El impacto de la pirotecnia en niños con sensibilidad sensorial
Aunque los fuegos artificiales son un símbolo tradicional de la Navidad y el Año Nuevo, el estruendo constante puede representar un verdadero desafío para ciertos sectores de la población infantil. Para muchos niños, lo que debería ser una celebración se convierte en una experiencia de profundo malestar físico y emocional.
¿Quiénes son los más afectados?
Según Rusdeiba Agelvis, especialista en neuroeducación, la hipersensibilidad al ruido afecta principalmente a:
- Niños dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
- Pequeños con TDAH (Déficit de Atención e Hiperactividad).
- Bebés prematuros con un desarrollo sensorial aún inmaduro.
Para estos menores, los sonidos fuertes no son solo molestos; se perciben con una intensidad abrumadora que puede disparar crisis de estrés y ansiedad, afectando la armonía de toda la familia.
Entendiendo el mundo sensorial
Para comprender esta reacción, Agelvis diferencia dos conceptos clave:
- Procesamiento sensorial: Es la manera en que el cerebro recibe y descifra los estímulos del entorno (luces, sonidos, texturas, olores y movimiento).
- Integración sensorial: Es la habilidad del cerebro para organizar toda esa información y permitirnos actuar de forma coherente. Cuando un niño tiene dificultades en esta área, un ruido imprevisto puede desequilibrar por completo su capacidad de respuesta.
Guía para manejar una crisis por ruidos fuertes
Una reacción adversa a la pirotecnia puede manifestarse mediante llanto incontrolable, conductas agresivas o incluso autolesiones. Ante esto, la experta recomienda:
- Crear un refugio seguro: Trasladar al niño a la habitación más silenciosa de la casa.
- Uso de tecnología: Emplear auriculares con cancelación de ruido o música relajante. Si el niño no tolera los audífonos, se puede colocar música ambiental en la habitación para camuflar las explosiones exteriores.
- Objetos de apego: Brindar peluches o juguetes sensoriales que ayuden a reducir los niveles de cortisol y ansiedad.
- Protección olfativa: Si el olor a pólvora también resulta molesto, el uso de una mascarilla puede ser de gran ayuda.
La clave es la anticipación y la empatía
La preparación previa es fundamental para minimizar el impacto de las fiestas:
- Preparación visual: Mostrar videos de fuegos artificiales días antes y explicar qué son y por qué ocurren.
- Consulta profesional: Hablar con un terapeuta ocupacional especializado en integración sensorial para diseñar una estrategia personalizada.
- Concientización del entorno: Informar a los invitados y familiares sobre la condición del niño. No se trata de cancelar la fiesta, sino de buscar un consenso donde todos puedan disfrutar en un ambiente de respeto.
«Adaptar el entorno para que sea inclusivo no significa terminar con la diversión, sino garantizar que la celebración sea agradable para cada miembro de la familia», concluye Agelvis.
Con información de El Impulso


