Opinión

La muerte de un hermano, por Fredis Villanueva

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

El duelo es una respuesta normal ante la pérdida de un hermano, más aún, cuando son dos en menos de una semana. Entendemos que es más doloroso perder un hermano cuando somos niños, que cuando se es adulto y aunque nuestros padres se hayan ido, tenemos el consuelo de nuestro cónyuge e hijos y por ellos tenemos que seguir adelante y también, por nosotros mismos.  Así que, sin más preámbulo, pasamos a desarrollar el tema de hoy: “La muerte de un hermano”.

La muerte de un hermano o hermana, nos causas mucha tristeza, más aún, como ya lo dije en el preámbulo, cuando son dos en muy poco tiempo, como es mi caso en particular.

A los estimados y respetados lectores del Diario “La Mañana”, por su página web: www.lamananadigital.com, les pido un paréntesis para escribir algunas líneas en primera persona, cuestión que no acostumbro hacer con frecuencia, porque estoy consciente que cada quien tiene sus propios problemas y, por lo general, muchos más graves que los míos. De manera, que voy a decirlo aquí y ojalá que al exteriorizar mis sentimientos, sea un alivio para mi alma, extensivo a mis familiares.  

Al referirme a mi hermano, José Manuel Villanueva, a quien cariñosamente le decíamos Cheche (*29-5-1939; +13-10-2021), el mayor de todos mis hermanos, quizás por nuestras diferencias de edad, no crecí junto a él, pero eso no me impidió para nada, que estuviésemos una conexión, no tan profunda como con la de mi otro hermano, Elio Manuel Villanueva, mejor conocido entre sus amistades, como Yeyo (*27-2-1945; +20-10-2021), con quien conviví innumerables anécdotas y hasta nos llegamos a pelear, contentarnos y volver a pelear, para volvernos a contentar.

A mi hermano Cheche, le pido perdón por no haber tenido una relación más cercana con él, sin embargo, eso no significa que no lo quise. Siempre estuve claro, que nuestros padres eran los mismos, es decir, nacimos del mismo árbol y aunque nuestras ramas agarraron direcciones distintas, siempre nos unieron las mismas raíces y estoy convencido que vivirá por siempre en mis recuerdos, hasta que Dios y el tiempo, me aprueban tener memoria.

Con respecto a mi otro hermano, Yeyo, fallecido el pasado miércoles 20-10-2021, por la tarde, es normal que sienta un mayor pesar, porque fuimos pares toda la vida, son muchas las anécdotas y los sentimientos de toda una vida que me asocian a él. En este preciso momento, vienen a mi memoria, tantas anécdotas compartidas. Mi hermano Elio Manuel, era un gran hombre, al igual que mi hermano José Manuel, dejaron huellas de bondad y amor incondicional en los corazones de tantas personas que tuvieron el placer de conocerlos.

El saber que mi hermano Yeyo, asimismo, mi hermano Cheche, nunca más estarán entre nosotros, eso significa para mí, que la vida la tengo que valorar más y continuar con mayor persistencia aportando con humildad, mi granito de arena hasta que logremos el país que la inmensa mayoría de los venezolanos y venezolanas nos merecemos.

Para finalizar, perder a dos hermanos en una semana ha sido, tanto para mi familia, como para mí, una experiencia bastante dolorosa. Sin embargo, el apoyo con su amor y palabras de aliento de mucha gente maravillosa, ha sido de gran ayuda, no solo para mí, sino para mi familia también. De manera, que estamos agradecidos por siempre, por estar presente de una u otra forma, cuando más lo necesitamos. Gracias a todos/as y, en especial, a mi amigo y compadre, Juancho Reyes, que en ningún momento me dejó sólo. Gracias, muchísimas gracias.

Por último, con un poquito menos de tristeza de cuando inicié el tema de hoy, “la muerte de un hermano”, le pido a Dios, que tanto para mi hermano, José Manuel (Cheche), como para mi hermano, Elio Manuel (Yeyo), haga brillar para ellos la luz perpetua y los alberga en su bienaventuranza eterna… PAZ A SUS ALMAS.

Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme, ojalá se sienta gratificado por la inversión del mismo

¡Un abrazo lleno de bendiciones!

¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.