Opinión

Muchas nueces y poco ruido en el occidente de Falcón, por Lourdes Díaz Güerere

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

Ecos de occidente

Cuando llega el viernes y me corresponde escribir esta columna es una especie de caos interno por la convicción de querer hacerlo bien.

Es como si pudiese cambiar el mundo a través de mi opinión. En casa hay un verdadero rebullicio cada viernes, ya todos saben que mi mente va a estar ocupada en colocar cada palabra que considere deba plasmarse. Como decía siempre Juan Delgado “lo que no se escribe se olvida”.  Durante este año todos mis cercanos han colaborado para que pueda terminar de organizar las ideas que caminan al compás de las vivencias de nuestros pueblos.

Esta semana tenemos muchas cosas que contar desde nuestra tierra occidental. La palabra caos es una constante que como patrón no queremos adoptar, y es que hemos visto cosas que parecían realmente absurdo pensar que ocurrieran. Son muchas noticias pero no todas son verdaderas. Son muchas verdades pero no todas son noticia.

En los pueblos de occidente crecimos con la pauta que marcaban las emisoras regionales asumiendo su rol orientador y la información veraz para contribuir sin pensarlo en ese momento en la formación de un ser humano integral.  Recuerdo con nostalgia cuando era niña una propaganda radial  que decía: “el conductor del carrito por puesto es tu amigo, no le tires la puerta por favor”.  Ese mensaje me acompañó toda la vida porque me enseñó a actuar con respeto hacia quienes nos prestan un servicio de transporte. Para estas fechas las mañanas ya había iniciado con la canción “alúmbrame el zaguán” que nos hablaba sobre la cercanía de la navidad. En fin, las primeras emisoras falconianas representan un pilar que sustenta los valores de mi generación.

Aún mi hijo de 5 años sigue preguntándome: “¿mami existen los periódicos?” Yo le digo que sí existen y que volverán muy pronto mientras arreglan las máquinas de hacer papel. No me resultó mucho porque ahora me pregunta: “¿las maquinas se dañaron por la luz?”

Entre el cansancio de nuestra gente cuando ya nuestro corazón no parece dar para más surgen cosas increíbles.

Revisé todo lo que he escrito desde que surgió “Ecos de Occidente” para este medio. Es el mismo rosario de penas: combustible, problema eléctrico, agua, gas, salud, seguridad, economía, migración, nostalgia, depresión, sobreesfuerzo, trabajo, pobreza, dolor, covid-19, despedidas y carencias.

Por otro lado hay una parte de nuestra esencia humana que coloca por encima de todo esto a la esperanza. Así tiene que ser.

Debo confesar algo que podría no ser bien explicado si coloco alguna palabra donde no va. Cuando veo a mis hijos últimamente me siento tan culpable. Cuando les veo con una niñez tan distinta a la nuestra es inevitable sentirme así. Yo quiero para ellos la ilusión con la que la vida despierta en nuestros primeros años. Confieso llorar por dentro ríos de lágrimas cada vez que se desesperan por el calor, en medio de la oscuridad, en el encierro de una cuarentena que no recordamos cuando comenzó y mucho menos sabemos cuándo terminará. Ver a su papá desgastarse ante nuestros ojos trabajando para que no falte la comida o las medicinas. Saber que no tenemos cómo asistir a una consulta médica por razones obvias.

Cuando entre las penumbras escucho a los niños vecinos llorar o pedir comida a su mamá, a su papá pero no hay gas, no hay luz y no pueden prender la leña. “Aguántense un poquito” es la respuesta en la calma del desesperado.

Aunque la vida es vida y que su definición es palpable; no es justo que nos obliguen a sobrevivir. Los niños que con sus hondas corrían en otrora detrás de palomitas para llevárselas a mamá para cocinarlas se convirtieron en los niños que están ahora en el basurero trasteando algún tesoro oculto entre la suciedad.

Estoy convencida que los adivinos y los profetas del mundo no tenían activado su “don” el año pasado para advertirnos que el 2020 traería consigo una pandemia qué rompería todos los esquemas conocidos.

Esta semana pude ver niños y ancianos montados en las plataformas de las gandolas,  agarrados del aire para poder llegar a los poblados y medio proveerse de lo necesario. Esta semana pude constatar que un transporte de combustible vale más que el cuerpo sin vida de un ser humano o de una persona agonizante.  Esta semana pude ver a los comerciantes y ganaderos elevar su voz, pese al temor de represalias,  pero con firmeza y diplomacia ante las autoridades para dignificar la organización del suministro de combustible. Esta semana surgió la esperanza de saber que si seguimos trabajando juntos podemos cambiar muchas cosas.

En realidad fue mucho lo que pude ver esta semana.

No me gusta escribir con nostalgia pero hasta las mejores plumas que cuentan historias de pueblos en algún momento tienen que escribir una versión de “Casas Muertas”.

Ayer revise tantos años dedicada a escribirle a Dabajuro. Leí tantos reportajes, tantas noticias y el andar de nuestra gente. Entre ellos encontré uno muy especial y me salió decir: “extraño a Carmen Gómez”. Sin duda, Carmen por ejemplo representa muchas cosas en nuestro pueblo. Creo que ahorita no estaría interesada en caminar por nuestras calles.

Ha llovido mucho por aquí, por cierto. Gracias a Dios.

Contrario a lo que nos enseñan, a veces se vale llorar por la leche derramada. Y es que para nuestros productores del campo esta semana ha sido tan dura que literalmente han tenido que botar la leche de sus rebaños porque no pueden llevarla al pueblo para repartirla aunque sea regalada. No pueden convertirlo en productos lácteos por falta de insumos  y el pueblo no puede ir hasta sus fincas para buscar leche.

Les cuento que para diciembre está planteada la apertura de la Casa de Caridad “Padre Alejandro Cerviño” que es parte del Centro “Madre María de San José”. En esta casa se podrá concentrar todo el esfuerzo de caridad en función de los más pobres. Ya están adelantados los trabajos gracias a los donativos para que podamos ver consolidado este proyecto que nace del corazón de la Parroquia “San Antonio de Padua”. Esperamos que el pueblo pueda ver inaugurado este comedor donde se comenzará a llevar no sólo el pan alimento sino la paz del pan espiritual.

Los municipios Urumaco y Democracia en Pedregal cuentan ahora con sus recién juramentadas cámaras de comercio y de productores. ¡enhorabuena!

Ahora me pregunto como representante: ¿por qué no nos hemos sumado con contundencia a apoyar a nuestros docentes? Es injusto saber las condiciones en las que les obligan a iniciar el año escolar 2020-2021. Nosotros a razón de la costumbre callamos y cumplimos con las tareas que son más capricho que provecho, mientras ellos como otros tantos profesionales con su sueldo sólo cubren la alimentación para dos días. Sí, ya sé que últimamente llega el beneficio alimenticio puntual, pero sabemos que no es suficiente.

Decenas de posibles pacientes con coronavirus en Dabajuro siguen esperando desde hace más de dos semanas los resultados de sus pruebas.

Esta semana pasaron muchas cosas, pero pocas fueron noticia.

Seguimos empeñados en levantarnos cada día y cambiar la realidad. Debemos cambiar la realidad. Podemos cambiar la realidad.

Definitivamente fue una semana de muchas noticias que no hicieron mucho eco pero se sintieron con fuerza.

Seguimos abrazados a la esperanza y la caridad. Hasta el próximo eco desde occidente.

Deja una respuesta