Coro es más que Falcón, por Isaac López

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Así contestaba el Mariscal ante la proposición de cambiar el nombre de la entidad por el suyo. «Coro vale mucho más que Falcón» (Coro, 25 de abril de 1867). La propuesta había sido realizada por sus copartidarios, el general Antonio Marzal a la cabeza, y primero se estableció en la Constitución de 1874, para quedar definitivamente establecida por ley en 1901 (Manuel Vicente Magallanes. Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, Tomo 2, p. 306). Atrás quedaba el nombre antiguo de Coro, Provincia de Coro o Estado Coro, para nombrar a toda la región del occidente venezolano.

Fueron los compañeros de Juan Crisóstomo Falcón -participantes en la Guerra Federal y miembros del Partido Liberal coriano-, los hombres de la política y la vida pública que dominaron la entidad en las últimas décadas del siglo XIX. De León Colina a José María Gil, y de Leoncio Navarrete a  Regino Pachano. Por eso su figura será aquella que rescaten los generales y políticos corianos a la hora de separar a la Sección Falcón del Zulia en 1890, y por eso también proclamaron la vuelta a la Constitución de 1864 -la del triunfo federal- contra la Constitución de 1881 guzmancista. Desde entonces se impuso el nombre de Falcón.

Coro en cambio se pierde en el pasado de los caquetíos, parte de los moradores de la comarca a la llegada de los europeos en el siglo XVI. «Coro quiere decir viento» escribe Juan de Castellanos en su elegía de 1530 (Academia Nacional de la Historia, 1962, pp. 175-180). Registros sobre la ciudad quedan en infinidad de crónicas de la etapa de «descubrimiento y conquista » del territorio que hoy llamamos Venezuela. Coro existía desde tiempos de los bisabuelos de Manaure y es parte de la querencia de los antiguos moradores de esa tierra de sol. Así que somos falconianos desde 1901, mientras que corianos lo somos desde hace mil años.

La ciudad, fundada sobre un asiento indígena, por Juan de Ampies Avila y con la benevolencia del cacique Manaure, en 1527, tendría un desarrollo precario y de lento progreso a partir de aquella fecha, pero para los siglos XVII y XVIII había estructurado y dado forma a una región histórica, por lo cual todos sus habitantes se sentían y llamaban corianos (Elina Lovera Reyes. «Coro y su región histórica en el siglo XVIII». Tierra Firme, N° 30 (abril-junio), 1990, pp. 216-222; María Antonieta Martínez Guarda. La región histórica de Coro y su articulación en tres momentos de la historia de Venezuela, CONAC, 2000).

Procesos más recientes desintegraron ese ser. La revisión de la prensa en las décadas de años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX muestran la desarticulación regional, la vocación de principales subregiones hacia otros puntos focales y la pérdida de liderazgo de la ciudad capital.
Núcleos de desarrollo subregional como Churuguara, Mene de Mauroa, Punto Fijo, Cumarebo o Tucacas han esgrimido discursos de desconocimiento o de franca separación con respecto al antiguo centro nodal de Coro.  Pero, para parafrasear a uno de los mejores historiadores del Estado Falcón, Carlos González Batista: una historia de la sierra, de Paraguaná, de Costa Arriba o de Costa Abajo sin Coro es imposible.

Si algún regalo merece Coro en este aniversario de su fundación es sobrepasar tanta historia basada en el invento y la ficción. El reclamo a superar un relato arcaico sobre su historia: ese de Manaure y una familia que no encuentra sustento en fuentes; la del patriota José Leonardo Chirinos y su movimiento de Independencia; la del desplante a Miranda en 1806; la del complejo de inferioridad por negarse a sumarse a las proclamas de Caracas en 1810; y la del invento de una amazona guerrillera llamada Josefa Camejo. El siglo XX urge de reconstrucción y análisis. No podemos seguir bajo los socorridos hitos de la historia tradicional. 

Esos relatos arcaicos y ridículos, sin fuentes que lo corroboren, una narración heroica de estatuas y gentilicios desorbitados, debe ser reemplazada por una historia basada en los supuestos serios de la disciplina y en la reflexión del proceso regional. Quizás eso contribuya a darnos sentido y razón. Vocación de futuro y modernidad.   

Corianos de Paraguaná, corianos de la sierra, Corianos de Costa Arriba, Corianos de Costa abajo… Corianos somos todos.
La ciudad dio un ser cultural a la región, articuló sociedad y economía. Gentilicio que aún se reconoce en el habla popular venezolana. «-Vas pá Coro?» «Si, voy pá Coro. Yo soy coriano de Paraguaná o paraguanero de Coro».

Patrimonio cultural de los que nos reconocemos en una historia común.

Isaac López