Opinión

Entre la sed y el humo,por Dr. Ernesto Faengo Pérez

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Joseíto se levantó temprano, amoló el machete, revisó el  mecate y sacudió la carretilla, se puso el sombrero, tomó un vasito de agua natural, y partió a la calle rumbo al cerro donde todos los días cumplía la pesada tarea de buscar un poco de leños secos y traerlos a su casa para hacer el fogón.

Esto era parte de su rutina mañanera,  buscar leña para que su mujer cocinara el poquito de maíz y alguna “pirita”  para sobrellevar el día, por la tarde la misma carretilla con unos pipotes medianos tomaba otra ruta hacia la quebrada donde un conjunto de sus amigos del barrio exprimían una vieja tubería del antigua acueducto rural para subsistir, esta última acción aliviaba la falta de agua en su casa y le dejaba algún dinerito “vendiendo” uno que otro pipotico, dinero que usaba para medio subsistir con su mujer y dos hijos menores. 

Dos décadas atrás Joseíto disfrutaba de un trabajo bien remunerado en un taller de su propiedad dedicado a labores de soldadura y  herrería, construyó una casita modesta  con sus muebles, nevera, dos televisores, uno grande para ver las carreras de caballo en su cuarto y otro para sus menores hijos; una cocina a gas y un buen equipo de sonido. Incluso pudo dar trabajo: ayudar a dos primos y un compadre que se repartían la faena; los viernes  compartir con su mujer y disfrutar de una buena parrilla y unas cuantas cervecitas.

El taller quebró y comenzaron las penurias la situación cada día más difícil le hizo vender la herramienta de trabajo, nevera y uno de los televisores. Al regreso del cerro empujando la carretilla cargada de leña, acompañado de su compadre Cristóbal sacaban cuentas y reflexionaba:

-Caramba compadre que broma, ¿qué hicimos para estar pasando tan malos momentos?, un país que todos dicen es muy rico, tiene de todo, sin agua sin luz,  ahora sin gas-  y sin trabajo adicionó Cristóbal- nos engañaron compadre, fíjese que yo creí era verdad que este país sería una potencia y que los pobres por fin salíamos de abajo,  ahora viejos, cansados y enfermos tenemos esta carga de tanto sacrificio para medio vivir.

Cristóbal ripostó: – Parece que la cosa va a ser peor compadre, ayer oí por radio que no hay gasolina, que las refinerías están paradas y por eso no hay gas, la luz se va a cada rato; me duelen las manos y la cintura no da más de empujar esta carretilla  buscando para medio vivir.

Dejaron la trocha y tomaron la carretera nacional vía Cumarebo, cerca del puente de Quebrada Hutten  encontraron una alcabala móvil y un uniformado les increpó:

– ¡Los tapabocas! –

-No tengo- respondió Joseíto, vengo del monte de buscar esta leñita, es que en la casa no hay gas.

-¿Y  usted? interrogaron a Cristóbal,

-No señor, nada de tapa boca, estoy ayudando a mi compadre con la leña, yo también tengo en mi casa más de tres meses sin gas, no trabajo y ese tapaboca hay que comprarlo.

– Nadie puede andar sin tapa boca por la calle- , tendrán que sufrir las sanciones del caso dijo con firmeza el agente, la leña queda decomisada, y ustedes tienen que hacer un trabajo comunitario por violar la ley.

El agente ordenó a Cristóbal regrese al monte y traer otra carretilla cargada de leña- y usted, señalando a Joseito, se queda aquí hasta que él vuelva.

Casi al final de la tarde, cumplida la sanción, regresaron a sus casas con la carretilla vacía. Marisela, la mujer de Joseíto, angustiada escuchó el relato de lo acontecido y con la mirada perdida  expresó:

-Bueno vamos a buscar unos leñitos para calentarles un cachecito y le echen algo al estómago.

Cristóbal se tomó su traguito de café claro levantó su mano derecha y se despidió. ¡Hasta mañana compadre ¡

En ese momento llegó la luz y el televisor de la sala se encendió justo cuando transmitían  una cadena oficial y un conjunto  de personas celebraban algún anuncio del Presidente entonando con mucha fuerza la consigna, ¡Así, Así, Así es que se gobierna!!!

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