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El pesebre resume la Navidad en los hogares tachirenses

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Si alguna palabra representa globalmente lo que es el significado de la Navidad para los venezolanos, en especial para los nacidos y residentes en estas benditas tierras andinas, es “Pesebre”.

Cuando hablamos de pesebre, las imágenes de villancicos, del arbolito, de las misas de aguinaldo, de la cena navideña en familia, de las luces multicolores, de las hallacas y el pan de jamón, en orden o en desorden, pasan por nuestra mente, tanto más agradables y más dicientes cuanto más cerca está el festejo navideño.

Pero, ¿de dónde viene la costumbre? La palabra pesebre proviene del latín praesēpe. Un pesebre, en primera instancia, es algo parecido a un cajón donde se les echa la comida a los animales. Pero hoy en día el pesebre tiene un distinto y simbólico significado, aunque ese ese es su verdadero origen dentro de la tradición cristiana, y consiste en representar el Nacimiento de Jesús mediante figuras y aderezos que emulan la tradicional escena religiosa de la noche en que nació, en un pesebre, justamente.

Origen del pesebre

Los pesebres, nacimientos o belenes parten de una idea original de san Francisco de Asís (1181-1226) fundador de la orden franciscana. Se cuenta que, durante un viaje a Belén en el año de 1220, Francisco se entusiasmó con la forma en que allí se celebraba la Navidad, con una viveza y fidelidad contagiosas.

Atendiendo su ocurrencia y su intención, un año después en Italia, el 24 de diciembre del año 1223, o sea este año venidero en 24 de diciembre se cumplen 800 años de ello, se efectuó en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia), lo que hoy constituye la primera representación del Nacimiento, utilizando un pesebre con heno fresco, debajo de un altar y junto a él, unos animales.

Esta representación no se hizo con figuras ni con personas, aunque para la ocasión san Francisco sí utilizó animales. Se celebró una misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del nacimiento, mediante el pesebre sin niño, con el buey y la mula, basándose solo en la tradición cristiana y los Evangelios apócrifos, así como en la lectura de Isaías.

La representación por completo de la escena del nacimiento de Jesús, se fue completando poco a poco, agregando cada vez símbolos como la estrella, imágenes de ángeles y más animales, además del asno y la vaca. Se fue haciendo popular, y así la tradición se extendió por toda Europa. De ahí, finalmente se vino a América. Estos animales ya aparecen en el pesebre del siglo IV, descubierto en las catacumbas de la Basílica de San Sebastián de Roma, en el año 1877. Cuenta san Buenaventura, en su Legende de Santi Francisci, que tras celebrar la misa el sacerdote sobre el pesebre​ (utilizándolo como altar), san Francisco cantó el Evangelio y realizó la predicación sobre el nacimiento de Cristo, hijo de Dios, en circunstancias tan humildes como las que en aquel momento se reproducían (es decir, en una fría noche invernal, dentro de una cueva, resguardado en el lugar donde comían los animales que, junto al Niño, lo calentaban con su aliento), causando una enorme emoción entre los asistentes, de tal forma que el señor del lugar, Juan de Greccio, “aseguró que vio un hermoso niño dormido en el pesebre, que el padre Francisco cogió en sus brazos y lo hizo dormir”.​

Antes de la celebración de en la cueva de Greccio, existen antecedentes de representación plástica del nacimiento de Jesús, tanto en las catacumbas romanas (lo que da idea de su relación con el cristianismo primitivo​ como en las iglesias y otros lugares relacionados con el culto religioso cristiano.

A partir del siglo XIV (fundamentalmente a través de los frailes franciscanos) se fue extendiendo la costumbre. A mediados del siglo XVIII, el rey Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España, y promovió, junto a su esposa, María Amalia de Sajonia, la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América.​En ese siglo, en América, tras la disolución por decreto papal de la orden de los jesuitas, los franciscanos ocuparon su lugar y usaron los belenes (así también llamaron los pesebres) como método de evangelización, aunque adoptando costumbres y rasgos de la realidad de cada sitio, diferentes en mucho a las europeas, ya que incluyen animales y plantas americanas, que en Palestina no se conocían en tiempos de Jesús, pero que recuerdan el carácter rural de la escena. Esta peculiaridad se debe también a que en la parte latinoamericana situada en el Hemisferio Sur del planeta, en Navidad no se celebra el solsticio de invierno, sino el del verano, por lo que el clima y los productos agrícolas sudamericanos son muy diferentes a los europeos y palestinos en esa temporada.​

A partir del siglo XV, se generalizó la costumbre del pesebre o del belén. En 1465, tiempos del Renacimiento, se fundó en París la primera empresa fabricante de figuras para los pesebres. Luego se creó en la península el primer taller belenista fabricante de piezas para el pesebre, en 1471. Tenía influencias británicas, que no llegaron al taller hasta 1501. El tercero en producir esas figuritas fue en Siena, en 1475, que adoptó un estilo renacentista.

En 1479, abrió la primera fábrica, en Lisboa, posteriormente quemada por los martinistas en 1835. Cuando Inglaterra adoptó el anglicanismo, las figuritas belenistas fueron quemadas, y debido al rechazo los íconos, en 1601, se hizo un decreto, la Bethelem Ban. Quien no lo cumpliera sería condenado a muerte. Fue en el siglo XIX, con la consolidación de la tolerancia religiosa, que se levantó esa disposición.

Con información de La Nación