De la caja CLAP a los granos gringos: la comida que llegó a La Guaira tras el terremoto
Tras el doblete sísmico del 24 de junio, miles de familias recibieron alimentos, agua y artículos de higiene enviados por Global Empowerment Mission (GEM), con apoyo de organizaciones venezolanas y del Gobierno de Estados Unidos. La ayuda llegó cuando las cajas CLAP, que durante años formaron parte de la alimentación de millones de hogares, habían dejado de distribuirse
A las 12 del mediodía, en la cocina de Noriulka Peña, en Catia La Mar, olía a granos.
No eran los que durante años llegaron a los hogares venezolanos dentro de las cajas CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción). Esos ya no estaban. Los que se cocinaban aquel día habían cruzado el continente dentro de una caja de ayuda humanitaria enviada desde Estados Unidos después de los terremotos del 24 de junio.
Peña recibió una de las cajas distribuidas por Global Empowerment Mission (GEM), una organización humanitaria estadounidense que trabaja en respuesta a desastres y que, para atender la emergencia venezolana, se alió con I Love Venezuela, organizaciones locales y el gobierno de Estados Unidos. El propio Departamento de Estado estadounidense informó que también trabajó con GEM y Walmart para movilizar suministros hacia las comunidades afectadas.
La caja que recibió Noriulka tenía alimentos de larga duración, agua y artículos de higiene. Entre los productos había enlatados, granos, sardinas, atún, pasta, pollo enlatado, maíz y raciones de alimentos deshidratados. El kit de higiene incluía, entre otros productos, pasta dental, cepillos de dientes, toallas húmedas, toallas sanitarias y champú.
Para ella, la ayuda llegó en uno de los momentos de mayor incertidumbre después del terremoto; cuando todavía había dudas sobre dónde comprar alimentos, cómo conseguir agua y cómo resolver el día a día. Pero conseguirla no fue sencillo.
Noriulka recuerda una fila que se extendió por varias cuadras de Catia La Mar. Miles de personas esperaban por una caja mientras los camiones de GEM repartían los suministros.

«La cola llegó más allá de la plaza de Catamare. Los tickets eran 2.500 con el logo del GEM».
El momento tenía algo de una escena de película apocalíptica con Vargas en emergencia como locación principal. Las personas esperaron horas por una caja de comida mientras los vehículos descargaban los suministros. Cuando ya quedaba poco, cuenta Peña, anunciaron que todavía había agua mineral disponible para quienes quisieran recibirla. Nadie se fue con las manos vacías. Más de 412.000 venezolanos han recibido ayuda en materia de alimentación e hidratación.
«Desocuparon esas gandolas, no quedó nada», recuerda.
Dentro de las cajas también había mensajes de aliento y estampitas religiosas. Para una familia que acababa de atravesar un terremoto, aquello era más que comida, era “un sustento para el alma” y una respuesta concreta ante una emergencia en la que conseguir productos básicos se había convertido en otra preocupación.
La intervención de GEM no se limitó, sin embargo, a la entrega inicial. Según la propia organización, su respuesta contempla una primera fase de asistencia inmediata y una segunda etapa enfocada en la recuperación. Para Venezuela anunció una partida inicial de $75 millones para ayuda humanitaria y recuperación, además de planes que incluyen suministros para reconstrucción, enseres domésticos, materiales de limpieza y construcción y soluciones de vivienda para familias desplazadas.

Los CLAP ya no están
Durante años, las cajas CLAP fueron uno de los principales mecanismos de asistencia alimentaria del Estado. El programa fue creado en 2016 por Nicolás Maduro, en medio de la crisis de abastecimiento, y llegó a ser presentado como un mecanismo para garantizar alimentos a millones de familias.
La cifra oficial citada por el Instituto Nacional de Estadística ubica en 7,5 millones las familias que recibían al menos una vez al mes una bolsa o caja CLAP. Pero el programa venía perdiendo peso antes del terremoto y cuando el desastre golpeó ya el sistema de distribución no estaba activo: las cajas dejaron de entregarse hacia finales de 2025, de acuerdo con la información recogida para esta nota.
Así, mientras las familias afectadas esperaban respuestas del Estado para reparar sus casas y recuperar sus vidas, la comida de emergencia llegó por otra vía: una organización estadounidense, organizaciones de venezolanos en el exterior y empresas privadas movilizando alimentos hacia Venezuela.
En la cocina de Noriulka, esa diferencia no se mide en discursos ni en cifras. Se mide en una olla de granos que, dos meses después del terremoto, todavía podía ponerse sobre la mesa.

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