Internacional

Calma tensa en Sri Lanka

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La oposición se reúne este domingo para decidir cómo salir a la crisis en Sri Lanka tras las dimisiones del presidente, Gotabaya Rajapaksa, y del primer ministro, Ranil Wickremesinghe, después de que una multitudinaria manifestación tomara este sábado el palacio presidencial. El jefe de la oposición, Sajith Premadasa, del SJB (Poder del Pueblo Unido) e hijo del presidente de Sri Lanka entre 1989 y 1993, ha convocado a los líderes del Congreso Musulmán la Alianza Progresista y el Congreso para Todo Ceilán Makkal, con el fin de diseñar una estrategia alejada de la gestión del Gobierno; la causa de que la población haya decidido salir a la calle, harta de la inflación y la falta de suministros básicos como el combustible o los medicamentos.

La capital, Colombo, es ahora una ciudad sin apenas movimiento, con todos los comercios cerrados y el recuerdo de la multitudinaria movilización de este sábado, que acabó con el asalto al palacio del gobierno, la huida del presidente a un «lugar seguro» protegido por el Ejército y el incendio de su residencia. Miles de personas irrumpieron en el palacio, ocuparon sus dependencias y, al caer la noche, prendieron fuego a las dependencias privadas de Gotabaya Rajapaksa. Todavía este amanecer salían del imponente edificio colonial algunas personas que han pasado allí la noche. Las fuerzas de seguridad patrullan la ciudad. En los incidentes derivados del asalto, 103 manifestantes resultaron heridos, la mayoría por los gases lacrimógenos disparados por la Policía. El hospital Nacional ha desmentido que hubiera dos fallecidos.

Minutos después de la precipitada evacuación del presidente, el primer ministro urgió a todos los partidos a una reunión para forjar un gobierno de unidad. Ranil Wickremesinghe puso su cargo sobre la mesa y finalmente dimitió. Su pretensión de un acuerdo global tampoco se ha cumplido. El SJB nunca ha reconocido la validez del Ejecutivo, por lo que se ha desmarcado de cualquier conversación salvo con los partidos afines de la oposición. El único acuerdo entre todos los grupos pasa ahora por nombrar al presidente del Parlamento, Mahinda Yapa Abeywardene, como sucesor interino de Rajapaksa y evitar un vacío de poder. Tras la dimisión del primer ministro, sucesor natural del presidente según las normas políticas del país, la jefatura del Gobierno pasa directamente a la máxima autoridad parlamentaria.

La comunidad internacional sigue con atención los acontecimientos en Sri Lanka. La ONU ha pedido que no se agraven los probemas derivados de la crisis económica en el país, que entre otros perjuicios se traduce en la peor precariedad alimentaria sufrida por su población. Estados Unidos ha llamado a todos los líderes políticos nacionales a buscar una solución rápida y de consenso para «mejorar la nación entera».

Enclavada en el Océano Índico, esta isla de 21 millones de habitantes vive desde la primavera uno de los peores momentos de su historia por una absoluta falta de divisas extranjeras que le impide abastecerse de gasolina, alimentos y medicinas. A finales del mes pasado, el Gobierno debía a sus proveedores de combustible 700 millones de dólares (687 millones de euros) y solo podía pagar 130 millones de dólares (127 millones de euros). Naciones Unidas alertaba además recientemente que casi el 80% de las familias atravesaba serias dificultades y no podía hacer tres comidas al día debido al alza de los precios.

Al borde de la bancarrota, las autoridades han racionado tanto la gasolina que cada día se forman colas de hasta diez horas para repostar, lo que ha provocado una escasez general de productos por los problemas del transporte y disparado la inflación un 54%. Sin medicinas ni personal, los hospitales han reducido sus operaciones y los colegios, que han pasado cerrados buena parte de los dos últimos años por el coronavirus, también han cortado las clases. El Covid-19 ha asestado además un duro golpe a este país, que durante dos años ha perdido una de sus principales fuentes de ingresos: el turismo.

Aguantando estas penurias durante meses, la reciente decisión de usar la gasolina solo para los servicios esenciales, como los hospitales, el transporte de alimentos, la agricultura, puertos y aeropuertos, ha provocado la explosión final de los ceilandeses. A pesar de los racionamientos, cientos de miles de personas llegaron el viernes por la noche desde otras partes del país a la capital, Colombo, para el «golpe final» al Gobierno.

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La Policía y el Ejército han disparado gases lacrimógenos contra los manifestantes /REUTERS

Gases lacrimógenos

Ni el toque de queda ni los gases lacrimógenos disparados por la Policía consiguieron frenar este sábado la revolución, que tomó el centro administrativo de la capital. Rebasando los cordones de seguridad en sus violentos enfrentamientos con los antidisturbios, que dejaron al menos medio centenar de heridos, los manifestantes ocuparon el palacio presidencial, donde se bañaron en su piscina como la más clara prueba de su triunfo.

El asalto obligo a huir al presidente mientras los soldados de la residencia disparaban al aire para dar más tiempo a la evacuación. Fuentes del Ministerio de Defensa informaron posteriormente que Gotabaya Rajapaksa se hallaba en un lugar seguro, «protegido» por una unidad militar de la Marina.

Con información de El Correo