Opinión

Han pasado sesenta años 

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   En mi reflexión de la semana, comienzo por decir una frase, que con frecuencia se ha dicho que su autoría corresponde al escritor canadiense, Robin Sharma, particularmente pienso que no es de él, porque la empecé escuchar; palabras menos, palabras más, cuando tenía 13 años y dicho escritor 2, él era un niño y yo, iniciando la adolescencia y, evidentemente, que no entendía esa metáfora. A pesar, que lo antes dicho no tiene mucha relevancia, sin
embargo, hay que aclarar ciertas cosas para que no se presten a confusiones. 
   Vamos a la frase en sí, la cual, dice así: «Como arena entre los dedos se escurren los años». Esto más que una frase, es una metáfora poderosa, que simboliza que la naturaleza es efímera y escurridiza en el tiempo y que a pesar de nuestros esfuerzos, se escapa inexorablemente, de ahí, nace mi reflexión de la semana: «Han pasado sesenta años», ¿Quién diría?
Se dice en cuatro palabras, pero no es así de simple, para colocar un solo ejemplo, impregnado de nostalgia puedo decir, la mayoría de mis compañeros de estudio y juegos, ya no están entre nosotros, se fueron primeros a otra dimensión. 
   Así que, sin más preámbulo, HAN PASADO SESENTA AÑOS, así mismo es, tal cual, como lo hemos dicho, a través de la metáfora: «Como arena entre los dedos se escurren los años». Hoy diríamos, como la arena de una playa se han escurrido sesenta años y, uno de los hechos más significativos, de los que buscos trasmitir, fue el 29 de julio de 1966, cuando se nos entregó el certificado de sexto grado, en el Grupo Escolar Los Taques, mi pueblo natal. Días después, Mamatila, mi mamá (Q.E.P.D), metió en una pequeña maleta, de esa que usaban los barberos a domicilio, mis dos pantalones, mis 5 franelas y una vieja sandalia raja dedo, y ambos con un llorar en silencio y de miradas tristes, ella me dijo: «Te tienes que ir a estudiar a Valencia, ya hablé con tu hermano Francisco, para que te reciba en su casa» Y, me fui, en búsqueda de nuevas oportunidades, que mi pueblo natal no me podía ofrecer, -pero bueno, tampoco es que me voy a poner nostálgico-.
   HAN PASADO SESENTA AÑOS, en lo personal, aunque pareciera lejano y distante, al menos, en mi escasa cabellera, no tengo ni un solo pelo negro, esto me ha hecho entender, que el tiempo y la distancia, tan solo es un espejismo. Pero, también he aprendido, que cuando la amistad está basada en una entera franqueza de buen compañerismo y bondad, ella dura y perdura a través del tiempo y gracias a los años vividos, estamos convencidos que Dios, día a día, nos ayuda a profundizar la gratitud, el respeto y la prudencia, entre los que hemos sobrevivido y con los demás, porque son valores que nos hacen más juiciosos y dar cada día, la mejor versión nosotros mismos. 
   En función, a lo antes dicho y por todos los momentos buenos y malos que nos tocó vivir, paso a nombrar varios de mis compañeros de estudio y de juegos, pido a Dios, que me dé lucidez, para nombrar los máximos posibles, ellos son: Juan Fabian Reyes Arcaya (Juancho, compita con quien mantengo contacto permanente),
Jesús Gómez Mendoza, Juan Manuel Reyes Ruiz,  Oswaldo Reyes Arcaya (el zurdo), Domingo Sanchez González (Dominguito), Eligio Díaz Marin (yiyo); también quiero nombrar, los que ya no están entre nosotros, que de paso, son mayoría: Jesús Zarraga Aldama (+), Venancio José Aldama Aldama [(pacheco) (+)], Eduardo Olazaba Zabala (+), Roberto Sánchez González (+), Pedro Antonio Arcaya Marin (+), Gerardo Arcaya Marin (+), Gregorio Marin [(maqueta) (+)], Evelio Vicent (+), Antonio Querales (+), Alirio Valles García (+), Jesús Clemente Primera Falcón (+), Ottoniel Díaz (+),
Alí Quevedo (+) y Angel Reyes [(el gordo), (+)]. Pido a Dios que brille para ellos la luz perpetua.
   Para finalizar, pido disculpas a los estimados y respetados lectores de este prestigioso Diario «La Mañana», porque mi reflexión de la semana, fue más que todo personal, emocionado  porque HAN PASADO SESENTA AÑOS y, aún hoy, tantos mis compañeros de primaria y de juegos, como este humilde servidor, quien aquí escribe, recibimos de Dios el mayor de sus dones: LA VIDA.
   Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
   ¡Un abrazo en la distancia lleno de paz e infinitas bendiciones!
   Por Fredis Villanueva.