nueva. Comenta que muchos líderes una vez fuera de sus cargos se convierten única y exclusivamente en referentes discursivos.

Hace referencia al aumento de la imagen de Chávez en los eventos multitudinarios del oficialismo, así como también en las transmisiones que Maduro y otros funcionarios hacen en vivo por canales del Estado o el solo hecho de que los comicios hayan sido fijados el mismo día en el que cumpliera años Chávez.

Por ejemplo, a finales de febrero, el mandatario anunció un plan de 70 obras para celebrar los 70 años (que cumpliera en vida) de Hugo Chávez. Mientras realizaba un recorrido en el estado Anzoátegui, Maduro indicó que el proyecto arrancaba en marzo y terminaba  el 28 de julio de este año, día en el que fueron fijados los comicios presidenciales.

“Esto debe inspirar a todos los estados del país. Tremendo reto para acelerar inversiones, construcción de obras, entrega de obras al pueblo”, apuntó.

Desgastado

Pese a lo antes expuesto, Daniel Varnagy explica que la estructura de las campañas de reelección inmediata son completamente distintas a las que buscan apenas conquistar un cargo, que en este caso es el de la presidencia.

«Las campañas desde el poder nunca hablan de cambio, ya que parten de la premisa de que el Gobierno ha sido exitoso y de que la continuidad es lo que garantiza el sostenimiento de las prebendas. Las campañas para tener acceso al poder o de cambio político suelen resaltar las fallas de gobierno, o de sistema, cuando ya el gobierno es de muy larga data. Normalmente, estas ofrecen cambios radicales, aunque no siempre explican la manera de lograrlos», detalla.

Considera que dentro de las principales diferencias en este caso y en las últimas tres elecciones presidenciales, está el aumento del tono amenazante y de amedrentamiento ante posiciones políticas contrapuestas a las que exhibe el sistema político actual. «El aumento de tono y de las acciones concretas en contra de la disidencia es, sin duda, preocupante», expresa Varnagy.

Por otra parte,  sostiene que «el paternalismo y el populismo han sido herramientas tanto de campañas como de gobiernos desde el año 1958, pero que exacerbaron notablemente a partir de las campañas de 1998, y en las cuales se intentó cambiar el concepto de representatividad por protagonismo. Esto es en sí mismo un discurso populista de izquierda que poco o ningún efecto pragmático llega a los bolsillos del venezolano promedio en este momento».

Afirma que la precampaña del oficialismo no logra convencer a la mayoría de la población sobre las razones que se esgrimen para mantener una economía centralizada y controlada, así como un conjunto de restricciones de aislamiento que en líneas generales ha tenido el país. Agrega que, hasta el momento, el Gobierno tampoco se ha enfocado en explicar las razones por las que Venezuela pasó de tener una de las economías más grandes de América Latina en el año 1999, a una de las más pequeñas de la región en el año 2024.

En su programa Con Maduro + y otras alocuciones, Maduro ha advertido que su gobierno está preparado para hacer frente a cualquier intento de desestabilización y que la justicia le caerá a quien intente atentar contra la paz del país.

El pasado mes de febrero, Maduro pidió a sus seguidores «calma y cordura» y vaticinó que ante cualquier «circunstancia o invento imperialista oligárquico» ganarán «por las buenas o por las malas». En abril, durante una movilización oficialista, afirmó que si la oposición se equivoca, «se encontrarán de nuevo con el gobierno, los vencerán y triunfarán».

Detenciones y hechos de represión han estado presentes en la precampaña oficialista. Solo en los primeros tres meses del año al menos 32 personas fueron detenidas, entre ellos, civiles, militares, y defensores de derechos humanos, acusados de participar en supuestas conspiraciones contra el Gobierno. También se han detenido a personas por participar en actos de campaña.

Otra de las acciones implementadas durante la precampaña, son los cierres -vía administrativa- de los hoteles en los que se han hospedado González Urrutia  y el equipo político de Machado. Además, se han sancionado locales de comida donde ha estado la dirigencia opositora. Recientemente se cerró un negocio de ventas de desayunos, ubicado en Guárico, que fue visitado por María Corina Machado.

Maduro visita el estado Bolívar el pasado 24 de mayo para participar en una jornada de trabjo en la CVG Cabelum. Foto: Prensa presidencial

Campaña sin clientelismo

Para el politólogo Fernando Spirito, al gobierno solo le queda la represión y el control institucional porque el clientelismo ya no puede ser usado en mayor escala. «Ya no tienen dinero. Están ahogados financieramente», dice.

«Lo que hemos visto hasta ahora en la precampaña es que no tienen un programa. Creo que el chavismo tiene más de dos décadas con la misma monserga de la transición al socialismo, que nadie sabe lo que es. El gobierno de Maduro no le habla al país. No hay un plan futuro, simplemente la misma campaña de amenazas y meter miedo a la gente,  que es lo que han venido haciendo. No veo una diferencia importante en esta campaña con respecto a las anteriores», añade.

