Opinión

No se debe negar la verdad, por Douglas Játem Villa

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Venezuela no debe continuar desenvolviéndose bajo una indefinición que coloca en tela de juicio la institucionalidad del país. Según decidió la Asamblea Nacional, Maduro no fue elegido en mayo de 2018 Presidente bajo los términos de la Constitución Nacional, lo cual significó su desconocimiento por parte de ese Poder Nacional, y también por una mayoría de la población, e incluso de muchos gobiernos extranjeros. Como era de esperarse, ese hecho llevó a que la Asamblea Nacional designara a Juan Guaido, Presidente de ese cuerpo legislativo, como Presidente Encargado de la República. No es difícil apreciar la bizarra situación de un país con dos presidentes. Más aún, al cabo de más de tres años de deterioro continuado, se observa que existen organizaciones y personas que anuncian su intención de votar en diciembre de 2024 para elegir un nuevo presidente, indiferentes a la calidad institucional del gobierno. En estas condiciones, desde la óptica de una parte de la Venezuela institucional, cabe preguntar cómo se comprende que un gobierno ilegítimo puede ser beneficiado por una especie de borrón y cuenta nueva para participar en esa elección de 2024?.Cómo se puede ser indiferente ante la penuria que tendría que continuar soportando el pueblo venezolano por tres años más, algo que solo puede explicarse como resultado de ambiciones e intereses personalistas y particulares de personas, e incluso de algunos partidos que han terminado siendo considerados cascarones vacios. Será que la humanidad y la dignidad dejaron de existir?.Será que en el ámbito de la política, la ética y la moral no desempeñan algún papel? No se trata de pontificar y tomarse para uno mismo la verdad acera de la planteada ilegitimidad de Maduro, pero la extrema gravedad de la situación exige una clarificación institucional total, sin odios y desprecios por cuanto somos, o debemos ser, seres humanos venezolanos. Evidentemente, el gobierno se ha comportado supuestamente ignorando lo que está ocurriendo, pero la realidad no admite la dualidad referida. En consecuencia es obvia la necesidad de responder en forma absoluta e incuestionable varias preguntas: a)Es Maduro un presidente legítimo. b)Es posible una negociación entre la oposición y un gobierno ilegítimo, y concretamente con Maduro .c)Puede un funcionario ilegítimo ser candidato a la Presidencia de la República d)Pueden las falta o delitos causantes de ilegitimidad ser puestas a un lado con la finalidad de realizar una especie de borrón y cuenta nueva en una negociación entre gobierno y oposición . e)Se ajusta a la ética y la moral una situación como la descrita anteriormente .f)Se puede confiar en que un gobierno ilegítimo acepte un resultado electoral, o similar, que lo desaloje del poder .g)Debe la oposición resignarse a la situación vigente porque no tiene la fuerza política necesaria para producir el cambio de gobierno .h)Debe obligarse a la población venezolana a soportar su crítica condición hasta  que se realice una elección en 2024.No se trata de promover la abstención, de no aceptar el valor del voto popular. Por el contrario se trata de asegurar y garantizar la legitimidad del proceso electoral, de respetar y preservar la institucionalidad de Venezuela, la vigencia de la Constitución Nacional. Cabe preguntar qué expectativa se tiene con relación al comportamiento del gobierno respecto de la planteada elección en 2024. Calidad del proceso electoral?.Reacción ante una posible derrota electoral? Reconociendo la calidad del régimen, se admite la posibilidad de un diálogo honesto?. Si se razona que no se tiene la fuerza para derrotar al gobierno, se concluye en la rendición?.De ser así, qué objeto tiene la elección?. No debe haber resignación y pensar que no se tiene fuerza porque apenas en diciembre de 2020 seis y medio millones de venezolanos exigimos el cambio del gobierno, con toda la vigencia constitucional que significan los artículos 333 y 350 de la Carta Magna.

Es evidente que el sector opositor ha fallado como oposición, que el patrón de comportamiento de los partidos políticos tradicionales no se compagina con los requerimiento que plantea la situación del país. No se trata de una competencia por Miraflores, el cual tiene que dejar de ser tan todopoderoso, tan absolutista como ha sido. Se trata de ser ciudadanos con el poder que corresponde a la sociedad, teniendo a los entes del estado como servidores de la sociedad civil. Si realmente queremos recuperar a Venezuela, debemos reconocer y aceptar que la terrible situación del país es en medida determinante nuestra culpa por comisión y por entregar un excesivo poder a las organizaciones políticas venezolanas, las cuales se deterioraron. Debemos aceptar que tenemos que rectificar, que transitar un camino que exige un nuevo liderazgo. Tenemos que alcanzar que el proceso que tendremos que transitar sea influenciado significativamente por tres fuerzas, las cuales son :a) el desempeño político acertado de la oposición, b)lo muy negativo que continuará siendo el desempeño del gobierno, y c) factores relacionados con la geopolítica internacional. Tenemos que lograr definitivamente que no continuemos haciendo preguntas porque se entra en la etapa de reconstruir a Venezuela