Opinión

Hechos y no Palabras, por Douglas Játem Villa

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

Venezuela es un país cuya historia posibilita que los venezolanos nos sintamos satisfechos, y hasta orgullosos, tanto por su rica y variada naturaleza, una muestra de la cual es su estratégica localización geográfica, como por las realizaciones que ha acumulado en el tiempo, muestra de lo cual es su papel protagónico en el proceso independentista de la América Latina respecto de España, y por los grandes personajes que ha aportado a la historia universal, como lo es el Libertador Simón Bolívar, el hombre más importante del siglo XIX según la emisora BBC de Londres. No es fácil indicar cual logro es más importante. Las hazañas deportivas de Yulimar Rojas, Miguel Cabrera y Luis Aparicio, el extraordinario desarrollo que alcanzó PDVSA, el proceso democratizador posterior a 1958, el proceso educacional representado por el Plan de Becas Gran Mariscal de  Ayacucho?. No existen olvidos injustos, sino la falta de espacio para traerlos todos aquí. Quizás ni siquiera un proceso electoral nos permitiría seleccionar uno armonizador entre todos. . Aquí, respetando las valoraciones de los expertos en la materia, nos inclinamos por el Sistema de Orquestas y Coros Sinfónicos Juveniles, la maravillosa creación artística reconocida mundialmente bajo la inspiración del Maestro José Antonio Abreu.

Esta realidad está acompañada hoy por otra verdad, cual es que Venezuela es uno de los países con peor desenvolvimiento en el mundo en los ámbitos social, económico, político, y en general en todos los campos del quehacer humano. Debemos estar conscientes de que la segunda verdad, la mala, está desenvolviéndose con más rapidez, en buena medida porque la mayoría de los venezolanos, los de la buena, hoy están significativamente afectados negativamente por la penosa condición de vida, la cual, comprensiblemente, les resta capacidad y ánimo para mantener su contribución a la recuperación de Venezuela. No es necesario “inventariar” el muy conocido almacén de males que nos agobia, desde la falta de institucionalidad hasta la falta de servicios básicos, como electricidad, agua y gasolina. Más aún, se debe apreciar la forma tan desequilibrada como se pretende hacer justicia, lo cual se puede ver con el reciente caso tan promocionado del Alcalde de Guatire, presuntamente involucrado en una mala administración de la propiedad de tierras, y el de los innumerables culpables no castigados por el delito de corrupción.

Si bien hay venezolanos que con  “buena y mala voluntad” esperan negociar y entenderse con el gobierno en una solución al inmenso conflicto que se sufre, la realidad, la mala, indica que puede ocurrir que en el sector gobierno no exista la calidad humana requerida para aceptar una salida del abismo, en la cual la democracia determine el curso y aplicación del poder en Venezuela. La solución vía la refundación mediante una Asamblea Nacional Constituyente es jurídicamente inobjetable, pero tan difícil en la dimensión política como una elección presidencial cercana. La labor de la Corte Penal Internacional es igualmente viable institucionalmente, pero de una cercanía temporal incuantificable. Realmente es muy difícil comprender que existan venezolanos que con buena fe crean que el gobierno  puede llegar a aceptar una salida democrática. Pero la Venezuela de la realidad buena continúa viva y perseverando, aunque no se cuente con suficiente información. Se sabe que el ser humano ha evolucionado en forma constructiva desde el hombre de las cavernas hasta el de la democracia, la libertad, la justicia y la tecnología contemporánea de la Inteligencia Artificial.

Me permito decirle a los compatriotas que de buena fe han querido comunicarse con el Presidente de Estados Unidos, con una solicitud y otra, que Venezuela se recuperará,  derrotará la maldad. Se reconoce la realidad actual, pero la realidad existencial, la que es desde hace ya mucho tiempo, desde Bolívar y el Sistema prevalecerá. Un buen falconiano, médico con una muy lar4ga y muy buena hoja de servicio público para la salud en Maracaibo, el Doctor Pedro Iturbe, un día nos dijo que su actitud era la de poner el conocimiento al servicio de la comunidad porque lo contrario era inútil; que el optimismo es una gran fuerza constructiva ante la cual los obstáculos se derrumban y los sueños se hacen realidad. Hay que ser tenaces e intentar lo mismo una y otra vez, pero con una estrategia distinta cada vez hasta obtener el éxito. Por su parte, un personaje universal, Winston Churchill dijo “Soy optimista. No parece de mucha utilidad ser cualquier otra cosa”