Una Navidad atípica celebró el mundo este 2020

Unas peculiares y en ocasiones tristes fiestas de Navidad se
celebraron este jueves, con millones de personas obligadas a cancelar sus
planes o a limitar los festejos por las restricciones impuestas en numerosos
países para luchar contra la propagación de la pandemia.

El coronavirus mató a más de 1,7 millones de personas
en todo el mundo y los focos de contagios que siguen surgiendo recuerdan que,
pese a la llegada de las primeras vacunas, la vida no volverá tan rápido a la
normalidad.

El papa Francisco celebró su tradicional misa de Nochebuena
con apenas 200 invitados, rigurosamente separados y con mascarilla, en la
inmensa basílica de San Pedro. El horario se adelantó dos horas, para cumplir
el toque de queda vigente en Italia.

“El tiempo que tenemos no es para autocompadecernos, sino
para consolar las lágrimas de los que sufren”, declaró el papa argentino, según
la homilía, dirigida a más de 1.300 millones de fieles en todo el mundo.

“Hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”,
añadió el papa. “Insaciables de poseer, nos lanzamos a tantos pesebres de
vanidad, olvidando el pesebre de Belén”.

Afuera, la monumental Plaza de San Pedro, iluminada con su
gran árbol de Navidad, estaba totalmente desierta.

Tambores y gaitas en Belén 

En la Basílica de la Natividad de Belén, núcleo del mundo
cristiano en Nochebuena, un puñado de fieles y clérigos celebraron juntos la
misa del Gallo a medianoche, buscando juntos un poco de “luz” tras un año de
“tinieblas”.

En la capilla aledaña a la basílica, en general atestada de
gente en Nochebuena, las autoridades religiosas solo permitieron el acceso de
unos cuantos invitados.

“No pueden darse la mano pero pueden desearse paz”, lanzó el
patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, en el momento en el
que, habitualmente, los fieles se estrechan la mano en la iglesia.

Antes, durante el día, una pequeña multitud asistió a la
tradicional procesión de Navidad en las calles, que atrae normalmente a miles
de peregrinos, bajo un cielo gris y lluvioso, al ritmo de tambores y gaitas.

“Este año es diferente porque no venimos para rezar en la
iglesia de la Natividad, no podemos reunirnos en familia, todo el mundo tiene
miedo”, confiesa Jani Shaheen, que asiste a un desfile con su marido y sus dos
hijos, en la plaza de la Mangeoire, delante de la basílica construida donde
habría nacido Jesucristo.

Santa Claus con mascarilla 

En Estados Unidos, donde el covid-19 sigue causando estragos
con casi 3.300 muertos y 223.000 casos confirmados en 24 horas, la víspera de
Navidad también está marcada por la pandemia.

En su club en Mar-a-Lago, Florida, el presidente saliente
Donald Trump, cada vez más aislado en su cruzada para tratar de revertir la
victoria presidencial de Joe Biden, publicó sus deseos de fin de año en
Twitter, entre varios otros tuits insistiendo sin pruebas en el “fraude” de una
elección “amañada”.

En un mensaje grabado en compañía de Melania Trump, el
multimillonario estadounidense elogió el “milagro navideño” del inicio de la
campaña de vacunación que ya ha permitido administrar una primera dosis a un
millón de estadounidenses, según las autoridades.

Quizás Trump pueda presenciar otro “milagro” la madrugada
del viernes, y ver a Santa Claus, quien ha recibido un permiso formal del
Departamento de Agricultura de Florida para ingresar allí con sus renos, sin
pagar derechos de aduana, e ingresar a todos los hogares para entregar sus
regalos.

Sin embargo, Papá Noel tendrá que usar una mascarilla
durante su recorrido, especifica el departamento del que dependen los animales
y el ganado, a pesar de que el doctor Anthony Fauci dijo la semana pasada que
viajó al Polo Norte para vacunar al famoso personaje del traje rojo.

“Triste año”

Australia, que este año fue citada varias veces como ejemplo
de buena gestión sanitaria, se enfrenta actualmente a un repunte de casos en el
norte de Sídney, cuyos habitantes solo podrán invitar a sus a casas a diez
adultos, o cinco si viven en “el epicentro” del foco de contagios.

Jimmy Arslan, que posee dos cafés en los barrios más
afectados, tuvo una caída del 75% de su volumen de negocio. Y no podrá contar
con la presencia de su familia, pues esta vive en Camberra y no puede
desplazarse por Navidad.

“Deberíamos recibir a 2021 y patear en el trasero a 2020”,
bromea este hombre de 46 años.

En el noreste de Siria, controlado por los kurdos, los
habitantes ignoraron la pandemia y asistieron a una ceremonia de iluminación de
un abeto en barrio cristiano, bajo la atenta mirada de las fuerzas de
seguridad.

La mayor parte de Europa también se enfrenta a uno de los
inviernos más tristes, con un resurgimiento epidémico en varios países.

Navidad en Dover

En Reino Unido, miles de camioneros pasaron la Nochebuena
bloqueados cerca del puerto de Dover, en el sur de Inglaterra, sin saber cuándo
podrán pasar, obligados a presentar una prueba negativa de covid-19 para
ingresar al continente.

“Todo el mundo nos dice de venir aquí y esperar, ¡pero no
queremos esperar!”, lamentó un conductor polaco, Ezdrasz Szwaja, en el
exaeropuerto de Manston, donde el gobierno británico les realizará test de
detección.

Ante el repunte de la pandemia en Brasil (el segundo país
más enlutado del mundo con casi 190.000 muertos, por detrás de Estados Unidos),
el alcalde de Río de Janeiro prohibirá la noche del 31 de diciembre el acceso
al barrio de la famosa playa de Copacabana, para evitar las aglomeraciones en
la última noche del año.

Habitualmente, millones de personas se dan cita en esta
playa para admirar los fuegos artificiales de la tradicional fiesta de fin de
año, cuya cancelación se anunció en julio.

Por ahora, Sídney aún prevé recibir a 2021 con su famoso espectáculo de fuegos artificiales. La primera ministra de Nueva Gales del Sur, Gladys Berejiklian, prometió que el show de siete minutos tendrá lugar “pase lo que pase”.

Información de Runrun.es