1996-2005 Agosto. Encuentro puntual de los amigos
Isaac López, 24-8-2020.
Cada agosto, durante diez años, Pueblo Nuevo de Paraguaná fue escenario para el encuentro de poetas, cantores, periodistas, gente de la danza y el teatro de toda Venezuela. Un evento que sintetizaba el trabajo realizado por el Grupo Tiquiba y el Complejo Cultural Josefa Camejo, dirigido entonces por gestores culturales como Yoleida de Hernández y Giovanny Gómez.
No puede concebirse tal actividad sin las instalaciones del Complejo Cultural, inauguradas en 1991, año del Bicentenario del Natalicio de la heroína Josefa Camejo.
De la lista de invitados volvemos sobre nombres entrañables que colaboraron a la difusión y proyección del trabajo que allí se realizaba: Tulio Hernández, Cecilia Todd, Gregory Zambrano, Yolanda Delgado y el Grupo Texere, Alonso Zurita, Alberto Hernández, Gonzálo Fragui, el Grupo Maltiempo, Ramón Ordaz, Miguel Marcotrigiano, Silvia González Longoria, Belkis Rojas, José Larez y Mariano Alí, el Grupo Mestizo…

Les recibieron como anfitriones Fausto Goitía y los salveros de San Juan, Luis Alfonso Bueno, Guillermo De León Calles, Blanca de Lima, Nereida Ferrer, Víctor Hugo Bolívar, Celsa Acosta, Simón Petit, Cuatrocantos, Ciro Alvarado, Ender Salas, Carmen Alvarado, Víctor Chica, Mario Gómez…
Trova y salves, poesía y conversación, pintura y danza, reflexión y discusión recorrían los pasillos del que fuera mercado de frutos y las calles de la antigua capital de Paraguaná. Una fiesta de querencias en un lugar que en el resto del año era sede de Exposiciones de Pintura en su Galería Otoniel Salas; organización de la memoria documental en el Archivo Histórico de Paraguaná; Talleres de Historia y Patrimonio dirigidos a docentes; formación sensible en la Sala de Videos Carlos Luis Fortique; charlas e incentivo a la lectura en la Biblioteca Juan C. Esteves o de Festivales de Danza y Teatro.

Pero un buen día del año 2005, quienes comenzaron a dirigir la política y la cultura del Municipio Falcón, decretaron que aquellas eran actividades elitescas, lanzando hojas infamantes y «fusiles de misiones» contra sus promotores. Decidieron acabar con todo el trabajo realizado. Había que desarticular, acabar, siquitrillar para instalar la nada. Oscuridad, mediocridad, obras sin sentido, murales de violencia, gestos grotescos y canción de la oquedad.
No era nada nuevo. Era la misma acción que el régimen imperante en Venezuela desde 1999 había acometido en otras partes del país: acabar con proyectos autónomos e independientes para imponer sus prácticas signadas por el componente ideológico único. A esa acción, también como en otras partes, se prestaron algunos de quienes laboraban en aquel proyecto. La división fue también parte de los mecanismos de un régimen siniestro cuyo signo distintivo es la maldad.
Fiesta popular, alternativa de distracción, valoración de nuestras raíces, confrontación con otras labores y miradas del país, el Encuentro Puntual de los Amigos cumplió su ciclo y demostró, entre otras cosas, la dignidad y capacidad organizativa de la gente de Pueblo Nuevo, la solidaridad, responsabilidad, entrega y compromiso.
Espacio plural, de afirmación de la cultura peninsular y enaltecimiento de la capacidad de sus hijos, un evento para encontrarnos, conversar, discutir, confrontarnos y seguir siendo amigos. Valores todos necesarios y fundamentales en este tiempo terrible y en el que algún día vendrá de reconstrucción y fortalecimiento democrático.
Hoy, la que un día fuera «casa orgullo de Paraguaná» y «referencia cultural de la península» es un oscuro escombro. Un sitio de malas energías con profusión de propaganda política en sus paredes, techo a punto de desplomarse en varios sitios, sin aire acondicionado su auditorium, cundido de comején.


Los culpables de la situación no son sólo las tres administraciones municipales y los dieciocho directores que se han sucedido desde 2005. También todos nosotros. A pesar de todos los esfuerzos no supimos ser alternativa de organización frente al poder. Lo mismo que en muchas partes del país.

A quince años de la realización del último de aquellos eventos que sintetizaban el hacer del Grupo Tiquiba, agradezco a todos los amigos de la inmensa geografía del afecto que lo hicieron posible: memoria de una noche de fiesta popular e incentivo de futuros encuentros.


