Uno de cada 10 venezolanos vive en un desierto de noticias y la información local escasea
La investigación Desiertos de Noticias Locales 2026, del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela (IPYS), encontró que 104 de las 366 unidades territoriales estudiadas carecen de condiciones suficientes para el ejercicio del periodismo profesional y otras 200 tienen ecosistemas informativos frágiles. La precariedad económica, la autocensura y las presiones políticas limitan la producción de información independiente y la posibilidad de que los ciudadanos fiscalicen a sus autoridades.
En Villa de Cura, estado Aragua, más de 142.000 habitantes dependen de apenas dos medios locales para conocer lo que ocurre en su comunidad. En el país, uno de cada 10 venezolanos vive en un desierto de noticias, territorios donde el periodismo profesional tiene condiciones insuficientes para desarrollarse y la información local escasea.
El panorama es todavía más amplio cuando se incorporan las localidades con una oferta informativa frágil. Casi seis de cada 10 venezolanos habitan en semidesiertos de noticias, mientras que, en conjunto, 17,7 millones de personas —61,7% de una población estimada en 28,7 millones— viven en lugares donde acceder a información verificada, plural e independiente sobre su entorno es, en el mejor de los casos, un privilegio intermitente.
Los datos corresponden a la edición 2026 de la investigación Desiertos de Noticias Locales en Venezuela, IPYS, que durante cuatro meses examinó 548 proyectos periodísticos en las 24 entidades del país. El estudio evaluó 366 unidades territoriales, entre municipios y parroquias del Distrito Capital y La Guaira, para determinar la disponibilidad, diversidad, pluralidad y sostenibilidad de la información local.
Los resultados indican que 104 unidades territoriales están clasificadas como desiertos de noticias y otras 200 como semidesiertos. Esto significa que 83% de los territorios estudiados presenta una oferta informativa insuficiente o frágil. En contraste, 15 ciudades reúnen condiciones más favorables para el ejercicio del periodismo local, aunque apenas poco más de 20% de la población reside en ellas.
Un periodismo que sobrevive con pocos recursos
La fragilidad informativa no responde únicamente a la ausencia de medios de comunicación. También está relacionada con las condiciones económicas y las restricciones que enfrentan quienes producen noticias.
De los 548 proyectos periodísticos examinados, 66,8% depende de la publicidad como fuente de ingresos, mientras que 30,1% recibe recursos mediante contenidos patrocinados puntuales. Apenas 5,1% cuenta con financiamiento internacional y 6,2% no tiene ninguna fuente de ingreso.
La precariedad también se refleja en el tamaño de las redacciones: 46,5% de los proyectos consultados trabaja con equipos de entre uno y tres periodistas profesionales. Esta situación limita su capacidad para mantener coberturas permanentes, investigar y desplazarse hacia comunidades alejadas.
A las dificultades económicas se suman las presiones políticas y la autocensura. El estudio encontró que 53,8% de los proyectos periodísticos consultados reconoció haber dejado de publicar o cubrir determinados contenidos por precaución durante el período evaluado. La censura directa fue mencionada por 21,9%, mientras que 28,5% reportó presiones indirectas de carácter económico, político o de seguridad.
La capacidad de investigar y vigilar al poder también figura entre las principales debilidades del periodismo local. Apenas 18,4% de los proyectos encuestados declaró realizar explícitamente este tipo de cobertura, una proporción muy inferior a la dedicada a temas como deportes y cultura.
La dependencia de las fuentes oficiales constituye otra señal de alerta. Solo 45,4% de los proyectos afirmó que sus noticias siempre se basan en el contraste o equilibrio de fuentes con distintos puntos de vista. En cambio, 27,2% dijo apoyarse principalmente en fuentes oficiales o gubernamentales y 11,9% reconoció que depende casi totalmente de ellas.
La información local también es necesaria en las emergencias
La ausencia de periodismo cercano tiene consecuencias que van más allá de la posibilidad de conocer las noticias cotidianas. También afecta la capacidad de las comunidades para obtener información durante una emergencia, conocer la situación de los servicios públicos y exigir respuestas a las autoridades.
Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejaron en evidencia estas limitaciones. En La Guaira, uno de los territorios más afectados, 10 de sus 11 parroquias están clasificadas como desiertos de noticias. La investigación documentó las dificultades de los periodistas para cubrir la emergencia, marcadas por fallas eléctricas y de conectividad, restricciones de movilidad, dificultades para acceder a información oficial y limitaciones para verificar las versiones gubernamentales.
En el análisis sobre la cobertura de crisis socioambientales, IPYS encontró que, de los 496 medios que respondieron sobre este tema, 53,8% afirmó cubrir estas situaciones de manera limitada, 30,8% dijo hacerlo regularmente y 14,1% reconoció que no las cubre.
Las capacidades para responder a estas situaciones también son reducidas. Solo 12,4% de los proyectos dispone de equipos y protocolos de seguridad para sus periodistas; 13,4% cuenta con apoyo psicológico y apenas 9,1% tiene herramientas de monitoreo para seguir las crisis en tiempo real.
La investigación advierte que cuando el periodismo local desaparece o se debilita, las comunidades quedan más expuestas a los rumores, la desinformación y las versiones oficiales sin posibilidad de contraste. También pierden una herramienta fundamental para vigilar la gestión de alcaldías, gobernaciones y organismos públicos.
Una situación que supera las fronteras venezolanas
El estudio también comparó la situación venezolana con investigaciones realizadas en Argentina, Chile, México y Perú, utilizando la metodología del Foro de Periodismo Argentino (Fopea).
Aunque Venezuela registra una proporción menor de territorios clasificados como desiertos absolutos (28,4%) frente a Argentina (43%), Chile (47,5%), México (42,5%) y Perú (35,2%), presenta una concentración particularmente elevada de semidesiertos: 54,6% de su territorio.
Es la primera vez, desde que comenzaron estos estudios con la metodología de Fopea, que una sola categoría ocupa más de la mitad del territorio de un país analizado. Además, Venezuela registra apenas 4,1% de su territorio en la categoría de bosques de noticias, frente a un promedio regional de 9,9%.
La comparación también evidencia la escasez de medios y puestos de trabajo periodísticos. Venezuela contabilizó 549 proyectos y 1.982 posiciones en redacciones, cifras inferiores a los promedios de los países estudiados, de 1.304 medios y 6.711 puestos periodísticos.
Para IPYS, revertir esta situación requiere garantizar condiciones para el ejercicio independiente del periodismo, facilitar el acceso a la información pública, eliminar los bloqueos digitales y evitar el uso del sistema judicial como mecanismo de intimidación. También plantea la necesidad de fortalecer la sostenibilidad económica de los medios locales y promover la participación de anunciantes, organizaciones de cooperación, universidades y ciudadanos.
La recuperación de estos ecosistemas informativos, advierte la investigación, es fundamental para que las comunidades puedan conocer lo que ocurre en sus territorios, exigir rendición de cuentas y participar en las decisiones que afectan su vida cotidiana.
TalCual