Opinión

Pensar por uno mismo, por Fredis Villanueva

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Empecemos por decir, que sin duda alguna, pensar es la función más importante a la que debemos enfrentar los seres humanos, y es algo que, además, tenemos que hacer a diario.  En este sentido, podemos decir sin temor a equivocarnos, si pensar fuese una tarea natural y fácil, todos seríamos unos genios. Lo que pasa es que no les prestamos mucha atención al pensamiento, sobre todo, si tenemos en cuenta su alcance a la hora de resolver determinados problemas, tomar decisiones, hacer planes y enfrentarnos a las situaciones en general… Así que, sin más preámbulo, pasemos a profundizar más el tema de hoy: “Pensar por uno mismo”.

Uno de los logros que debería alcanzar cualquier persona es ser capaz de pensar por sí mismo. Desde el nacimiento hasta la vida adulta, son muchas las etapas que hay que recorrer para llegar a nuestra autonomía mental y psíquica.

El bebe nace en un estado de total dependencia del otro. Necesita que se ocupen de él para sobrevivir. De esta dependencia inicial a la independencia del adulto hay un largo camino. Una de las bases fundamentales de ese camino, es la capacidad de generar nuestros propios pensamientos y puntos de vista.

Cuántas veces hemos creído, que siempre pensamos por nosotros mismos. No obstante, si nos concentramos en nuestros pensamientos, nos daremos cuenta que muchas ideas y reflexiones que hemos pretendido ser nuestras, no han sido conclusiones a las que nosotros hemos llegado, se trata más bien, de pensamientos que nos han inculcados. Y, nosotros sencillamente nos hemos encargado de repetir como loros, cosas que han sido dichas o pensadas por otras personas.

En un mundo en el que todo se puede comprar, es natural que nos vayamos acostumbrando, también, a comprar las respuestas en vez de producirlas nosotros mismos. El problema que se nos presenta es que, poco a poco, vamos perdiendo nuestra capacidad de pensar de manera autónoma. Y, con ello, un valor muy elemental para nuestro crecimiento personal: nuestra libertad interior. 

Según la tradición, Buda, afirmó una vez: “No creas en algo simplemente porque lo has oído. No creas en algo simplemente porque es dicho y muchos lo rumoran. No creas en algo simplemente porque se encuentra escrito en los libros religiosos. No creas en algo meramente por la autoridad de tus maestros y ancianos. No creas en tradiciones porque van de mano en mano durante muchas generaciones. Sólo después de observar y analizar, cuando encuentres algo que sea acorde a la razón y conducen al bien y benéfico para uno y para todos, entonces acéptalo y vive según eso”. Sin embargo, nuestra preferencia es dejar que otros piensen por nosotros y eso, no está bien, ya que no permite pensar por uno mismo.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que: la vida es muy corta como para vivir de acuerdo a las decisiones y sugerencias de los demás. Pensar por uno mismo es tener nuestras propias ideas, creencias y opiniones. De esa manera, a partir de nuestro propio discernimiento, es posible plantear y llevar una vida  nosotros mismos. Seguir nuestro propio camino y no dejarnos llevar por modas o persuasiones de otras personas. Obviamente, que el mundo de los demás es de mucha influencia. Somos parte de una red que nos vincula a con todo y con todos… Sin embargo, hay que estar claro que, días tras días, tenemos que labrarnos nuestro camino y luchar por ser uno mismo, para no ser arrastrado por la masa. Uno se tiene que hacer fuerte ante las críticas de los demás y no dejar que eso nos afecte, dar lo mejor de nosotros mismos e ir creciendo como persona.

En síntesis: Somos seres únicos y es eso lo que nos otorga un valor especial a lo singular de cada uno de nosotros… al estar consciente de esto, nuestra autoestima se elevará y, por ende, nos sentiremos mucho mejor.

Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme. Ojalá se sienta gratificado(a) por la inversión del mismo.

¡Un abrazo lleno de bendiciones!

¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.