Tiempo Falconiano

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La realidad latinoamericana

Las situaciones conflictivas que se han desarrollado en Chile, Ecuador y Perú , y los resultados electorales recientes en Argentina, Colombia y Uruguay, han dado lugar a algunas manifestaciones que plantean una supuesta situación de gran transformación en América Latina, de una especie de viraje revolucionario de la derecha a la izquierda, como lo han pretendido capitalizar algunas personas. Es el caso de Maduro, quien se atrevió a atribuirle falsamente a algunas agrupaciones izquierdistas el protagonismo en estas situaciones. Sin embargo, aquí se aprecia la realidad latinoamericana de una manera distinta. En el caso de Chile se argumenta que la causa del conflicto es la muy grave desigualdad que se registra en ese país, especialmente la desigualdad económica. Esto es difícil de aceptar como causa determinante, dado que este país ha registrado un desenvolvimiento positivo a lo largo de ya unos cuantos años, bajo la gestión de gobiernos de diversa orientación política, durante los cuales se han registrado grados similares de desigualdad sin que se hayan producido situaciones similares de confrontación violenta, aparte del hecho de que este desbalance se registra también en muchos otros países, sin que en ellos haya generado este conflicto. Desde hace mucho tiempo se le reprocha a la democracia, al capitalismo, que no hayan corregido esta grave falla. Recuerdo que en el discurso de nuestra graduación como economista en 1966 se resaltó esta necesidad. Cabe destacar el buen desenvolvimiento de Chile, reconocido a nivel internacional, especialmente como integrante de la comunidad económica del Pacífico Sur. Sin embargo, aunque la desigualdad no sea una causa suficiente, y se agregue el tratamiento equivocado de la situación por parte del gobierno, es necesario diagnosticar correctamente el problema y corregirlo, así como en todos los países donde se registre. En el caso de Uruguay, el resultado de la primera vuelta electoral es indeterminado en cuanto a la preferencia política del electorado, dado que a pesar de que la fuerza gubernamental obtuvo la votación mayor, se estima que en la segunda vuelta gane una coalición opositora. En el caso de Colombia, el resultado electoral es adverso a los sectores políticos de más tradición, de izquierda y de derecha, y favorable a nuevas iniciativas, incluyendo en alguna medida a grupos hasta hace poco actuando dentro de las llamadas FARC. Se acepta que la incorporación de nuevas iniciativas puede significar un mejoramiento, en el sentido de una mayor participación de la sociedad civil. En el caso de Argentina, el resultado es adverso a la iniciativa liberal, la correcta,  y favorable al peronismo, tradicionalmente populista y responsable en buena medida del deterioro que se ha registrado en este país. Sin embargo, como en el seno del peronismo coexisten diversas corrientes, se debe esperar el comportamiento del presidente Fernández. Se debe agregar que se califica de correcta la iniciativa liberal porque ésta es la que reivindica el papel de la iniciativa del hombre. Es similar a plantear la democracia como el sistema correcto, lo que no obsta para reconocer que la mala gestión del sistema democrático, se traduce en malos resultados para los pueblos, léase Venezuela. Así mismo, la mala aplicación de la iniciativa correcta liberal, se traduce en malos resultados para los pueblos. En el caso de Bolivia, se registra un cuestionamiento muy fuerte a la validez del resultado electoral y por ende una resistencia muy fuerte a la posible victoria de Morales en Bolivia, aparte de lo impuesto a la fuerza  que fue la nueva postulación. En el caso de Ecuador, se espera que el gobierno de Lenin Moreno alcance un buen acuerdo con los sectores protestantes, especialmente los indígenas. En Perú, la situación se explica por la confrontación entre partidos políticos, algo frecuente en nuestros países. En .general, en el caso de las situaciones no electorales en Chile, Ecuador y Perú, es de esperar que el desenlace regularice la situación, incluyendo resultados beneficiosos para los dos pueblos. Si se agrega el caso de Brasil, con la increíble corrupción que desató la empresa Odebrecht y su efecto fatal sobre Lula, y la tragedia venezolana, se puede ve con claridad total nuestra realidad latinoamericana. Esta, por encima de la bulla, de la altisonante expresión de aspiraciones “ideológicas” sin asidero realista, muestra la continuidad de un estado de cosas que nos mantiene enredados en la herencia de nuestro proceso independentista, con los caudillos de turno, el cual ha frenado la creación y gestión de un estado moderno que conduzca nuestro proceso de desarrollo, dentro del cual, el ciudadano, la sociedad civil, tiene un papel determinante que cumplir. Se puede agregar la tapa del frasco, la cual consiste en el deterioro de la calidad del liderazgo político latinoamericano, y por ende del proceso de desarrollo político. Se quiere esperar que el desenlace electoral en Colombia marque este camino de reacción y participación del ciudadano.

Douglas Játem Villa

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