Tiempo Falconiano |LA CONSULTA NACIONAL
Saludos, esperanzado la realización de la consulta nacional que anunció Guaidó, la cual ha sido cuestionada, entre otros, por María Corina Machado y Antonio Ledezma, cuyas apreciaciones acerca de cómo recuperar a Venezuela sin que el pueblo pueda decidir con su voto yo no rechazo. Acepto, deseando equivocarme, que Maduro y su combo nunca aceptarán la elección presidencial, de manera que será necesario desplazarlo de Miraflores, algo como lo que ocurrió con Chávez en abril de 2002. En mi opinión, la consulta debe pronunciarse acerca de la situación de la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2021,y, sobre todo,generar un relanzamiento de la actividad opositora reducida principalmente a las protestas populares cada vez más frecuentes, relacionadas con las invivibles condiciones de vida de los venezolanos, y por otro lado, a las diversas acciones de respaldo internacional que se registran. Pero es obvio que los venezolanos hemos sentido que falta la capacidad para recuperar el rumbo y el gobierno de nuestro país, y esto explica en gran medida porque la inmensa mayoría de los venezolanos rechaza y condena al régimen, pero no encuentra un ámbito en el cual pueda canalizar su participación. Se puede lamentar que la oposición no está unida en un solo bloque, pero el pequeño aporte que eso significa al juego del gobierno se considera no determinante. Lo de peso es que la gente no siente la existencia de la oposición. Se tiene muy presente la norma “impaciencia cero”, la cual, junto con la actitud ciudadana como la que nos ha permitido convivir, sin rendirnos, durante 2020 con un enemigo tan fuerte como la pandemia del Covid 19, demuestran que se tiene la capacidad de combate, pero que debe manifestarse abiertamente. Por eso, esta consulta, la cual no se limitará a preguntar por el 6D y por la elección presidencial, podrá servir para rectificar, para reestructurar el equipo de trabajo con la plena incorporación de la sociedad civil legítima representadora, con un plan de combate que genere una oposición interna significativamente legítima, y un mayor respaldo internacional. Pocos meses atrás me permití presentar algunas ideas acerca de esa incorporación de los diversos sectores ciudadanos, conjuntamente con el de los partidos, que entonces lucía que debía ser Guaido. Se considera que lo primero constituye la prioridad dado que los venezolanos tenemos la obligación de gestar nosotros mismos nuestros derechos. Con relación al apoyo internacional, es obvio que seguirá siendo necesario, no solo en atención a las condiciones de vida de los venezolanos, sino, de manera importante, con relación a la responsabilidad irrenunciable de la comunidad mundial de velar por el respeto de los derechos humanos, y también en respuesta a la muy directa y peligrosa intervención en Venezuela de gobiernos extranjeros, como los de Cuba, Rusia, Irán, Turquía, China y otros de menor peso. Con relación a esto, parece que el impacto sobre Venezuela del resultado electoral el 3N en Estados Unidos, no es significativamente diferente según cuál candidato resulte triunfador. Pero se debe tener presente que se ha mantenido cierta incertidumbre “no entusiasmante” con relación al desenlace armónico que corresponde a un país tan importante como Estados Unidos. Se reconoce la necesidad de incrementar la actividad que se traduzca en presión opositora, la cual se siente creciendo en respuesta al desastre que desnuda la incapacidad e ignorancia del gobierno, y que cada día se hace mayor, léase dólar indetenible, hiperinflación, inexistencia de gasolina, agua, electricidad, gas y otros, todo lo cual suma fracaso. Se debe valorar la significación de varios hechos negativos para el gobierno, como la salida de López y la calificación de mentira a la información gubernamental sobre el ataque a Amuay, respecto de lo cual la verdad la han dicho los expertos y los trabajadores petroleros a través de sus organizaciones, aunque a nivel humorístico se “especula” si el arma empleada fue un misil denominado Socialismo del Siglo XXI. Se registra además el crónico desabastecimiento de gasolina y lo del medicamento que, según el experto Nicolás Maduro, anula el covid 19(?). Esto último ha dado lugar a la ridiculización de Maduro a nivel internacional. En suma, se puede ver algo a favor de la oposición y algo contra el gobierno. Ambos van en la misma dirección, el debilitamiento del régimen, y en ese sentido a la conformación de la fuerza que le devuelva al pueblo venezolano, el gobierno y la conducción de su rumbo. Como dice Laureano Márquez a la democracia venezolana, “Talita cumi”.
