Venezolanos varados en el interior están solapados por los repatriados
Los más de 60.000 connacionales que el régimen de Nicolás Maduro asegura que regresaron al país han sido «ayudados» e ingresados a espacios habilitados como refugios, para luego de hacerles la prueba de coronavirus y tras haber cumplido con la cuarentena, enviarlos a sus estados de origen. Se han hecho más de seis vuelos de repatriación desde el inicio de la pandemia, pero todo pinta a que esos venezolanos son prioridad y no aquellos que se quedaron varados en otros estados del interior.
Según Luis Alberto Salazar, presidente del Comité de Usuarios de Transporte Público, en conjunto con Venetur se creó un programa público llamado «Retorno a casa», con el que «se está beneficiando con un 90% de participación a los usuarios que quedaron aislados desde la contingencia en Caracas», y a penas a un 10% a los varados que están en las regiones.
El vocero señaló que han movilizado aproximadamente a 500 venezolanos por todo el territorio nacional, «teniendo como eje los buses de Venetur y toda la logística que permite la Zona Operativa de Defensa Integral (Zodi) en Fuerte Tiuna,» y que espera que en los próximos meses puedan ayudar a movilizar a más migrantes internos. Sin embargo, mientras eso ocurre, la pandemia sigue desgarrando el bolsillo de los venezolanos y hace cada vez más difícil que el varado pueda mantenerse en el lugar en el que lo agarró la cuarentena sin ningún tipo de ingreso.
Bonerges Valiente y su esposa, ambos venezolanos y adultos mayores, están varados en Escuque, en el estado Trujillo, desde que inició el período de confinamiento. El lugar en donde han vivido por varios años está a unos cuantos kilómetros del estado andino, pero si estuviesen más jóvenes se fueran hasta caminando, pues lo que les cobran por llevarlos hasta su hogar, en Barcelona, Anzoátegui, redobla lo que reciben de pensión.
Él, de 64 años y dueño de un cyber para garantizar la comida en su casa, tiene más de tres meses sin trabajar y «estoy en casa de un familiar, sin ingresos aquí, imagínate. A expensas de una hermana, y la situación tan fuerte que está», comentó el anzoatiguense.
En la casa de Valiente no quedó nadie, razón por la que podría correr el riesgo de que los que les gusta lo ajeno hagan de la suyas. Para evitar que eso pase, algunas de sus hijas que viven allá van cada cierto tiempo a darle una vuelta a la casa, pero «nunca es lo mismo», la preocupación es recurrente.
Con información de TalCual