Por otra parte, sostiene que algo que el gobierno usa a su favor son los recursos públicos para mover gente y la división de la oposición. Expone que el Ejecutivo da espacios en los medios oficiales a «supuestos opositores» para rebanar votos a la oposición, aunque «por lo que vemos en las encuestas eso no les está dando resultados, porque la cosa está polarizada entre la Plataforma Unitaria y Maduro».

Agrega que la evidente intención del pueblo de votar por un cambio «se la pone difícil al Gobierno». A su juicio, lo que se ve en los discursos de funcionarios como Diosdado Cabello o Jorge Rodríguez, durante los actos de campaña, son las pocas ganas que tiene el oficialismo de dejarse ganar.

«Este gobierno tiene mucho que perder y muchas cuentas que pagar aquí y afuera y no está dispuesto a aflojar el poder. Se habla de garantías, es verdad, se ha dicho que hay que asegurarle a Maduro una diputación vitalicia, pero me parece que esto no es viable. Nadie está en capacidad de dar garantías de nada a un gobierno con tantas cuentas que pagar. Ellos lo saben y por eso no lo creen, por lo que están más peligrosos que nunca en estas elecciones», subraya.

Aunque señala que Maduro entró en campaña desde hace un tiempo, apunta que esta ha sido muy limitada en cuanto al gasto público, que «no ha sido tan notorio, como en 2013 o 2012. El gobierno intenta por un lado revertir la gestión y por la otra ganar el favor de la gente.».

El pasado 16 de marzo, cuando el PSUV lo proclamó como su candidato, Maduro indicó que sabe «que hemos pasado la roncha, las verdes, la dura, pero lo que viene, de aquí al 2030, es progreso».

El mandatario, también ha reiterado que en este 2024, gracias a su gestión, y después de años de que el país se mantuviera en recesión, el creciminento económico de Venezuela será de 8%. Parte de la precampaña también ha sido la promulgación de Ley de Pensiones con la que prometió que ahora sí abrazará a los adultos mayores del país.

En la búsqueda de votos, el mandatario ha tenido un acercamiento a diversas comunidades religiosas, entre ellas la judía en Venezuela y algunos sectores de la católica. En este proceso, el Gobierno ha prestado mayor atención a la población cristiano evangélica, con la aprobación de recursos para hacer arreglos estructurales a los templos y hasta el incremento del número de beneficiarios del plan «el buen pastor», un beneficio otorgado para aquellos líderes cristiano registrados en el sistema patria.

Para el trabajo Maduro también ora: PSUV busca «milagro electoral» con grupos evangélicos, hecho a finales del 2023, expertos consultados por TalCual dijeron que la movilización del Ejecutivo hacia distintas corrientes religiosas, sobre todo estos grupos, es «táctica», y tiene como objetivo exacerbar las divisiones que ya existen en la sociedad y asegurarse algunos votos, esto último teniendo en cuenta el alza que ha tenido desde el punto de vista numérico la iglesia evangélica.

La ruta impuesta por María Corina

En medio del proceso hacia las presidenciales, el oficialismo ha pisado los talones a la opositora María Corina Machado que ha estado recorriendo el país para impulsar la candidatura de Edmundo González Urrutia.

En redes sociales se ha evidenciado lo multitudinarias que han sido las convocatorias de Machado. En respuesta a esto, el Gobierno ha obstaculizado las vías para impedirle llegar a los puntos de concentración y ha realizado actos de movilizaciones improvisados muy cerca de las actividades organizadas por la líder de la oposición.

Sobre esto, Oswaldo Ramírez dice que la agenda la lleva María Corina Machado y que al Gobierno de Nicolás Maduro le ha tocado seguirle el ritmo. «El oficialismo está reaccionando», dice, y por eso se las ingenia para hacer mítines de última hora, apenas se conoce cuál es el próximo destino de Machado para hablarle a la gente sobre las elecciones.

«Hay un término: se llama campaña de tierra, son todas estas movilizaciones. La finalidad es buscar votos y demostrar fuerza en las calles, intentar demostrar quién tiene el dominio. El gobierno está tratando de medir fuerzas, pero la agenda de calle la marca Machado. Los multicandidatos de Maduro (Cabello, entre otros) están en campaña, sí, pero en el fondo no mueven lo que aspiran», apunta.

El politólogo Fernando Spirito coincide con Ramírez. «El gobierno sabe que los riesgos de perder el poder son altos y, por lo tanto, tienen que moverse en todos los frentes», dice.

Agrega que «ellos (el gobierno) tienen que responder uno a uno los pasos que da María Corina Machado para dar la impresión de que son una opción poderosa y popular. El oficialismo está obligado a neutralizar de alguna manera la campaña de Machado porque de no hacerlo se desmotiva a su masa, lo hacen para no dejar que sus bases se enfríen».

Con información de TalCual