REFLEXIONES DEL PASTOR. Fratelli tutti: “Mirada general a la llamada del Papa Francisco” (IV)

Continuando con nuestra
reflexión de la Encíclica “Fratelli Tutti”, hoy vamos a fijarnos en el capítulo
III, que el Santo Padre lo titula: “Pensar y Gestar un mundo abierto”,

En este capítulo el Papa
Francisco nos habla de un Dios que es amor universal, y
en tanto ser parte de ese amor y compartirlo, estamos llamados a la fraternidad
universal, que es apertura. No hay “otros” ni “ellos”, sólo hay “nosotros”. Un
ser humano solo puede desarrollarse y encontrar su plenitud en la entrega
sincera de sí a los demás. No podrá reconocer su propia verdad si no es en el
encuentro con los otros. Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros
concretos a quien amar (FT87). El Papa resalta la importancia que tiene
para la realización de cada uno de nosotros, el vivir en comunión. El egoísmo,
el individualismo destruyen. Y a esta idea la denomina: “un secreto de la
verdadera existencia”.

Vivimos en una sociedad que, por el contrario, nos enseña desde muy
pequeños que lo importante en la vida es uno mismo y que los demás tienen que
arreglárselas por elles mismo. Y si el otro nos estorba, no hay problema en
eliminarlo. De allí surgen la violencia, la delincuencia, las injusticias, etc.
La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; será más fuerte que
la muerte cuando se construya sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad
(FT 87).

Pero, esto no es solo idea, sino que hay que concretizar esa comunión tan
necesaria para nuestro propio desarrollo. La hospitalidad es un modo concreto
de apertura y de encuentro (FT90). La altura espiritual de una vida
humana está marcada por el amor, el criterio para la decisión definitiva sobre
la valoración de una vida humana. El mayor peligro es no amar (FT92). Esta
última idea del Papa es muy cierta. No hay mayor peligro que el no amar y para
nosotros los católicos, que somos sus discípulos, es lo que mejor nos
identifica. Mientras más amemos más cerca estamos de Dios y mientras más
egoístas somos, más nos alejamos del Creador.

El amor es algo más que acciones benéficas; estas brotan de una unión que
inclina más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello. Solo
esta forma de relacionarnos hace posible la amistad social que no excluye a nadie
y la fraternidad abierta a todos (FT94).

La apertura universal no es geográfica sino existencial: es la capacidad
cotidiana de ampliar mi círculo, de llegar a las periferias, a aquello que no
siento parte de mi mundo de intereses, aunque estén cerca de mí. Cada hermano
sufriente, abandonado e ignorado por mi sociedad es un forastero existencial
(FT97). Hay hermanos tratados como “exiliados ocultos”, personas con
discapacidad que existen sin pertenecer y sin participar; hay muchos a los que
se les impide tener “ciudadanía plena” (FT98). Y todo esto se vive en
todo el mundo.

El futuro no es monocromático: nuestra familia humana necesita aprender a
vivir juntos en

armonía y paz, sin necesidad de tener que ser todos igualitos (FT100).
Quienes se organizan impidiendo toda presencia extraña que perturbe su identidad
y organización grupal excluyen la posibilidad de volverse prójimo. (FT 102).

Para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal, es
necesario, reconocer cuánto vale un ser humano, siempre y en toda circunstancia
(FT106); todo ser humano es valioso y tiene el derecho a vivir con
dignidad y a desarrollarse integralmente. Ese derecho básico no puede ser
negado por ningún país (FT107). Esta es una afirmación que San Juan
Pablo II ya nos lo explica muy claramente en la Exhortación “Novo Millenium
Ineunte”. Nos dice que el ser humano y especialmente el católico si quiere
vivir en comunión con Dios debe vivir una espiritualidad de comunión que es “también
capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y
valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el
hermano que lo ha recibido directamente.” (NMI. 43)

Para lograr esto, el Papa Francisco nos llama a promover el bien, para
nosotros y para toda la humanidad: caminar hacia un crecimiento genuino e
integral (FT113). Es un llamado a la solidaridad, a pensar y actuar en
términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de
los bienes por parte de algunos. Solidaridad es luchar contra las causas estructurales
de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la
negación de derechos sociales y laborales (FT116).