Opinión

El regreso

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¿Qué he sentido desde que regresé a Venezuela? Me he hecho esa pregunta casi desde que llegué, es una pregunta que también me han formulado amigos, familiares y compañeros, tal vez es difícil de responder, porque en sí encierra un gran proceso íntimo y de reflexión, un proceso de asimilación y de evaluación.
Desde que pisé tierra venezolana sentí un océano de emociones, casi un torbellino de sentimientos producto de todo lo que hemos vivido en lo personal y como sociedad.
Sentí el calor, la emoción y la fuerza de todo un pueblo que no se ha rendido ni se rendirá; sentí ese ardor por la libertad que subsiste en el alma de toda la nación, que yace en lo más profundo de nuestro corazón nacional, que vive en la esperanza de una ciudadanía que ha sufrido, pero se niega a seguir viviendo lo que hasta ahora ha vivido.
Sentí orgullo de ser venezolano porque palpé la fuerza de este país, la resiliencia de una sociedad que ha sufrido, que ha sido humillada, golpeada, vejada y ultrajada, y a pesar de todo ello sigue de pie.
No lo voy a negar, también sentí rabia.
Esa rabia producto de la indignación al ver a nuestra gente padeciendo por una crisis económica que día a día cae sobre nosotros como un látigo.
Una crisis que día a día golpea el estómago de miles de venezolanos, que vacía los bolsillos de los padres y madres de familia, y enflaquece los cuerpos de una sociedad que ha sido engañada y utilizada.
Y a la par de esa rabia, palpé el espíritu de todo un pueblo, de millones y millones de venezolanos, que se levantan todos los días, que trabajan, que se fuerzan, que sueñan, que no dan su brazo a torcer.
La esperanza de ese venezolano que confía en María Corina Machado, porque María Corina jamás lo ha engañado, porque María jamás lo ha defraudado.
Porque María Corina es el reflejo de su propia fuerza, es el reflejo de su propia dignidad, es la personificación de la voluntad de cambio de los venezolanos.
Hoy, al recorrer Venezuela, al abrazar a los venezolanos, al hablar con madres y padres de familia, al conversar con los jóvenes, con los adultos mayores, con los obreros, con los profesionales, con las amas de casa, con todos, me convenzo que tenemos el ímpetu para concretar la libertad, y ese ímpetu es la energía y el ejemplo que día a día nos da María Corina.
Mi corazón de venezolano arde en las llamas de un sentimiento de lucha por la libertad, se alza en la emoción de que juntos vamos a liberar de verdad verdad a Venezuela; de que juntos y con María Corina concretaremos la transición que el país anhela y que la historia nos demanda.
Los causantes de toda la tragedia venezolana, los chavistas y sus cómplices que han desgobernado Venezuela por casi 30 años, están de salida. Tienen el sol en la espalda, no tienen forma de perpetuarse en el poder, su fecha de caducidad ya llegó.
Ellos tendrán que responder por todo el desastre que han provocado, por las inmundicias que han perpetrado, por todo el caos que han producido, por todo el mal que sembraron.
Y están llamados a dirigir el futuro, tienen el deber de trabajar para que el país sea mejor.
¡Entonces! ¿Qué sentí? Muchas emociones; y ¿Que siento ahora? El compromiso de lograr que Venezuela sea libre, el deseo de ayudar a los venezolanos a vivir dignamente, las ansias de que podamos vivir  como nos merecemos como nación.
Sin más nada que agregar, nos leemos la próxima semana.
Por Omar González Moreno