Opinión

La justicia y las sanciones

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Douglas  Játem Villa

 La condición de vida del pueblo de Venezuela es tan mala y complicada que hasta describirla es una tarea cuesta arriba. Obviamente es mucho más  cuesta arriba el vivirla padeciendo tantas limitaciones y carencias, especialmente en materia de bienes y servicios esenciales, como agua, electricidad,  alimentación, educación, salud, seguridad, transporte y demás.

Esta es la realidad en nuestro país, repetidamente  referida hasta el punto de “dudar” en ocasiones si es procedente continuar  planteándola, y que  somete  a una dura prueba la posibilidad de conservar el buen  estado de ánimo que siempre es necesario para  llevar a cabo la existencia.  A lo largo  del tiempo  la humanidad  ha  reconocido  personajes que le han transmitido    mensajes  que la motivan  hacia su  progreso.

Son muchos estos personajes históricos, pero  como no se  trata de indicarlos a todos me limitaré a cinco de ellos,  Simón  Bolívar, Mahatma Gandi, Martin Luther King, Juan Pablo II y  Ludwig Beethoven. No se pretende que sean destacados  por todos, pero al menos no son descalificados por alguien.  

Por otro lado también se ha  anotado  el caso de personas que por el contrario han generado efectos negativos y   decepcionantes que màs  bien  desaniman y desmotivan. Llama la atención, al menos en escala internacional,  el caso de un muy conocido actor cinematográfico,  Robert De Niro, quien  se presenta   ante  el público   cuestionando  muy severamente a las personas que, para él, significan una  influencia  muy dañina para la humanidad.  

De Niro presenta su apreciación acerca del expresidente  de Estados Unidos, Donald Trump, a quien considera malvado,  sin sentido del bien y el mal, sin moral y  ética, sin respetar a sus seguidores, e incluso a si mismo. De Niro, apreciando una realidad como la de nuestros países,  puntualiza que ninguna democracia sobrevive a un dictador que pretende regresar al poder, y que el mal vencerá a la división, razón por la cual precisa la necesidad de la  unidad, más exactamente acercarnos  todos  para sumar la fuerza requerida.

No obstante, si  bien una  buena  ética no reemplaza una mala política,  es imperioso conservar la ética y la moral, en el sentido de no  despreciar la justicia en el seno de  “negociaciones” en procura de la soluciòn al conflicto. Es procedente  examinar las sanciones aplicadas a intereses venezolanos, pero sin llegar a borrar, o anular, los delitos que originaron las  sanciones.

Si bien la justicia no puede aplicar sanciones o  penalizaciones  injustificadas, tampoco puede ignorar y no penalizar  delitos  y otras violaciones a   la  ley que se hayan  cometido, especialmente  en los  casos de transgresiones  màs  graves, como muchas de las registradas  en Venezuela. Desde otro punto de vista, se debe respetar la negociación cuando se plantea, algo que hasta el momento no se ha cumplido en   alguna de las numerosas ocasiones en  las cuales se ha introducido.

Se puede apreciar que si una parte no está comprometida con esto, “por las buenas o por  las malas”, todo   concluye en irrespeto,  pèrdida de tiempo y frustración, comprometiendo  incluso la  aplicación de la prevista elección en 2024.