Hora de cumplir, por Douglas Játem Villa
Tiempo falconiano
Me parece que no existe una persona que conozca y comprenda lo que es la complejidad de la humanidad, de la vida del ser humano. Es compleja porque es sencilla y exigente al mismo tiempo. Es sencilla porque se desarrolla de manera “imperceptible”, realizando prácticamente las mismas acciones todo el tiempo, y procurando la finalidad de ella, la creación y preservación de la familia.
El hombre desde que nace tiene esta misión que cumplir, y me gusta sentir que se cumple. Es exigente porque el hombre no dispone de todo lo necesario para cumplir su misión, incluso porque hasta tiene que detener y derrotar algunas de sus iniciativas que resultan contrarias al bienestar humano. Se puede pensar que desde Aristóteles hasta hoy, pasando por Beethoven y los genios “más grandes”, no ha existido alguien que haya reunido conocimiento y voluntad para “liderar” el mundo a su mejor destino. Me parece que se debe renunciar a esa pretensión y tratar de vivir la mejor vida posible. Más de un filósofo ha recomendado algo así, y hoy Morin nos dice que vivimos bajo incertidumbre.
En nuestro caso venezolano, dentro de la realidad dantesca
que nos aprisiona, con tanta repetición de cosas dichas y planteadas sin que se
logre algún resultado beneficioso para la colectividad, se hace imperioso
procurar y conservar principios y valores que nos orienten hacia lo correcto.
Si continuamos comportándonos como lo hacemos hoy, carentes de esa guía, por
ejemplo con “delivery”, nunca lograremos realizar algo significativo aunque
dispongamos de los mejores recursos necesarios. Entre estos principios se
pueden señalar la responsabilidad, la solidaridad, la honestidad, la tolerancia
y la perseverancia.
En esta ocasión, asumiendo que tenemos fe y una
identificación acertada, no histórica, más bien futurista, de nuestra
personalidad, me permito destacar el de la capacidad para rectificar, dado que
es evidente que en nuestro país se requiere mucha rectificación. Así se puede
ver que en 1958, Betancourt, Villalba y Caldera, reconocieron y decidieron terminar
sus comportamientos individuales confrontados, en lugar de mantenerse divididos
y disminuidos, con el objeto de alcanzar la libertad de Venezuela
Pero quiero agregar que hoy día, dada tanta divergencia,
parece inevitable renunciar a alcanzar la unidad completa entre los
venezolanos, y tratar de concentrarnos todo lo que sea posible en la estrategia
de lograr la libertad con base en nuestra “RESILIENCIA” y en los artículos 333
y 350 de la Constitución Nacional, y en la actuación internacional institucional
en defensa de los derechos humanos, algo que arrincona a Maduro, tal como,
diría yo, se está atestiguando en todo el mundo. A pesar de la tradicional
debilidad de las instituciones mundiales, como la ONU, a la hora de cumplir su
responsabilidad con el mejor desenvolvimiento de la humanidad, hoy luce que
terminación del gobierno de Venezuela es un desenlace más probable que su
permanencia en el poder.
Termino repitiendo el envío de un extracto del artículo de
Monseñor Pérez Morales de esta semana: “Pero la hora no es para lamentaciones,
sino para conversiones y compromisos. Hemos de tomar en serio la política, la
inevitabilidad de nuestro ser político, para formarnos y formar en el servicio
de la polis, ya en el campo de la sociedad civil, ya también en el ámbito
de lo político-partidista”.
No nos imputo indiferencia irresponsable porque es muy difícil no reaccionar al atestiguar el sufrimiento de tantas personas, de tantos compatriotas. Pero obviamente la exigencia que nos plantea nuestra responsabilidad es mucho mayor, dado que tenemos que impedir la disolución de nuestra patria, algo que al gobierno no parece importarle porque su prioridad está en atender al colonizador de hoy.
Por Douglas Játem Villa