La tranquilidad no tiene precio
En mi pueblo natal, Los Taques, donde viví mis primeros 14 años, llenos de travesuras, recuerdos, cuentos, anécdotas e historietas, como para escribir un libro, por lo general, muy poco pronunciaban la palabra tranquilidad, sino más bien, las palabras calma, quieto y sereno. Cuando todo estaba tranquilo, se decía: “Hay Calma chicha” o cuando por ser niños, no parábamos de jugar o estábamos extremadamente alborotados, nos decían: “Quédate quieto” o “Serenate”
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