El Cementerio de Ciro Caldera en Cumarebo
El pasado domingo fue 2 de noviembre, fecha en la cual los católicos conmemoramos el día de los difuntos o día de los muertos. Cuando niño junto a otros contemporáneos preparábamos un potecito con pintura de aceite, una brocha, un cepillo, haragán, rastrillo, pico, pala, y machete y nos encontrábamos a la entrada del cementerio de Ciro Caldera donde muy temprano comenzaba la llegada de familiares y amigos de los difuntos enterrados en ese campo santo quienes nos contrataban para hacer la respectiva limpieza de las tumbas.
Ese día acudía mucha gente al cementerio unos llevaban flores, comida, otros herramientas para reparar las tumbas, algunos con músicos, cantantes de décimas, rancheras, o cualquier otra melodía que al difunto le hubiese gustado en sus tiempos de vivo en este mundo. Todo se hacía con mucho respeto. También acudían rezanderos que se rebuscaban sus cobritos elevando plegarias al cielo por el alma de los difuntos,
Ya terminando la tarde, casi oscureciendo, los visitantes se alejaban del cementerio, nosotros contábamos el dinero recibido por nuestro trabajo, que muchas veces nos alcanzaba para el estreno del 24 de diciembre, y el campo santo regresaba a su calma y tranquilidad, despejado de malezas, tumbas pintaditas o pulidas en el mármol o granito, los caminos limpios. En un ambiente de tranquilidad y paz, los sepulcros retomaban su rutina diaria.
El celador, guardián del cementerio, era un obrero municipal, vivía en la capilla que estaba a la entrada, un moreno bastante oscuro que nunca usaba camisa, su vestimenta era un pantalón a la rodilla ajustado a su cuerpo con un cincho de cocuiza, en sus pies un par de alpargatas con suela gruesa de goma, nunca le faltaba un machete tres canales terciado a la cintura, porte que influía respeto y cierto nivel de miedo en adolescentes y muchos adultos de la localidad
Hace 40 años el cementerio fue parcialmente cerrado, solo se permitía sepultar difuntos en fosas reservadas o los denominados panteones familiares, sin embargo se mantuvo protegido y seguían las rutinas de familiares en visitas los domingos o días especiales.
El “celador” murió y el cementerio está prácticamente en desuso, esto ha permitido que algunos inescrupulosos lo hayan convertido en un insalubre basurero perjudicial a la salud y al ambiente de las personas que lo circundan en casas a su alrededor
Algunas organizaciones protectoras del ambiente y muchos habitantes del sector preocupados por el peligro que representa, están preparando una solicitud al gobierno municipal para que se clausure definitivamente, se respete el significado espiritual, familiar y religioso de quienes ahí reposan para ubicar los restos en otros camposantos y se despeje la zona con normas sanitarias y ambientales en protección de la salud y cumplidos estos requisitos esa área pueda ser utilizada en beneficio de proyectos de viviendas o de otro tipo favorables a la comunidad,
Dr. Ernesto Faengo Pérez


