Crónicas del Cumarebo Aquel: EL Bar de Pancho Blanchard y el Liceo Ezequiel Zamora
El pasado sábado 4 de octubre conmemoramos en Puerto Cumarebo 51 años de la Primera Promoción del Liceo Ezequiel Zamora institución educativa creada en 1969. Durante los años 1969- 1973 el Liceo Ezequiel Zamora compartió sede entre la antigua casona donde había funcionado el Hospital Francisco Bustamante y una casa contigua a la Funeraria de los Petit ubicada en la calle industria de Puerto Cumarebo, un poco más allá, haciendo esquina con el callejón cruz verde estaba la casa de Don Pancho Blanchard y su esposa Solita, en ella funcionaba una bodega-bar, atípico, con una Rockola cargada de música de la época, y que además de la venta de cerveza tenia expendio de dulces, conservas, refrescos, helados, galletas, caramelos, paledonias, lápices y bolígrafos, posiblemente la venta de estos artículos se debía a la gran cantidad de alumnos que frecuentaban la bodega para adquirirlos según sus necesidades.
Los cursantes de la única sección de 4°año de bachillerato establecimos una relación filiar con Pancho, le tomamos mucho cariño, confianza y aprecio especial, lo veíamos como un padre-abuelo, lo respetábamos y admirábamos y él, nos trataba como sus hijos.
Nunca nos dejaba padecer por falta de dinero, nos daba fiado desde cerveza, hasta galletas o helados, incluso hasta el bolívar para que la Rockola nos despechara con canciones de Julio Jaramillo, Daniel Santos o los Ángeles Negros, hasta la recordada anécdota contada por Amador Musset de la primera huelga estudiantil que enfrentamos la policía con limones que obteníamos de un frondoso limonero que adornaba el patio trasero de la casa de Don Pancho
En 1974 nos mudamos a la nueva sede del LEZ en San José Obrero, al frente de la urbanización Jorge Hernández, recibimos el título de bachiller el 4 de octubre de ese mismo año, pero nunca nos separamos de aquella singular bodega de aquel paciente hombre que tanto afecto nos dio en aquellos años estudiantiles con su nobleza, su amorosa dedicación a oírnos y aconsejarnos, sus dulces galletas, su mano limpia pecosa y tendida.
Cuanta nostalgia las tertulias con Amador Musset, Alirio Guerrero, Coromoto Navarro, Rolando Boscán, Gustavo Álvarez cuantas lágrimas de tristeza o de alegría en aquella Rockola consentidora y expresiva que evocamos hoy como uno de los sentimientos más preciosos de nuestra pasantía por aquellas aulas de aquel único e inolvidable Liceo Ezequiel Zamora,
Dr. Ernesto Faengo Pérez


