Amarilis y el “deo” del crucigrama
Un crucigrama es un pasatiempo muy entretenido que consiste en una cuadrícula en la que hay que escribir palabras que se cruzan tanto verticalmente como horizontalmente. En la cuadrícula hay casillas blancas, donde se tienen que escribir las letras, y casillas negras que separan las palabras. Para poder jugar habrá que leerse atentamente las definiciones que se le proporcionaran para adivinar cuáles son las palabras escondidas en el crucigrama.
Fue inventado por un periodista de origen inglés, Arthur Wynne quien trabajaba en el suplemento festivo que, con el nombre Fun, publicaba los domingos el New York World. El director de ese medio le pidió creara un nuevo pasatiempo, entonces Wynne, obligado por las circunstancias, recordó una especie de rompecabezas del siglo XIX llamado Cuadrado Mágico, que su abuelo le había enseñado a resolver, lo modificó y creó una lista de “claves” horizontales y verticales, desafiando al jugador a deducir de las definiciones las palabras adecuadas.
En la edición del 21 de diciembre del World, año 1913, los lectores norteamericanos se encontraron ante la primera versión mundial de un crucigrama. El nuevo pasatiempo se hizo “viral”, para usar un término moderno, y se hizo extremadamente popular en todo el mundo, un best-seller, produciendo un inmenso e inesperado beneficio a las grandes editoriales y librerías.
En Venezuela, el crucigrama se convirtió en un fenómeno a partir de los años 1960. En el estado Falcón miles de aficionados reservaban en librerías y puestos de venta, libros, revistas, periódicos, folletos dedicados a promoverlo y gran parte de su tiempo lo dedicaban a este “ejercicio mental” bueno y provechoso como algunos lo definían
Puerto Cumarebo también se incorporó a esa legión de practicantes de tan atractivo y contagiante ejercicio y entre esos fanáticos mi cuñada Amarilis González, sobresalía, las revistas, o periódicos que divulgaban crucigramas eran ávidamente atendidos por ella y en una hamaca, escuchando rancheras en un radio portátil, pasaba la mayor parte del tiempo resolviendo crucigramas
La inveterada costumbre de hacer el ejercicio a diario le había proporcionado habilidad mental para ubicar palabras en el crucigrama, muchas veces la ortografía o la sintaxis le causaban problemas para hacer exitoso el cruce de las mismas y en una oportunidad el formato exigía en posición vertical una palabra con tres letras, la indicación decía “parte de la mano humana”. Amarilis se vio la mano y sin dudar escribió “deo” pero notó que la palabra “horizontal” no coincidía, rabiosa le preguntó a Leida, quien amablemente la corrigió –“deo” no es parte de la mano-, la palabra solicitada es, “uña”. Amarilis, corrigió y pudo resolver el crucigrama no sin antes refunfuñar volviendo a ver su mano con el dedo largo y la uña pintada al final del mismo.
Dr. Ernesto Faengo Pérez


