Opinión

Cumareberos aquí y allá   

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Dr. Ernesto Faengo Pérez 

Puerto Cumarebo un puerto natural de la Venezuela originaria, existe hace más de 500 años, con sus calles largas, empinadas con su mirada al mar que aún conservan muchas de aquellas frescas casas de adobe y bahareque con el  tradicional techo a dos aguas, patio central adornado con verdes y pequeños arboles florales y el incomparable calor humano de sus habitantes, entrelazadas con otras de arquitectura contemporánea, casas legionarias de tanta historia popular y  condiciones intrínsecas que lo hacen un pueblo distinto, incomparable e inolvidable para sus habitantes permanentes, maravilloso para quienes lo visitan por primera vez, acogedor para los que pernoctan y tienen oportunidad de ver sus lunas llenas y oír los compases de las guitarras y la voz de sus trovadores, que son muchos y están activos, participar en una serenata con aquellos boleros de siempre con el murmullo de las olas marinas besando el litoral, disfrutar sus típicos comidas  con el sazón inconfundible de nuestra autentica cocina y los dulces especiales que hacen suspirar y añorarlo a quienes hemos tenido la dicha en convivirlo y disfrutarlo y por alguna razón de ausencia no pueden compartirlo como quisieran.  

Cumarebo sigue aquí, en el trajinar día a día de sus habitantes en sus alborotadas calles intercambiando relaciones que afirman nuestro gentilicio, los progenitores de la mano de sus pequeños hijos para guiarles con el mejor ejemplo, el maestro que orienta generaciones, el comerciante formal e informal que provee los bienes para sobrevivir en decencia, el sacerdote o pastor cristiano que conduce el alma espiritual, el pescador que noche y día vigila el mar para aprovechar el mejor momento y obtener su bastimento, el profesional que enaltece nuestro gentilicio, el obrero cuyo sudor invoca el esfuerzo duro para el sostén de la familia, el transportista que se ingenia para surtir la gasolina y movilizar al pasajero en el confín de su destino, todos ellos  confundidos en el animo humorístico y cordial que se hace familiar saboreando una bien fría entre el remate de caballos, el juego de domino apasionado y confrontante, el béisbol menor en el estadio Hipólito González, alguna escapadita con pastor y sus vallenatos rematando con unas dos hamburguesas por los lados del cerro o una exquisita parrilla en el internacional Dajoco.  

Cumarebo respira a pesar del daño inmenso causado, a pesar de sufrir en lo más profundo de su corazón la dolorosa herida de la separación de familias por la ausencia provocada, muchos jóvenes padres de familia para sobrevivir las penurias tuvieron que abandonar su pueblo. salir a otros lugares extraños, algunos con el dolor de tener que dejar sus hijos en manos de abuelos y tíos, pero con su Cumarebo en el alma, nunca han estado lejos del sentimiento y la idiosincrasia  propia, ellos siguen siendo el pueblo llano y expresivo, humilde y solidario característica nuestra, allá en otros países enseñan con orgullo nuestras costumbres, modelo de vida y forma de ser, lejos de nuestras fronteras han levantado el honor y su dignidad sobreponiéndose al dolor de ausencia con la esperanza cierta del pronto regreso para surcar sus calles adornadas con sus hermosísimas mujeres sus historiadores y poetas entrelazados con empresarios, comerciantes, pescadores, pintores, escultores, transportistas, estudiantes confundidos en un sueño que ahora despierta con mucha intensidad. Los cumareberos y zamoranos no nos hemos rendido hemos sobrevivido, nos convertimos en una ola de voluntades que aportan y se suman en iniciativas enaltecedoras y se alinean comprometidos en cuerpo y alma en contribuir personalmente desde cualquier escenario, lugar o circunstancia dar el apoyo necesario para borrar la nube gris cargada de miseria que azota al país. 

Hay que llenarse de energía positiva, apuntar al cambio para comenzar a recuperar nuestro sistema democrático, volveremos a verlos aquí, pero mientras luchamos por el cambio definitivo nuestro reconocimiento y solidaridad, ustedes y nosotros tenemos un firme propósito, volvernos a ver en las calles de Cumarebo celebrando en familia la libertad, progreso, trabajo, solidaridad y afecto típico y contagioso de nuestra realidad, de nuestra forma de ser. Dios nos bendiga “ahora es cuando hay Cumareberos aquí y allá para rato por Venezuela y por Zamora.”