Opinión

A los penales

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Douglas Jatem Villa

Se sabe que la realidad de la condición de vida del pueblo venezolano es demasiado trágica. Esto ha sido así desde hace ya un tiempo largo, y es algo que se ha examinado desde diferentes puntos de vista sin que haya sido posible alcanzar una solución al conflicto, ni siquiera agregar algún contenido nuevo a la discusión.

No se ha registrado una acción significativa al respecto, ni por parte del gobierno cuyo interés es la conservación del poder, ni por parte de la oposición orientada principalmente a la conquista partidista y sectaria del sillón de Miraflores. Esto nos trae a una sociedad disgustada con todos los sectores en pugna, mas con el gobierno que debería posibilitar el acceso de la gente a los bienes y servicios esenciales, pero también con la oposición que no se esfuerza en lograr la sobrevivencia de la población, la cual termina en su mayor medida alejada de ambas partes.

Debe reconocerse que la calidad de vida obliga a las partes a procurar en conjunto la solución, que es imperioso aplicar otra forma de lucha, pero se tiene que admitir que esto no es que sea imposible, pero si improbable dadas las tan extremas diferencias y perdidas diversas que se arriesgan, especialmente tomándose en cuenta lo que se ha observado en materia de castigo a la corrupción   y otras modalidades inmorales e ilegales. Esto significa un mayor posicionamiento de las partes, sin negarse a una negociación legitima, la cual debe reconocerse como se sabe de menor credibilidad.

Se puede apreciar que la condición debilitada del gobierno, derivada de su fracaso en materia de sobrevivencia de la población, la puede “compensar” con su mayor disponibilidad de recursos, incluyendo la fuerza de seguridad. Tratando de resumir, se pueden identificar tres posibles salidas a la situación: a) El gobierno se mantiene; b) El gobierno cae; c) Situación indefinida, o actual.

Se puede aceptar que la probabilidad de mejoría es mayor para la oposición, quizás por ser menos cargable con la durísima sobrevivencia de la población, pero se insiste en la necesidad de cambiar el modelo de lucha, debe abandonar la persecución partidista del poder y posibilitar la integración unitaria de sus fuerzas.

Se reitera que se admite tanto el mantenimiento del gobierno, como su caída.  De lo contrario, la situación se mantendrá estática, hasta que “se agote” el tiempo y se tenga que recurrir a los penales para   generar la solución final del juego.