Reflexiones del Pastor: ¿HAY MOTIVOS PARA CELEBRAR ESTAS NAVIDADES?

Hace
unas semanas atrás una persona amiga me hizo la pregunta con la cual he
titulado este artículo. Y sé que muchas personas se la han hecho por las
circunstancias en las cuales estamos viviendo.

Si
los motivos que tenemos para celebrar las Navidades es tener una oportunidad
para cambiar nuestro ajuar, comprando ropa nueva, o un tiempo para divertirse
en fiestas donde se derrocha dinero en comidas y bebidas. Si las Navidades son
simplemente un tiempo para vacacionar ya sea dentro del país o en el exterior.
Si es simplemente una ocasión para disfrutar de gaitas y parrandas. No hay
motivo alguno para celebrar. Pues, las circunstancias son totalmente adversas; no
nos permiten alcanzar cualquiera de estas cosas que nos motivan. Si así
pensamos, no nos queda más remedio que sentarnos a llorar, lamentarnos y añorar
tiempos pasados.

Pero,
por el contrario, si esta fecha navideña la vivimos bajo la luz de la fe que
decimos profesar, son múltiples los motivos que nos llevan a alegrarnos y a
vivir con felicidad la gran celebración del Misterio de la Encarnación del Hijo
de Dios, que, naciendo pobremente en un pesebre, quiso compartir nuestra
condición humana en su totalidad, menos en el pecado. Un Dios Todopoderoso que
se hace pequeño, pobre y humilde; que, por el gran amor que nos tiene, no
escatimó nada para lograr la reconciliación de la humanidad con Él.

Lamentablemente,
esta sociedad quiere que nos olvidemos de la verdadera razón de esta
celebración. Si vemos a nuestro alrededor, nos encontramos que ese Dios hecho
Niño, la gran mayoría de las veces ni aparece en nuestras vidas. Más importante
es un personaje creado por una publicidad comercial o un anciano inventado por
la “nueva era” que son la antítesis del Niño nacido en Belén. “Papa Noel” y el
“Espíritu de la Navidad” son impuestos para que suplanten al Dios encarnado, a
Enmanuel, como lo anuncia el Profeta Isaías que significa, “Dios con nosotros”.

Nosotros
sí tenemos motivos suficientes para alegrarnos pues ese Dios con nosotros nunca
se aleja de la humanidad. Somos nosotros quienes nos alejamos de Él. A pesar de
nuestros pecados e infidelidades el amor de ese Niño Jesús nos protege.

Me
preguntarán: ¿y por qué tantas desgracias nos envuelven: situación económica,
política y social, agravadas por esta terrible pandemia?

 Recordemos que el que ama no impone su
pensamiento ni sus sentimientos a quien ama. Dios es Amor perfecto y eterno. Él
nos indica el camino, pero, no nos lo impone pues, nos ama y nos respeta en
nuestra libertad. Somos nosotros los que hemos optado por el pecado que solo
produce desgracias y males. Somos nosotros que le hemos dado cabida al pecado y
que hemos aceptado a cuanto ídolo nos propone esta sociedad.

Por
eso nosotros, si somos fieles discípulos de Jesús, tenemos muchos motivos para
vivir con alegría este tiempo: Dios está con nosotros; Él es nuestra salvación;
se hizo hombre como nosotros para convertirnos en sus hijos. Él nos conduce por
los verdaderos caminos de la felicidad y nos invita a que anunciemos su amor a
todos los pueblos. Él es nuestra esperanza en medio de tanto mal. Solo Él nos
puede salvar.

El
Papa Francisco nos dice: “Jesús es la sonrisa de Dios” y “en el pesebre,
nosotros también revivimos esta experiencia mirando al Niño Jesús y sintiendo
que allí Dios nos sonríe y sonríe a todos los pobres de la tierra, a todos
aquellos que esperan la salvación, que esperan un mundo más fraterno, donde no
hay más guerras y violencias, donde todo hombre y mujer pueda vivir en su
dignidad de hijo e hija de Dios.” (Francisco, 21 – 12 – 2019) 

Le pido al Señor Jesús que nos conceda unas Navidades llenas de muchas bendiciones y de su inmenso Amor y que el año que viene nos ayude con su Gracia a ser mejores hijos de Dios y discípulos de ese Niño que nació en un pesebre y nos sonríe.

Mariano José Parra SandovalArzobispo de Coro