Reflexiones del Pastor: NO MATARÁS

Acabamos
de celebrar con mucha alegría la victoria de Cristo sobre el pecado y la
muerte. Por eso podemos decir con mucha propiedad que nuestro Dios es el Dios
de la Vida. Él que es la Vida plena y sin límites y nos ha creado para la vida
y ha puesto en nuestra conciencia el deseo de la inmortalidad. Es normal que no
queramos morir y, por el contrario, busquemos desesperadamente salvar la vida.
Estamos hechos para la vida y no para la muerte y cundo nos vemos amenazados
por la muerte, en forma de enfermedad o de dolor, sentimos que se han quebrado
los cimientos más profundos de nuestro ser. La vida es el regalo que con más
denuedo trata el hombre de proteger y defender.

Pero,
lamentablemente ese don tan sagrado que el Señor nos regalado, por el pecado se
ha convertido en muerte: homicidios, abortos, violencia, guerras, agresión,
malos tratos, dolor, etc.

Y
esta realidad se debe a que el ser humano no es considerado en su dignidad que
nos expresa el libro del Génesis: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya,
a imagen de Dios lo creó.” (Gn.1, 27) El hombre es considerado como un objeto
inferior, en algunas oportunidades, a los animales o a las cosas. Pongo un
ejemplo concreto. En España en un ayuntamiento se promulgaros dos leyes casi al
mismo tiempo: en una se aprueba el aborto y en la otra se prohíbe la pesca de
las ballenas bebé. Es decir, no importa que se asesine a un niño por nacer,
pero, sí importa que las ballenas bebé se les pesque y, por lo tanto, mueran.
Con esto no quiero decir que estoy de acuerdo de que se maten las ballenas
bebé. Al contrario, es parte de una sana ecología defender a aquellas especies
animales en peligro de extinción. Pero, el ser humano también es digno y con
mayor razón se le debe respetar la vida desde el momento de su concepción.

También
esto sucede porque en otras oportunidades el ser humano se convierte en un
estorbo. Y así encontramos grandes y costosos programas antinatalistas con
inmensas campañas pro abortivas. Confesión pública de que el ser humano se ha
convertido en un estorbo para la familia y para la sociedad. Detrás de toda
esta actitud y de estos programas están grandes intereses económicos que
presionan a los gobiernos para que legislen en este sentido. Es verdad que hay
que educar hacia una paternidad responsable, pero, dentro de los límites que
nos pone este mandamiento de “no matar”. El ser humano se convierte en un
estorbo para los intereses económicos de un grupo reducido de personas.

Y
esto se disfraza de diferentes maneras. Una de ellas es que se dice que
mientras menos estómagos vacíos haya más bienestar social habrá. Esto es el
sofisma que se emplea para justificar esta actitud. En realidad, es el egoísmo
de quienes no quieren compartir lo que les sobra, la inercia de sistemas
económicos que prefieren la no natalidad a implicarse en cambios profundos y
radicales. Tengamos en cuenta que el problema del hambre en el mundo no tiene
su causa primera en la superpoblación, sino en la injusta distribución de la
riqueza y el irracional empleo de los recursos naturales y humanos.

El
aborto es el más grade de los actos de egoísmo del ser humano pues acaba con la
vida de un ser indefenso que se le mira como un estorbo. Estadísticamente se ha
encontrado que en algunos años en ciertos países ha habido más abortos que
nacimientos. El derecho natural y fundamental a la vida cede el paso a la
comodidad y a la irresponsabilidad.

Y
este problema se amplía cuando también se ve al ser humano como un estorbo al
llegar a la llamada tercera edad. Los mayores también estorban. No importan
todas las cosas buenas que vivieron y su contribución a la sociedad. Estorban
porque económicamente representan un gasto. Para eso hay otra solución: la
eutanasia. También de ellos hay que deshacernos.

Ya
esta actitud ha llegado a nuestro país. En la Asamblea Nacional ya se discuten
las leyes que implementen el aborto y la eutanasia.

¿Los cristianos nos quedaremos callados y pasivos ante este peligro que se cierne sobre nuestro pueblo? Les recuerdo a los diputados que se llaman cristianos que existe un mandamiento muy preciso y claro: “NO MATARÁS”

Mariano José Parra SandovalArzobispo de Coro