REFLEXIONES DEL PASTOR | Fratelli tutti : “Mirada general a la llamada del Papa Francisco” (III)

Continuamos con nuestra reflexión sobre la Encíclica Fratelli Tutti del
Papa Francisco.

Después de realizar un rápido panorama de la situación crítica que vive la
humanidad, el Santo Padre en el capítulo II nos invita a reflexionar a partir
de un texto del Evangelio muy conocido por nosotros: la parábola del Buen Samaritano.
Ya el mismo título del capítulo nos indica lo que el Papa Francisco nos quiere
plantear: “Un extraño en el camino”.

El Papa
nos presenta la parábola del buen samaritano como luz ante las sombras (FT 56).
Nos dice que, en este mundo cerrado, cargado de muchas sombras, es común que
encontremos un extraño en el camino, herido y puesto fuera por la realidad que
nos circunda.  Ante esta realidad hay dos
actitudes que podemos tener: seguir de largo o detenerse. Incluirlo o excluirlo
definirá el tipo de persona o proyecto político, social y religioso que somos.

¿Dónde
está tu hermano? (Gn 4,9). Esta pregunta que le hace Dios a Caín cuestiona todo
tipo de determinismo o fatalismo que pretenda justificar la indiferencia. No
podemos responder como Caín: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Nos
habilita para crear una cultura en la que cuidemos unos de otros (FT 57),
porque todos tenemos un mismo Creador, y en ello se sostienen nuestros
derechos.

Esta cita del
libro del Génesis nos motiva y nos llama a ampliar el corazón para no excluir a
nadie, especialmente al extranjero. Esta es una llamada al amor fraterno, que luego,
se extiende en el Nuevo Testamento (FT 61). “«Traten en todo a los demás
como ustedes quieran ser tratados, porque en esto consisten la Ley y los
Profetas» (Mt 7,12). Este llamado es universal, tiende a abarcar a
todos, sólo por su condición humana, porque el Altísimo, el Padre celestial
«hace salir el sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45). Como
consecuencia se reclama: «Sean misericordiosos, así como el Padre de ustedes es
misericordioso» (Lc 6,36).” (FT 60) En el Nuevo Testamento resuena
con fuerza el llamado al amor fraterno: «Quien ama a su hermano permanece en
la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está y camina en las
tinieblas
» (1 Jn 2,10-11). «Quien no ama a su hermano,
a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve
»(1 Jn 4,20).

Cuando uno
ama el amor no le importa si el hermano herido es de aquí o de allá, el amor
rompe cadenas y tiende puentes, permite construir una gran familia en donde
todos podamos sentirnos en casa, sabe de compasión y dignidad (FT 62).

En la
parábola está el “abandonado”, el herido tirado en el camino; varios no se
detienen ante él. Solo uno se detuvo, le regaló cercanía, lo curó con sus
propias manos, puso dinero en su bolsillo y se ocupó de él, le ofreció su
tiempo (FT 63). La sociedad enferma y muchos de nosotros tenemos la tentación
de desatendernos de los demás, de mirar para el costado, pasar de lado e
ignorar. Esta es una triste realidad que vivimos cuotidianamente. Y muchas
veces, nosotros mismos tenemos esta anticristiana actitud.

El Papa
Francisco nos llama a la vocación de ciudadanos del propio país y del mundo
entero (FT 66). Y a construir un nuevo vínculo social porque la existencia de
cada uno está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino
tiempo de encuentro (FT 66). Estamos llamados a reconstruir este mundo, a
rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la
fragilidad de los demás, que no permiten la exclusión, se hacen prójimo,
levantan y rehabilitan al caído para que el bien sea común (FT 67). La historia
del buen samaritano se repite; son visibles la desidia social y política, las
disputas internas e internacionales y los saqueos que dejan heridos al lado del
camino. Y esta realidad es crítica en nuestro propio país. La sociedad, los
políticos, los gobernantes y muchos de nosotros pasamos de lado y no nos
queremos involucrar en la atención del hermano abandonado. Primero están
nuestros intereses personales, familiares, grupales, partidistas, ideológicos y
aún religiosos.

Hoy
podemos recomenzar: el Papa Francisco nos llama a ser parte activa en la
rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas (FT 77); hay que
alimentar lo bueno y ponernos al servicio del bien (FT 77). Solo es posible
comenzar desde abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local (FT 78).