Opinión

Ser hoy mejor que ayer 

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   En mi reflexión de la semana, comienzo por decir que una reflexión puede ser originada por un hecho cotidiano o una frase de algún escritor famoso o de una canción, tal cual, fue mi reflexión de esta semana, después de escuchar la canción del argentino Diego Torres: «Hoy soy mejor que ayer», que invita a no rendirse tras las caídas. De ahí, que la parafraseo y coloco como título, a mi reflexión de la semana: ser hoy mejor que ayer, luego memorizo una frase del escritor francés y Premio Nobel de Literatura (1947), André Gide, quien llegó a afirmar: «Todas las cosas son ya dichas; pero como nadie escucha, hay que volver a empezar siempre», la frase de Gide, nos aclara que nadie tiene la última palabra, por eso, tenemos que seguir adelante en un proceso continuo para ser cada día mejor que el día anterior. Pero, eso sí, mejor que uno mismo, no mejor que los demás, nuestra lucha es interna, no externa y, en ese sentido, que cada quien haga lo que mejor le parezca, que nosotros hacemos lo nuestro: aprender, crecer, y seguir adelante; cada día, un poco más, en nuestro empeño de mejorar. 
   Así que, sin más preámbulo, SER HOY MEJOR QUE AYER, significa enfocarse en el crecimiento personal permanente con paciencia y disciplinadamente. Esto no se trata de competir con los demás, sino de superarse uno mismo, quien es nuestro único rival a vencer. Así mismo, aprender de nuestros tropiezos y dar pequeños pasos diarios hacia un mejor porvenir.
   Por otro lado, según la filosofía estoica, SER HOY MEJOR QUE AYER, significa enfocarse en el crecimiento personal diario a través de la virtud y la razón, cumpliendo únicamente con uno mismo, sin buscar una perfección imposible, sino avanzar un poco más cada día en el dominio de cada quien, de sus propios actos y pensamientos. Además, los estoicos miden el progreso diario solo frente a la persona que antes fuimos, nunca frente a los demás e ignorando lo ajeno.
   En lo personal, pienso que en el camino de la vida hacia nuestro crecimiento personal y en la búsqueda constante de SER HOY MEJOR QUE AYER, debemos evitar a toda costa, cualquier manipulación en la que procuran compararnos con otro (s), porque realmente nuestra verdadera competencia, no es externa, sino interna… 
En conclusión, SER HOY MEJOR QUE AYER, es un recordatorio que nos indica que nuestro auténtico objetivo, es superar nuestros propios retos y desafíos. Esto implica, celebrar nuestras pequeñas victorias día tras día, enfocados en nuestros esfuerzos por ser una versión más fuerte, sabia y amable con nosotros mismos. Teniendo en cada amanecer, con el favor y la bendición de Dios, la oportunidad de aprender, crecer, mejorar y seguir adelante. 
    Para finalizar, al final del día, -valga la redundancia-, revisemos nuestras acciones para ver qué aprendimos y qué podemos corregir, porque la clave está en el crecimiento continuo, no en la perfección. Así que, HOY, sí porque sí, tiene que SER MEJOR QUE AYER.
   Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
   ¡Un abrazo en la distancia lleno de paz e infinitas bendiciones!
 Por Fredis Villanueva.