Vencer las sombras
Abog. Ernesto Rafael Pérez Reyes (Faengo)
Pica y Juye
Amo la Universidad, extraño la de Carabobo, su facultad de derecho, la siento mía y con ella a todas las Altas Casas de Estudios, amo la UNEFM porque es un maravilloso instrumento del saber para el progreso y desarrollo de nuestra región, producto del amor de todos los falconianos, amo la UDEFA porque desde sus aulas he podido contribuir con mi modesto aporte a la formación de profesionales útiles a esta tierra de hombres y mujeres privilegiados por Dios.
Hace 40 años que egresé como profesional
del derecho, cada vez que voy a Valencia visito este templo del saber donde
conviví uno de los lustros más hermosos de mi vida, recorro con profundo
respeto sus pasillos, percibo el olor de las aulas, de mis compañeros de
estudio, de mis respetados profesores.
Fui dirigente estudiantil a todos los niveles, protestamos y exigíamos derechos y reivindicaciones justas y merecidas como estudiantes, pero nunca lesionamos su inmenso e incalculable valor histórico ni el nombre ni la fachada de nuestra amada casa de estudios, jamás le hicimos daño, al contrario, cada lucha era para verla mejor, para reforzarla y para elevarla en su alma espiritual y profesional, admiro hasta lo indecible el sacrificio personal y el inmenso aporte ético con su contribución a no dejar perder la universidad que hacen los profesores universitarios que siguen exponiendo sus capacidades académicas e intelectuales en las más deprimidas condiciones objetivas con salarios de 8 o 10 dólares mensuales, hoy me duele al fondo de mi ser cuando veo, leo o escucho palabras, discursos, planes y acciones altisonantes, ilógicos, irracionales de gente, muchos de ellos con títulos universitarios causando daño físico y espiritual a estructuras de edificios sedes de universidades, lesionando estos templos históricos del saber, patrimonios de la humanidad, representando un lastimoso actuar en negativo sobre la conciencia social, contradiciéndose al final ellos mismo como egresados.
No es cuestión de extremos, ni de ideologías, es cuestión de responsabilidad ante los nuestros y los demás, es la sabiduría que nos indica la conveniencia en no trazar caminos oscuros que pretenden desorientar la mente humana para regresar a senderos vencidos por la luz del conocimiento, es la racionalidad unida al amor profeso para enderezar rumbos distorsionados, es la capacidad generalizada de un país que levanta su voz para rechazar mandamientos inadecuados, es el renacer del amor y la deuda con un país que ha invertido cuantiosos recursos para formar en sus universidades ciudadanos que deben estar al servicio de los fines del estado libre, democrático, social, desarrollando su personalidad con respeto a su dignidad para la construcción de una sociedad justa, que promueva la prosperidad, el respeto a las ideas y el bienestar de la gente.
Es activar en toda la sociedad la máxima
que como lema identifica la primera universidad del país, la UCV es, en
definitiva “vencer las sombras” e imponer en el país la fuente luminosa de la
inteligencia positiva, es entender que la fuerza y la sinrazón no puede
prevalecer sobre la conciencia civilizada emanada de esas aulas sagradas para
la formación integral del ciudadano como son las universidades, en una lucha
continua entre el civilismo y la barbarie, entre la luz y las tinieblas.