Opinión

Miel y Salmuera | Pájaros en la ventana

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Por: Ana Cristina Chávez Arrieta

  Con las ventanas siempre abiertas durante el día y sin ningún obstáculo físico que nos impida visualizar parte del amplio paisaje urbanizado de la zona norte de la ciudad, en mi hogar le damos la bienvenida al grupo de aves que nos visitan para tomar agua y comer en nuestro balcón.

     Sin la experticia suficiente para reconocer las distintas clases de pájaros y analizar sus comportamientos, nos atrevemos a observarlos y aprender cómo conviven en armonía o luchan por su espacio vital para consumir la mayor cantidad de alimentos. Sus cuerpos con plumas grises, negras y blancas contrastan con la variedad y fuerza de sus cantos; una pequeña pareja es la que entona con mayor intensidad las melodías y desde temprano anuncia su llegada para reclamar la puesta en funcionamiento del comedero.

Las aves son sinónimo de libertad y muchas veces de creatividad. En nuestra vida cotidiana son diversas las expresiones que tienen como referentes sus cualidades y características. “Pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”, fue una frase que eternizó la pintora mexicana Frida Kahlo, cuando supo que debían amputarle una de sus extremidades inferiores.

   “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, es un refrán que nos habla de la necesidad de asegurar algo que nos garantice estabilidad económica y tranquilidad mental, frente a lo que parece mejor pero que resulta incierto. “Creer en pajaritos preñados”, es una forma coloquial de decirle a alguien que es inocente o ingenua, y cuando una persona llega a un lugar de manera inesperada o luego de un largo tiempo sin verla, es frecuente exclamar con asombro y un dejo de ironía “caramba, ¡pájaro de mar por tierra!”.

   Igualmente, ¿a quién no le han dicho alguna vez que parece un gallito de pelea si fija posición ante la injusticia o que frente a una situación amenazante sacó sus espuelas? También es común escuchar que una mujer que desarrolla la maternidad y siempre está con los hijos, parece “mamá gallina con sus pollitos”. Así, las aves están presentes en nuestro lenguaje mediante metáforas y analogías: “tener visión de águila”, “matar dos pájaros de un tiro”, “mi casa es mi nido”, son frases recurrentes, incluso en psicología existe el síndrome del nido vacío, para referirse a la sensación de soledad que experimentan los padres cuando sus hijos se van del hogar.

   Del mismo modo, si abordamos el mundo de la música encontraremos diversas canciones cuyos títulos y temáticas tienen como eje central a estos animales alados: “Gavilán o paloma”, “Cucurrucucú paloma”, “La gallina turuleca”, “El gallo pinto”,  «El pollito Pío», «La gaviota», «Pavo real», «Blanquísima gaviota», «Gavilán pollero», «El alcaraván», son algunas interpretaciones. Finalmente, la literatura ha dedicado páginas y numerosos libros al tema de las aves o se han basado en ellas para bautizar sus obras: Juan Salvador Gaviota y Alguien voló sobre el nido del cuco son dos ejemplos que vienen a mi memoria. La verdad es que las aves, su canto, vuelo y espíritu libre inspiran la existencia humana hasta el punto de buscar ser como ellas, construyéndose alas lo suficientemente fuertes para cruzar océanos y continentes, aunque algunos solo puedan volar en sueños o apenas mirando a través de un ventanal.