Se tiene
muy claro lo difícil que es el alcance de este objetivo frente al autoritarismo
absoluto del gobierno. Pero junto con esto se deben apreciar también dos
factores, como son la fuerza de la oposición y su probable incremento, y por
otro lado, el ya en curso indetenible deterioro del gobierno que le mina
constantemente su estabilidad. Nos corresponde la responsabilidad nacional y
patriótica de ejecutar la fuerza opositora, a lo cual no nos podemos negar, y
que es algo que podemos y debemos cumplir. Aunque suene repetitivo, se trae a
colación lo siguiente: En todo
momento se debe tener muy presente que vivir con libertad obliga a
responsabilizarse de los actos que tenemos que realizar con el objeto de
ejercer nuestros derechos. Pero al mismo
tiempo se establece con la mayor imposición y formalidad, la máxima
responsabilidad y obligación que le atañe al liderazgo opositor, específicamente
a Juan Guaido, en el sentido de conducir y posibilitar al pueblo venezolano
conquistar su libertad. “En el supuesto
negado de que no se cumpliera el objetivo, sería necesario cambiar el liderazgo
y acometer la tarea con otros ciudadanos”.
Concluyendo, me extiendo un poco más. Se lee y se escucha con cierta frecuencia, una expresión según la cual quién no conoce la historia, está condenado a repetirla. Se considera que ésta no debe interpretarse literalmente porque existen los tres tiempos, el presente que se vive hoy, el pasado que se vivió, y el futuro que se debe construir. Esto es válido para el caso de un país, Venezuela; de una familia, la nuestra; e incluso para cada uno de nosotros. En ese sentido, considero que es más correcto interpretarla en el sentido de que no se trata exclusivamente de estudiarla y conocerla para evitar repetir errores, algo importante, sino también para comprenderla y aplicarla con el objeto de prever, de discernir, de contar con mayor fundamentación en el momento de contemplar lo que puede ocurrir en el futuro, y de decidir acera del destino. Si tenemos un buen conocimiento de la pandemia, podemos, no sólo preservar nuestra salud, sino colaborar para la preservación de la de todos. Si conocemos bien la historia del chavecismo salvaje en Venezuela, podemos tomar las mejores decisiones acerca del futuro, tales como impedir que ese salvajismo subsista aquí, e incluso que se repita en otra parte. También mantener el mejor comportamiento ciudadano, el cual incluye la participación política correspondiente, rechazar la búsqueda de objetivos ilegítimos, tanto por parte de personas, enchufados corruptos, como organizaciones, partidos desviados a feudos personales de poder; preservar los derechos de uno, respetando los de los demás, como los de la gente que va a al “botadero de basura” a ver como se ayuda con el gran esfuerzo que hacen las personas de buen comportamiento ciudadano que los ayudan como pueden. A estos últimos, se les aplaude y se les agradece. Pero la solución exige más, exige lo proclamado tantísimas veces, el cambio de gobierno, y eso nos plantea, se nos vuelve a repetir por enésima vez, que vivir con libertad obliga a responsabilizarse de los actos que tenemos que realizar con el objeto de ejercer nuestros derechos. Esto atañe al liderazgo opositor, específicamente a Juan Guaido, pero rodos los venezolanos, con base en sus posibilidades, deben asumir que “vivir con libertad obliga a responsabilizarse de los actos que tenemos que realizar con el objeto de ejercer nuestros derechos”.
Douglas Játem Villa