Un poco más, por Douglas Játem Villa

Tiempo Falconiano

Ha sido prácticamente imposible llevar la cuenta de las veces en la cuales uno se ha quejado de las “invivibles” condiciones bajo las cuales se ha desenvuelto la existencia de un venezolano a lo largo de lo que va del siglo XXI.

Durante ese tiempo llegó a ser innecesario
hablar de las penurias derivadas de la inexistencia de los bienes y servicios
elementales para vivir, porque el simple pensamiento despertaba la imaginación
de la terrible realidad, agravado ello por el hecho de que ni siquiera se podía
albergar un mínimo de esperanza, dado que el gobierno, naturalmente obligado a
servir a la sociedad, es tan absolutamente incompetente e ineficiente.

Se puede agregar que también se ha perdido la
cuenta de las veces en las cuales se ha dicho que esa situación era intolerable
e insostenible, y que ya no se podía aguantar más, destacándose los
innumerables casos de violaciones de derechos humanos como se acaba de
denunciar ante la ONU, y ahora la llamada Ley contra el Bloqueo, con la cual el
gobierno pretende acorralarnos más con su autoritarismo.

Sabemos muy dolorosamente que ya para millones
de venezolanos esa insostenibilidad se tradujo en la epopeya de la emigración. También
han sido incontables las veces en las cuales esa queja ha sido hecha pública.
Aquí mismo, en más de una ocasión de indignación absoluta momentánea, he
manifestado que no me referiría a ello en alguna otra oportunidad. Pero la
realidad se debe apreciar en su totalidad, tanto esta dantesca “película de
terror”, como el otro muy significativo componente, la resistencia del
venezolano a perder su país, su razón de ser.

Se reconoce que este aguante no ha sido
permanente a lo largo de tan extendido tiempo, que se ha incurrido en errores
mayores y menores, pero la verdad al respecto es que hoy seguimos frente al
gobierno luchando por la libertad, la democracia, la dignidad, la legitimidad. Algunas
personas nos imputan un error en no haber mantenido la unión para la lucha,
pero se debe respetar y aceptar la verdad, la cual, en este punto, es que la unidad,
por muy deseable que sea, es imposible dado que existe un grupo de venezolanos
que considera que Maduro debe mantenerse como presidente hasta enero de 2025,
cuando aún pudiera optar a la reelección, lo cual es algo legítimamente
inaceptable para otro grupo, bastante mayoritario, el cual, si bien sabe que la
mejor solución es la pacífica elección presidencial, sabe que Maduro no es
presidente hoy, dado que su período venció y no se ha realizado la elección
requerida, y que lamentablemente no existe un acuerdo unitario que signifique
la realización de la elección presidencial, lo cual obliga al combate.

Pero volviendo al tema principal que nos
ocupa, la resistencia y la lucha con el gobierno, hoy estamos frente al régimen
muy especialmente en dos asuntos, la inventada elección parlamentaria el 6D y
la negada elección presidencial, y eso debe dejar muy claro que no tiene
sentido hablar de diálogo, negociación, como se le quiera llamar, y por el
contrario, que tenemos que ganar el combate en curso.

Aunque haya sido incontable el número de veces en las cuales nos hemos quejado de las “invivibles” condiciones, de las penurias derivadas de la “inexistencia de los bienes y servicios” elementales, del gobierno absolutamente “incompetente e ineficiente”, de la situación “intolerable e insostenible” que ya no se puede aguantar más, nuestro deber como ciudadanos venezolanos es luchar hasta recuperar nuestra patria, lo cual significa seguir realizando e incrementando el combate y la resistencia, incorporar a la causa a venezolanos de todos los sectores que ahora comprenden y sufren la realidad de Venezuela, seguir sumando el respaldo de la comunidad internacional y su condena al gobierno y apreciar en todo lo que significa el deterioro continuo del gobierno y su indetenible incapacidad para gobernar.

El hecho de que cada día que pasa es un día menos que falta, es no solo una verdad, sino también un impulso para perseverar y sostener nuestra posición.