Semana Santa en Cumarebo, por Ernesto Faengo Pérez
La Semana Santa tal como se celebra ahora es absolutamente diferente a la que viví en aquella década de los años 1960 1970 época de mi niñez y adolescencia cuando los valores y principios de la religión católica tradicional y sus creencias regían en mayor parte la conducta de los hogares cumareberos bajo la conservadora y severa orientación del sacerdote más querido, apreciado y respetado, el inolvidable Tomas Riera Lugo a quien respetuosamente le decíamos el padre Riera.
Para entonces la llegada de la semana mayor o Semana Santa, la celebración religiosa donde se recuerda uno de los mayores sacrificios de la historia, la entrega voluntaria de un ser supremo que se hizo hombre por amor a la humanidad nos causaba un cambio de actitud y de conducta que muchas veces parecía una especie de castigo por tantas limitaciones y amenazas que nos señalaban nuestros mayores muchos días antes de la llegada de esa “extraña semana” aunque en verdad también habían cosas que nos complacían y alegraban como disfrutar de los dulces y comidas particulares que la familia preparaba para esa época religiosa.
Muchos días antes la casa comenzaba a parecer otra, las prohibiciones eran repetidas continuamente, los niños no debían gritar, ni ser malcriados, menos decir malas palabras, si lo hacíamos debíamos pagar una penitencia y rezar hasta cien padres nuestro y cien avemarías para no trabar la lengua y quedarnos sordos o mudos. No se podía salir de la casa. Prohibido comer carnes rojas, solo se podía comer el pescado y muy especial el salado, acompañado con sopa de ñame.
Era pecado bañarse, si alguien se atrevía y lo hacía en el mar, el varón se convertía en un pez horrible con escamas, las hembras se convertían en sirenas y se perdían llorando en la lejanía. Golpear algo, clavar, barrer, limpiar o pasar coleto era ofender el cuerpo de Cristo. Los jueves y viernes santos eran de ayuno de hasta 24 horas y luego comida liviana. Las abuelas se peinaban haciéndose unas clinejas el día miércoles para no peinarse hasta el domingo, ya que también se consideraba malo. Igual se debía renunciar a cualquier placer material y carnal. No se debía escuchar radio, menos televisión, la misa era en latín, las emisoras desde el jueves santo solo trasmitían música sacra
Compensaban estas prohibiciones disfrutar en familia los dulces típicos, como los buñuelos, el dulce de batata conocido como “mal de rabia”, arroz con coco, dulce de plátano, majarete, entre otros; esta costumbre estaba unida a la de compartir con los vecinos un plato con una ración de los diferentes dulces preparados, platos iban y venían.
Ahora la semana santa se celebra de otra manera Las cosas han cambiado, las tradiciones, creencias y costumbres religiosas también muchos de las últimas generaciones no tienen ni idea de cómo algunas veces la llegada de esta semana con aquellas limitaciones producía largos temores y sobresaltos que nuestra generación vivió y acató hasta cierta edad, solo dejamos para el recuerdo y conocimiento de los más jóvenes algunas de las tradiciones y costumbres que se cumplían rigurosamente en Puerto Cumarebo y toda Venezuela en este periodo de la semana mayor.
Dr. Ernesto Faengo Pérez