Opinión

Cumarebo entre la nostalgia y la esperanza

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Dr. Ernesto Faengo Pérez

Una de estas tardes calurosas y reflexivas salí de mi casa caminando en dirección al centro, como decimos en Cumarebo, bajando por la calle municipal llegue a la Plaza Bolívar, poca gente, escasos dos taxistas también agobiados por el calor conversaban asuntos cotidianos del vivir y sentir en el cambio de los tiempos del Cumarebo aquel.

Me senté en uno de los bancos de esa centenaria plaza al frente de la iglesia la Candelaria  y de repente mi memoria me condujo a las imágenes de  aquellas misas  de aguinaldos que aparte del fervor religioso tenían sentido popular y festivo, evoque  aquellas madrugadas donde la Iglesia la Candelaria y la Plaza Bolívar eran centros de encuentro de multitudes de zamoranos que celebramos la navidad con alegría, respeto y vocación cristiana.

Recorrí aquellos emblemáticos centros sociales imágenes del sentido anfitrión y sociable del Cumarebero para disfrutar la suave brisa del mar evocando el ambiente y la música del Balneario Bella Vista, de Santa Rosa, de Barranquita, se bailaba al son de la Billos Coro Boy, La Sonora Tropical de la Vela. Totico y su combo, El Supercombo los Tropicales, muchísima gente de todas partes venía a comer pescado en el Ranchito y disfrutar la hospitalidad del Cumarebero y la belleza de la mujer zamorana.

La tarde claudicaba y las primeras sombras de la noche cubrían el cielo cumarebero y mi imaginación seguía avanzando dirigida ahora a las calles del Cerro, leo el letrero desteñido “hojas del recuerdo” del antiguo y emblemático bar de Yita, observo el Hospital Francisco Bustamante, sigo vía al centro, en la calle industria me detengo frente a la vieja casona donde funciona la Casa de la Cultura Simón Bolívar, evoco aquellos talleres donde tantos jóvenes aprendieron oficios para ganarse la vida como decían antes en aquella escuela artesanal que formaba y educaba hombres y mujeres para incorporarse al mercado de trabajo en la propia zona, escuela artesanal dirigida y fomentada en alma y corazón por  grandes educadores zamoranos.

Regreso una cuadra en la calle industria y recreo mi mente  observando un moderno edificio comercial construido donde antes funcionó la bodega de Pancho Blanchard el sentimiento más precioso de nuestra pasantía por aquellas aulas del Liceo Ezequiel Zamora  su nobleza, su amorosa dedicación a oírnos y aconsejarnos, sus dulces galletas, su mano limpia pecosa y tendida cuanta nostalgia las tertulias con Amador Musset, Alirio Guerrero, Coromoto Navarro, Rolando Boscán, Gustavo Álvarez cuantas lágrimas de tristeza o de alegría en aquella Rockola consentidora y expresiva

Sigo por la calle la paz vía al Zabilar entro al viejo y deteriorado estadio Hipólito González,   recuerdo que Cumarebo era una cantera productiva de peloteros de inmensa calidad que dejaron su marca en toda la geografía nacional testimoniando su calidad, empuje y fortaleza como deportistas, Guadalupe Vargas, José ·”Chaveco” Saavedra, El Zurdo Aguilar, “Monche Explosión” “Juanchito Jiménez” entre otros

Pasadas Las nueve de la noche regresé a mi casa, saludé mucha gente en el camino, gente sencilla, común, afable, bonachona amante de su tierra, esperanzada, hospitalaria, soñadora y parrandera, trabajadora y querendona de su familia, aferrada al sueño perpetuo de un futuro mejor, preocupada, que ama la historia de su pueblo y lucha por conservarla y mantenerla, es el ciudadano que aspira siempre lo mejor y se sobrepone para levantar las barricadas, sumar voluntades que impulsen la recuperación de nuestra tradición y forma de ser, para desterrar las sombras de los que lo llevaron y sumieron al más inmerecido retroceso, esperanzado y motivado que la luz del porvenir más temprano que tarde nos envolverá hasta hacer realidad  sus sueños.