Opinión

Al acecho de la imagen, por Ana Cristina Chávez

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

La fotógrafa estadounidense, Annie Leibovitz, afirma: «la fotografía es comunicación y permite el intercambio de experiencias. Nos permite mostrar a otros lo que vemos, las cosas que nos fascinan, las personas y los lugares que amamos y apreciamos».

La imagen, como forma de expresión, se adueñó de los sentidos, y la fotografía como arte ha perpetuado vivencias, momentos y memorias. Los fotógrafos se convirtieron en cazadores de seres, de objetos, espacios y de todas las representaciones de la luz que los baña.

Quien toma fotos, aunque no ostente el título de fotógrafo(a) profesional, es capaz de capturar instantes y eternizarlos en gestos, colores y ambientes. “La fotografía es una respuesta que tiene que ver con el reconocimiento momentáneo de las cosas. De repente estás vivo. Un minuto después no hay nadie. Acabo de ver cómo se evapora. Miras en un momento y hay de todo, al momento siguiente se va. La fotografía es muy filosófica”, asegura Joel Meyerowitz, fotógrafo de Nueva York.

El saber mirar y cómo mostrar lo que vemos requiere estudio, pero también intuición, así como sentido de la oportunidad. Al respecto, cuatro artistas de la imagen opinaron sobre este tema, y sus comentarios están recopilados en el artículo «100 frases para la posteridad dicha por fotógrafos», publicado en la página web de xatacafoto.com, cuyo contenido hoy nos sirve de referencia:

 «La artificiosidad autoconsciente es fatal, pero ciertamente no afectaría estudiar la composición en general. Tener una comprensión básica de la composición ayudaría a construir una imagen mejor organizada”, explica Berenice Abbott. En contraste, reivindicando el instinto fotográfico, Elliott Erwitt resalta que “toda la técnica en el mundo no compensa la incapacidad de darse cuenta de algo”. En el mismo orden de ideas, Joe McNally, revela: “No puedo decirte cuántas fotos me he perdido, ignorado, pisoteado o por cualquier otra razón, solo porque estaba empeñado en obtener la toma que yo creía que quería”; “Consultar las reglas de composición antes de hacer una fotografía es como consultar la Ley de la gravedad antes de salir a caminar”, remata Edward Weston.

En el milagro creador de una buena foto, no basta el ojo divino del artista, pues un conjunto de elementos y circunstancias confabulan a favor de la imagen y requieren por igual, la acertada mirada de quien se ubica detrás del lente, como la del espectador-expectante del producto logrado. «Una fotografía es una colisión entre una persona con una cámara y la realidad. La fotografía suele ser tan interesante como la colisión”, confiesa Charles Harbutt. “Debes dejar que la persona que mira la fotografía haga algo para terminarla. Deberías ofrecerles una semilla que crecerá y les abrirá la mente”, recomienda el francés Robert Doisneau.

Similar relevancia poseen aquellas sensaciones que se generan al capturar el juego perfecto de  luz, sombra, imagen y movimiento.  El mismo Doisneau explica: «Hay días en que el simple acto de ver parece ser como la verdadera felicidad»; sin embargo, David Alan Harvey propone: «No dispares a lo que parece, hazlo a lo que transmite”. Sabiendo la necesidad de ponerle corazón al oficio, Don McCullin reflexiona: “La fotografía para mí no es mirar, es sentir. Si no puedes sentir lo que estás mirando, entonces nunca lograrás que los demás sientan nada cuando miren tus fotos”.

Y es que las imágenes cuentan historias. “Hacer una fotografía es más bien como escribir un párrafo o una pieza corta, y realizar una serie completa de fotografías es como producir un escrito de muchas maneras. Existe la posibilidad de hacer declaraciones coherentes de una manera interesante, sutil y compleja”, asevera David Goldblatt. Por su parte, el húngaro Andre Kertesz, apunta: “El alfabeto no es lo importante. Lo importante es lo que estás escribiendo, lo que estás expresando. Lo mismo ocurre con la fotografía”.

Eternizar pensamientos-imágenes es uno de los propósitos de escribir con la luz, por eso el fotógrafo galo Robert Doisneau develó: «Nunca me he preguntado por qué tomo fotos. En realidad, la mía es una batalla desesperada contra la idea de que todos estamos destinados a desaparecer. Estoy decidido a impedir el paso del tiempo. Es pura locura”.

Hombre al acecho

                                    El hombre camina y mira como buscándose a sí mismo,

suerte de espía del horizonte tornasol,

ave de rapiña tras la presa al vuelo,

cazador furtivo de la imagen,

observa a su víctima, calcula y dispara.

El hombre camina y mira como buscando al otro,

la sonrisa del niño azul,

el rostro surcado por los rieles de los años.

Observa y siente, sabe que palpita más allá de su mirada.

El hombre espera, sabe esperar

el instante  en sus ojos cristalinos

reflejos de toda la perfección del mundo.

Corsario del océano de las mariposas,

bandada de bueyes, graznido de hormiga,

claroscuro, cóncavo y convexo.

El hombre espera, sabe esperar

el silencio de la hoja cayendo,

del campo en flor,

del huérfano llanto de un seno.

Noche luminosa en sus manos,

bulliciosa tarde ambarina, retrato azaroso.

El hombre busca y se mira,

sabiéndose eco ancestral,

dueño absoluto de la eterna longevidad.

                                                                                         Ana Cristina Chávez.