El camino de la vida
El nombre de este artículo: “El camino de la vida”, es original del último libro que escribió el ruso, Lev (León) Tolstói, el cual fue publicado después de su fallecimiento. Es una auténtica joya de Tolstói, para despertar conciencia. Además, el título también coincide con el nombre de una bella canción del compositor y músico colombiano, Héctor Ochoa e interpretada por el Trío América. Así que, sin más preámbulo, permítaseme a dar paso de manera reflexiva al tema que nos ocupa.
Las sabias palabras del poeta español, Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, es casi seguro que nos van a servir para escribir de manera más perceptible lo que es el camino de la vida, el cual, sabemos que no hay camino por sí solo, esa es la realidad. Cada uno de nosotros va haciendo su propio sendero, su historia personal llena de aciertos, equivocaciones y tropiezos, de momentos felices y de duelos. Lo importante es que en cada situación, hay que aprender y cuando uno decide aprender, es hasta la última palpitación del corazón o hasta que el tiempo nos permite tener memoria. De modo, que el camino de la vida, lo vamos a recorrer toda la vida, -valga la redundancia-.
Mientras recorremos el camino de la vida, se nos aparecen muchas cosas, entre ellas, conoceremos gente nueva con sus alegrías y pesares, que nos acompañaran; unos permanecerán con nosotros, hasta el final del camino; otros solo estarán por poco tiempo, sin embargo, lo más ventajoso es no detenernos. En eso tenemos que aprender a soltar, esa es una de las acciones más hermosa de la vida. No porque alguien que de una manera u otra, que está relacionado con nosotros se despide, sino porque entendemos que tiene su propio espacio y como tal, no podemos controlar las decisiones o sentimientos de los demás en el momento del abrazo de su adiós.
Así es la vida, a veces acompañados, otras veces sólo con nuestra soledad que nos procura su silencio. A veces es necesario que escuchemos el silencio, porque quizás sintamos algo profundo que no hubiésemos percibido cuando caminábamos acompañados. Así como también es necesario, que en el recorrido miremos hacia atrás, no para retroceder, sino para observar las huellas que hemos dejado en el camino de la vida.
En mi muy humilde reflexión final, pienso: que la idea central es aprender y crecer en cada paso que damos, sin dejar de soñar en la búsqueda de nuevas oportunidades. De manera, que al final de nuestro recorrido, no tengamos que arrepentirnos por los pasos que hemos dado, sino por los que no dimos, porque nos inmovilizó el miedo.
Para finalizar, no olvidemos que mientras aprendemos, tenemos que superar pruebas, en las cuales, a veces se sufre, pero también se gana.
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¡Un abrazo lleno de bendiciones! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!
Por Fredis Villanueva


