El día de Paraguaná desde hace veinte años
Isaac López, historiador.
El «Día de Paraguaná» es la construcción de un hito celebratorio. ¿Una fecha para encontrarnos, coincidir, conciliarnos, ser? «El Día de Paraguaná» es el producto de un proyecto: el de la Zona Libre de Inversión Turística, como motor del desarrollo integral de la subregión, proyecto que en la década 2000-2010 y luego con una breve extensión hasta 2013-2014, aproximadamente, hizo de la península falconiana centro de florecimiento económico con régimen preferencial de otorgamiento de divisas. Eso hizo ricos o más ricos a unos cuantos, y se visibilizó en las abundantes ventas de licores y electrodomésticos. Mascarón de todo el tráfago de dinero que representó tal proyecto.
Fue a mediados de 1999 cuando el gobernador José Curiel, por propuesta de los dirigentes de la Zona Libre y en apoyo a la Comisión Regional del V Centenario, decretó: «todo 9 de agosto, día de júbilo laborable por ser Día de Paraguaná». La lectura de los diarios La Prensa, La Mañana y El Falconiano del 10 de agosto de 1999 lo constata.
Así como el 3 de mayo fue instituido para celebrar la incorporación de la Provincia de Coro a la Independencia, o el 27 de febrero como Día de Punto Fijo, la celebración del 9 de agosto también responde a intereses, orientaciones y proyectos de sectores o élites locales.

Las «fechas históricas» no se dan por sentado, y en este caso no fue que se dio alguna «asamblea popular» donde se acordó celebrar tal fecha. No. Se le propuso al gobernador Curiel como forma de unir «un sentimiento paraguanero» en momentos cuando la Presidenta de Corpotulipa era una especie de «vice-gobernadora» en Paraguaná.
Consenso popular y entusiasmo se unieron a la propuesta que tuvo como fecha esencial la de agosto de 2005, -ya con Jesús Montilla como gobernador chavista con amplio respaldo de masas- cuando los alcaldes José Luis Iglesias, Américo Parra y Luis Marcano declararon -a través de ordenanza conjunta expuesta en acto celebrado frente a la Iglesia de Moruy- al 9 de agosto como «Día de Paraguaná». Hoy, hasta los más antichavistas celebran la efemérides consagrada por ellos.
¿Cómo se llegó a tal consenso? Como en todos los procesos de entronización de estos nichos históricos en la contemporaneidad: a través de acciones de los órganos de poder. En este caso el ente de promoción y mercadeo del turismo, y los medios de comunicación.
Pero no es que no haya habido resistencia. Aún hoy, veinte años después, hay quienes reniegan y dudan de la celebración, volviendo a tópicos como la crítica a la idea de «descubrimiento» y a la «leyenda negra antiespañola».
Celebramos para recordar, para crear momentos en los cuales nos identificamos en pertenencia y arraigo. Cómo entendemos eso no importa aquí. Hace veinte o treinta años no se hablaba del «Día de Paraguaná». Es una construcción -insisto- de los últimos veinte años, aporte de la exaltación fiestera y celebratoria que también es parte de las características fundamentales del régimen chavista.

Vivimos en un tiempo y un país cuyo pueblo no se siente capaz de dictar o construir el rumbo de su destino. Preferimos quedarnos en la piel sin entrar a lo profundo.
El 9 de agosto de 1999, en la resolana y la brisa del Cabo de San Román, Carlos González Batista -el mejor de nuestros historiadores- elegido para dar el discurso central de la efemérides y autor de la inscripción en la placa de la cruz que se instaló formalmente ese día en el sitio, señaló: «Hoy al Cabo de San Román no llega Alonso de Ojeda, sino nosotros en búsqueda de renovación y esperanza que sólo el nivel de maduración histórica nos proporciona». ¿Le escuchamos? ¿Podemos madurar como sociedad cuando insistimos en difundir una historia falsa y sin fundamentos, apegada a un parroquialismo ramplón?
Paraguaná es una península de 3.500 kilómetros cuadrados, su historia se pierde en el pasado del pueblo caquetío, y de su destino somos responsables todos nosotros. Un nivel de maduración histórica no se logra cambiando el nombre de Paraguaná por el de Punto Fijo, y menos estancarnos en polémicas estériles sobre el Día de Paraguaná.
Hace veinte años en medio del fragor de la Zona Libre, con su profusión de ventas, era imposible imaginar la calamidad que hoy vive la península. Pero, como en otras oportunidades, no se echaron las bases de un desarrollo sostenido, no se aseguró la dotación de servicios básicos, sino que se apostó a una riqueza circunstancial y efímera. ¿Dónde están los dirigentes de la Zona Libre y del proyecto político de hace veinte años?
A nosotros como pueblo nos toca madurar, como decía González Batista hace veinte años en el Cabo de San Román. Es la única vía a la renovación y la esperanza.
(Artículo escrito el 09 de agosto de 2020)


