El arte de vivir sin apuro, por Fredis Villanueva
Desde la Península de la Amistad
Pocas veces nos damos el tiempo de prestarle atención al arte de vivir sin apuro, eso es algo así, como descansar, un poquito en silencio, en tranquilidad e iniciar una especie de introspección, mirar hacia adentro buscando recuperar el balance, el equilibrio y la tranquilidad, que a lo mejor hemos perdido por el exceso de querer hacer todas nuestras actividades y solucionar nuestros problemas de ya para ya, eso al final del día nos desgasta y nos hace perder el sentido y el disfrute de nuestro diario vivir.
Recordemos como dicen los jóvenes: “Bájale dos”, o como decían nuestros padres cuando nos veían apuraditos porque íbamos a jugar: “Agarra mínimo mi hijito”, o como dicen los colombianos: “Cuál es el afán, paisa”, yo mismo acostumbro decir: “Ya’ va quédate quieto”. No importa como lo digamos, lo importante es que la serenidad es fundamental para alcanzar una vida plena y satisfactoria.
De vez en cuando nos hace falta un alto, bien vale la pena detenernos a reflexionar sobre la vida que llevamos, la prisa y la tensión con la que vivimos, el poco tiempo de calidad que tenemos, el estrés, la ansiedad, y el desasosiego que sentimos; también la necesidad que tenemos de aprender a reducir la velocidad a nuestros apuros cotidianos para lograr una vida mucho más reposada y saludable.
Aminorar la velocidad a nuestra prisa, no significa quedarnos inmóviles, eso implica tomarnos el tiempo necesario para estar claro cómo y cuándo debemos actuar de la forma más efectiva posible, sin dejarnos llevar por las emociones apasionadas y el apuro.
En mi muy humilde reflexión final, pienso, (no tiene por qué ser una imposición), que lo que en realidad le da calidad a nuestros días es tener tiempo para conversar sin apuro; compartir saludos y bendiciones bien temprano con las personas que apreciamos y reconocer la importancia de su presencia en nuestra vida; detenerse unos minutos para contemplar un paisaje, una puesta o salida de sol, disfrutar la belleza de una luna llena cuando viene saliendo después que se oculta el sol; deleitarse preparando una comida con amor; embelesarse leyendo un buen libro; gozar de un buen momento de silencio, de unos minutos de meditación y reflexión; reconocer que se está vivo y contentarse; valorar la magia implícita que aparece en la solución de un problema, en la calma y la fortaleza que experimentamos ante una circunstancia adversa; tener la disposición para conectarse con otros con empatía en un momento de solidaridad; tener la capacidad de observar y reconocer los pequeños milagros que se manifiestan en nuestra vida, en la de los demás y agradecerlos.
En síntesis: el arte de vivir sin apuro, es una cuestión de hábitos, no son necesario los cambios drásticos. Así como nos acostumbramos a la comida rápida y a otras cosas exprés, podemos redefinir nuestras vidas y reconectar con el cuerpo y la mente. En una vida con paciencia y sin prisa, lo único rápido es la sencillez consciente: mejor salud, relaciones más amables, mayor conexión con las personas, cosas y seres vivos que nos rodean y, eso redunda, en salud y felicidad en nuestro diario vivir.
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¡Un abrazo lleno de bendiciones! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!
Por Fredis Villanueva.


