Miel y Salmuera | Viaje por el Norte es Sur de Carrión
Por: Ana Cristina Chávez Arrieta
Imagina un animal hecho con partes de varias especies, luego imagina un tipo de escrito que difumina los límites entre géneros y no discrimina entre hocico, pico o trompa, relincho, mugido o graznido; imagina entonces que abres un libro de crónicas y es justo lo que encuentras: un ornitorrinco de tinta y papel, tal como Juan Villoro definió la crónica.
Sin pretender emular a las caricaturas, piensa que el animal empacó su maleta varias veces y emprendió viajes a Bolivia, Chile, Brasil, México y Argentina para al cabo de unos años, obsequiarnos historias y vivencias con las personas que habitan las ciudades que recorrió y que aprendió a describir.
«Norte es sur. Crónicas Panamericanas» es el libro de Jorge Carrión, publicado en el año 2008 por el Grupo Editorial Random House Mondadori, en el que encontrarás un collage de experiencias, testimonios, reflexiones, bitácoras y ensayos hilados finamente por el autor español nacido en la ciudad de Tarragona en el año de 1976.
En el prólogo del libro, Edgardo Cozarinsky afirma que «ningún viaje es inocente. El que escribe su viaje se expone ante el lector tanto, si no más, como el que finge desnudarse declarándose primera persona narrativa, inventando el yo autobiográfico». Así, a través de quince crónicas Jorge Carrión nos invita a conocer la geografía del sur con datos que se pasean entre el presente suramericano, la ancestralidad mexicana, los recuerdos de Europa y la añoranza de un hogar/casa en permanente comparación frente a los nuevos paisajes.
Carrión nos explica que «cada ciudad resume el mundo. De cuatrocientos mil habitantes, Cochabamba, como el mundo, se divide en dos hemisferios. El hemisferio rico, con sus avenidas limpias e iluminadas, sus condominios, sus bloques de apartamentos de lujo donde los paceños de papá como C., se alojan durante sus años de universidad. En el ecuador está el centro histórico, que los cochabambinos del norte solo visitan de vez en cuando…» (pág. 20)
En otro apartado, en tono confesional luego de visitar las casas de Pablo Neruda y Matilde Urrutia y ver la diversidad de objetos que coleccionaba el poeta, el autor declara: «Entonces salí a la calle y me di cuenta de que nunca había tenido una casa. Que los dos hogares -infancia y adolescencia- que me habían dado mis padres habían sido eso, mis hogares, pero no mis casas. Que ninguno de los tres pisos que había alquilado hasta entonces en Barcelona había sido mi casa. Por eso, precisamente, había pensado hasta entonces que era libre, porque la desposesión, a mis ojos, pasaba por el alquiler, lo provisional, lo nunca tuyo aún. No sé (no sabía, no sé) si la libertad tiene que ver con eso. Solo mi estudio, en mi último piso, antes de partir y vender mi computadora, la bicicleta, los electrodomésticos, los muebles, todo menos la ropa y los libros, los libros que habían logrado que aquel estudio fuera lo más parecido que nunca tuve a una casa, aquel estudio que hasta mi llegada había sido una habitación de matrimonio, solo allí pude acercarme a un sentimiento de habitar en un lugar propio. Cómo apropiarte de las cosas. Cómo conseguir que te pertenezca todo eso que diariamente te rodea.» (pp. 44-45)
Como lectora, sin dudarlo, decidí apropiarme del libro de Jordi como si me aferrara a mi mochila de viaje, sin boleto, sin pasaje, sin reservación de hotel, pero con el deseo de aventurarme y explorar las letras contenidas en el texto que conseguí casi escondido en la parte baja de un mesón de una librería de la ciudad.


