Opinión

Llover sobre mojado(n)

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Douglas Játem Villa

La tragedia que ha vivido el pueblo venezolano es muy conocida y muy sufrida. Prácticamente se ha padecido hasta lo que no se puede imaginar. Por otro lado, se ha referido tantas veces que es prácticamente imposible agregar algo nuevo.

Se  aprecia una división de los venezolanos en tres grupos, uno que rechaza en un   80% al gobierno, incluyendo el  alejamiento de una parte de un 40% a 50% de “escépticos” que no confían en algunos de los dos lados. Se ve un apoyo gubernamental de un 20%. Desde cierto punto de vista se pueden apreciar dos posibilidades o desenlaces, a favor y en contra del cambio de gobierno. La nuestra  plantea prácticamente la negativa a la elección en 2024 si incluye la participación de Maduro, dada su ilegitimidad según lo resolvió la Asamblea Nacional en  enero de 2019 cuando designó  a Juan Guaido Presidente Interino.

Sin embargo, se presenta esta situación a los expertos conocedores del asunto. La nuestra no considera opción el diálogo, a pesar de reconocer su gran significado, porque el gobierno no parece ser de los que aceptan un resultado adverso. Nuestra salida no es violenta porque los artículos 333 y 350 de la Constitución  Nacional posibilitan la solución pacífica.

Esto lleva a admitir la confrontación de fuerza, la cual debería lógicamente indicar la victoria del sector más fuerte. En este sentido, a pesar de la potencia mayor que parece tener el gobierno, cabe responder preguntas cómo cuanto se puede mantener un  gobierno que no puede gobernar?. Cuánto más soporta el pueblo? Cuál será el desenlace de la pugna interna en el seno del gobierno?

Qué tan probable es la experiencia cubana hoy en el siglo XXI?  Luce clara  la desesperación creciente en ambos lados del tema dada la inestabilidad reinante. Luce clara la posición crítica de la oposición verdadera, o legítima, la que considera que no hay resultado peor  que lo vigente, en lugar de la postura conformista. Pero también la oposición debe aceptar que el mundo no está disponible para satisfacer  nuestros deseos tal como los creamos y alimentamos,  razón por la cual tenemos que concebir los deseos a la medida de lo que el mundo puede satisfacer.

Pero se debe registrar responsablemente que  tenemos la capacidad de mejorar esa capacidad del mundo. Ya antes expusimos nuestra posición crítica, según la cual se enfrenta una mezcla de cosas buenas y malas, pero debiendo discernir potenciando lo positivo, lo productivo, sin dejar de asumir el costo de lo sea algo como el precio del rescate.

Responsablemente, sin ánimo de la autocomplacencia, teniendo presente nuestra Independencia, el período 1958-1993 y otros, enfrentamos el reto de la recuperación  de Venezuela. Como  dijo un filósofo, “no se puede filosofar sin predicar”